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domingo, 29 de abril de 2018

GERARD DE NERVAL

Gerard de Nerval




Continuando con la serie de “Escritores suicidas”, por el nexo trágico y común que tienen quienes decidieron poner, un aciago día, el punto y final a sus vidas por un sinnúmero de razones que no tienen todas que coincidir en cada suicida, aunque siempre es común algunas en esa fatídica decisión motivada, a veces,  por el desencanto, la soledad,  olas adicciones; o bien, los problemas personales, la frustración en sus carreras literarias y esas otras razones íntimas y secretas que no se puede, muchas veces, adivinar porque toda vida tiene siempre sus luces y sombras, y se puede ver las primeras y solo intentar llegar a vislumbrar las segundas.  Estas últimas son, precisamente, las que determinan, en muchos casos, el destino de cada ser humano, aunque en el caso de los suicidas, sea siempre una salida trágica de una vida que puede ser dramática en la intimidad, aunque permanece oculta a las miradas de quienes, después, se preguntan atónitos ¿por qué?

En esta ocasión, nos referimos al escritor francés Gerard de Nerval, poeta que fue ignorado en su época y que la posteridad lo ha consagrado como el principal poeta romántico en su lengua y un precursor relevante de la poesía contemporánea

Gérard de Nerval                
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Gérard Labrunie, verdadero nombre de Gerard de Nerval, nació en París, en 1808. Hijo de un médico, quedó huérfano de madre muy tempranamente, con tan solo dos años de edad, motivo por el que fue a vivir con su tío al pequeño pueblo de Mortefontaine, en los bosques de Valois, cuya estancia en tan idílico lugar le inspiró sus obras Sylvie (1853) y Canciones y leyendas de Valois.  

Regresó a París para vivir con su padre cuando contaba seis años, pero sin dejar de visitar Valois en las vacaciones. Cuando tenía catorce años marchó a París, ciudad en la que vivió de manera bohemia.

Comenzó a estudiar Medicina, pero abandonó dichos estudios. Siempre se sintió atraído por la literatura, por lo que en 1827 comenzó a traducir la obra Fausto de Goethe de forma muy personal y creativa, cuya labor le produjo una fuerte impresión y, desde entonces, su traducción la prefirió al texto original en alemán.

Por la traducción de Fausto, llego a conocer a los escritores como Goethe, junto con Hoffmann y Heine -con este último inició una gran amistad y del que tradujo poemas-, que le influyeron decisivamente. Conoció a Victor Hugo, asistió al estreno de Hernani, obra teatral de Víctor Hugo, estrenada en el Théâtre Français de París, el 25 de febrero de 1830. En dicha obra, su autor narraba la tragedia del bandido aragonés Hernani y su amante Doña Sol. En su estreno se inició la “batalla” que se produjo entre los románticos y los clasicistas. Gerard de Nerval fue uno de los organizadores de la célebre batalla. Dos años después, participó en los motines de 1832 y, por ese motivo de  escándalo público, ingresó en prisión en dos ocasiones.
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Realizó distintas actividades como aprendiz de imprenta, ayudante de notario y otros. Incluso, llegó a escribir varias obras dramáticas en colaboración con Alejandro Dumas, además de iniciar una gran amistad con Théophile Gautier, autor con el  que se reunía en el “club de los hachisianos” (club de los adictos al hachís)  y,  también,  se relacionaba con  Víctor Hugo.

Al haber recibido una herencia de 30.000 francos de oro, de su abuela materna, en 1834. El dinero recibido le permitió viajar a Italia y, cuando volvió a París , en 1835, se instaló en casa del pintor Camille Rogier, que reunía en sus salones el grupo de escritores románticos. Fundó Monde dramatique (Mundo dramático), revista costosa y de calidad en la que gastó todo su capital y lo dejó en la ruina, oir ki qye la vendió en 1836. En esa época se le veía por los lugares públicos vestido como un dandy y, como estaba muy interesado por el mundo del ocultismo, convirtió su casa en un centro de reunión de personajes relacionados con dichas actividades esotéricas.

Se trasladó a Bélgica con Theophile Gautier durante tres meses. Al finalizar el año, comenzó sus actividades periodísticas y firmó, por vez primera, como «Gérard de Nerval» en Le Figaro, nombre que le inspiró una pequeña propiedad de su familia.

Escribió la ópera cómica Piquillo, en 1837, motivo por el que conoció a la actriz y cantante Jenny Colon, de la que se enamoró apasionadamente y de quien se convirtió en un rendido admirador. Ella le inspiró  el personaje que aparece en Sylvie, las primeras de las novelas (nouvelles) que reunió en Las hijas del fuego.Volvió a verla en 1840, dos años antes de la muerte de ella, lo que le causó una gran conmoción.

En el verano de 1838 había viajado por Europa y había llegado a Alemania, que era su destino más soñado, junto a Dumas con quién firmó un contrato, y por Teófilo Gautier que había sido compañero suyo desde la época del liceo. En noviembre de ese año conoció a la pianista Marie Pleyel, en Viena que era discípula de Liszt

Los inicios de sus problemas mentales se pusieron de manifiesto e 1841, cuando le detuvieron desnudo, persiguiendo una estrella que, según decía, le guiaba hacia Oriente, lo que motivó que estuviera internado en la clínica del doctor Blanche, primero de los internamientos que se fueron sucediendo desde entonces, cuando comenzaron las alucinaciones que le acompañaron hasta su muerte.

Al salir de la clínica, su editor le adelantó dinero y con él pudo emprender el viaje a Oriente que era su mayor deseo. Estuvo un año y regresó para escribir Escenas de la vida Oriental (1851), que constituye una obra maestra del periodismo poético.

Posteriormente, tradujo a Heine, a quien había conocido personalmente, y  continuo sus viajes por  varios países de Europa: Bélgica, Holanda, Inglaterra y Alemania. En esa época ya había perdido su casa y no tenía domicilio fijo y carecía de objetos personales y de dinero. Realizó su último viaje a Alemania, país que le fascinaba, y publicó Las quimeras (1854), una serie de sonetos herméticos con los que consiguió ser considerado el precursor de Mallarmé y del simbolismo, cuya obra se convirtió en uno de los libros favoritos de los surrealistas más de cincuenta años después.

Los últimos años de su vida fueron los más prolíficos literariamente; aunque sufrió nuevos episodios psicóticos y fue internado por ese motivo.  Su colección de novelas cortas fue publicada en 1854, con el título de Las hijas del fuego, que incluía el relato Sylvie, anteriormente citado, de estilo clásico y temática genuinamente romántica. Publicó Aurelia o el sueño y la vida, en 1855, que mezclaba sueño y realidad y está considerada como una de las obras precursoras de la literatura moderna.

Si embargo, la muerte esperaba a Gerard de Nerval en el invierno de 1855. Un frío amanecer, un borracho encontró el cadáver de Nerval cubierto de nieve en el callejón de La Vielle-Lanterna (La vieja farola) ahorcado con su propio cinturón. Encontraron en sus bolsillos las últimas páginas de Aurelia, considerada su obra maestra, y que se publicaría póstumamente en ese mismo año, junto con las excelentes crónicas de La bohemia galante.

Ninguno de sus amigos aceptaba la teoría del suicidio, a pesar de las evidencias que así lo demostraban, pues afirmaban que Narval tenía proyectado un viaje a Grecia y que nadie se ahorcaría con el sombrero puesto. Sin embargo, el fallecido había dejado a su tía con la que vivía, una nota en la que le decía, en una evidente premonición de que la muerte le esperaba en una cita que sabía ineludible: “No me esperes esta tarde, porque la noche será negra y blanca”.

Tan negra como veía su propio futuro acosado por sus demonios interiores, y blanca por la fría nieve y la luz que, intuía, lo esperaba detrás del túnel, en el último tránsito a la otra orilla de la que ya no hay retorno, ni sufrimiento, ni dolor.


domingo, 31 de julio de 2016

Ernest Hemingway, un escritor que vivió intensamente

Ana Alejandre                                                                             
Ernest Hemingway
Siguiendo con el ciclo de los escritores suicidas, Ernest Miller Hemingway (Oak Park 21 de julio de 1899 - Ketchum, Idaho, 2 de julio de 1961), ocupa un puesto principal.  Su obra es un referente obligado dentro de la literatura norteamericana del siglo XX, por su gran influencia en escritores de generaciones siguientes, debida a su estilo inigualable en el que  la sobriedad y concisión tienen un papel relevante; así como por el retrato que hace de la época en la que vivió  y que abarca más de la mitad del pasado siglo. La mayor parte de la obra de Hemingway fue escrita durante las tres décadas que van desde 1920 a 1950.       
Su primer trabajo fue de periodista en el Kansas City Star, al finalizar los estudios secundarios.  Después, en 1918, se alistó voluntario como conductor de ambulancias, durante la I Guerra Mundial, en la que fue gravemente herido, por lo que regresó a su hogar tres meses más tarde, y cuyas experiencias bélicas le sirvieron de inspiración para su novela Adios a las armas, obra que no fue publicada hasta 1929, A partir de entonces, siguió con su trabajo periodístico y fue en 1921, cuando contrajo matrimonio con Hadley Richardson, con quien marchó a París para trabajar allí como corresponsal extranjero.
En París recibió una gran influencia de los artistas de las distintas vanguardias modernistas que formaban parte de la extensa comunidad de exiliados de diferentes países, a cuyo conjunto se le conoce como la Generación Perdida de la década de los 20. Fue entonces cuando conoció a Pablo Ruíz Picasso, James Joyce, Gertrude Stein y Enrad Pound, entre otros muchos nombres famosos. Su primera novela “Fiesta”la publicó en 1926, que cuenta la historia de un grupo de norteamericanos y británicos, miembros de la llamada "generación perdida", que van y vienen sin rumbo fijo por España y Francia. La crítica considera a esta novela como una de las más logradas estilísticamente de este autor.
Después del fracaso de su primer matrimonio que finalizó en divorcio, en 1927,volvió a  contraer segundas nupcias con Pauline Pfeiffer, después del regreso de Hemingway de España, donde había sido corresponsal de guerra durante la Guerra Civil Española desde marzo de 1937, matrimonio que también terminó en una nueva separación, Su corresponsalía era del North American Newspaper Alliance (NANA), y llegó a España acompañado del cineasta holandés Joris Ivens que estaba rodando la película Tierra de España y le había ofrecido a Hemingway que se hiciera cargo del guión, por el abandono de John Dos Passos, después de que los republicanos hubieran detenido y ejecutado a su amigo Rafael Robles, profesor y traductor español, que había traducido a Dos Passos y con el que mantenía una estrecha amistad desde que se conocieron en Madrid, en 1916. Este luctuoso hecho le hizo cambiar su opinión a Dos Passos sobre la facción republicana. A partir de entonces, hubo un gran distanciamiento entre ambos escritores por acusar Hemingway a Dos Passos de haber abandonado España por cobardía.
En 1929 publicó “Adiós a las armas”, una historia sentimental y con trasfondo bélico, situada espacialmente en Italia durante la guerra, inspirada en sus experiencias durante la I Guerra Mundial como camillero.
Durante su estancia en España estuvo acompañado por  la periodista Martha Gellhorn a la que había conocido en la Navidad de 1936, en Cayo Hueso. El conflicto bélico español le inspiró su novela “Por quién doblan las campanas”, novela publicada en 1940 y que obtuvo un gran éxito de ventas y fue llevada al cine. Después de ello, contrajo su tercer matrimonio, esta vez con Martha, tras un doloroso divorcio de su segunda esposa, Pauline, aunque esta nueva unión también estaba abocada al fracaso. Se separaron años más tarde, cuando conoció a Mary Welsh en Londres, durante la Segunda Guerra Mundial. Hemingway asistió como corresponsal al desembarco de Normandía y a la liberación de París.
Además de sus obras ya mencionadas, publico otros títulos que fueron: “Tres relatos y diez poemas2 (1923), “En nuestro tiempo” (1924) y “Hombres sin mujeres” (1927), que comprende el emblemático relato "Los asesinos". En este cuento se advierte el peculiar estilo de Hemingway que tanto influyó en varias generaciones de escritores. Su técnica narrativa se basa en la utilización de diálogos coros que van creando una atmósfera de suspense implícito, pues los hechos narrados no muestran toda la inquietante realidad que subyace oculta debajo de la mera apariencia. El autor definía esta técnica narrativa con el símil del témpano de hielo que sólo deja visible una pequeña parte de su volumen mientras la mayor permanece oculta bajos las aguas.        
Además del cuento mencionado, escribió otros que también consiguieron una gran aceptación por la crítica y el público como son los títulos: "Un lugar limpio y bien iluminado", "La breve vida feliz de Francis Macomber", "Las nieves del Kilimanjaro", "Colinas como elefantes blancos", "Un gato bajo la lluvia" y muchos más. En los relatos mejores de Hemingway se advierte la presencia de un elemento simbólico muy sutil sobre el que está construida la historia ,a modo de metáfora, que el autor va desarrollando en la realidad narrativa.
En su obra se advierte siempre, como telón de fondo, el enfrentamiento de un héroe moderno con la muerte, aunque sometido a un código de honor, por lo que sus protagonistas siempre son hombres  con una vida dura y peligrosa, como son los boxeadores, soldados, toreros, matones, cazadores y, en general, hombres de acción. Por lo tanto, existe en su obra una evidente nota de romanticismo del siglo XX, en el que se conjugan la acción, el amor, el sentido del honor y del deber, el escepticismo y la nostalgia de aquello que quedó atrás, irremediablemente, como puede ser el tiempo pasado y los seres o lugares ya perdidos
Los temas principales en este escritor son la muerte y el amor y, por ende, las mujeres a las que cataloga sólo en dos grupos: las castradoras y las esclavas del amor. Se le acusó durante muchos años de ser un escritor “machista” por su visión de la relación hombre-mujer, con patrones o roles muy definidos y a los que se podría llamar “tópicos”. También se acuso a Hemingway  de homófobo, misógino y racista.
 Los personajes de sus obras, héroes modernos como ya se ha dicho anteriormente, no son seres que aman el riesgo y la muerte per se, sino que el tipo de vida que llevan es una forma solitaria, pura y genuina, de reconocimiento del valor de la vida y, en algunas ocasiones, la muerte es siempre un sacrificio para salvar otras vidas, hecho que redime la propia muerte. Sin embargo, otros personajes de Hemingway ofrecen el contrapunto de este tipo de héroe moderno, encarnados en el antihéroe, del que sirve de ejemplo su famoso personaje Nick Adams, inspirado en la juventud del propio autor. Este aparece en algunos de sus relatos y sirve de nexo de unión entre esas historias diferentes, pero a las que les confiere un hilo narrativo común que las convierte en diferentes episodios de una misma línea argumental.
 Hemingway, en su obra, refleja la influencia del cuento norteamericano del siglo XIX, pero depura esa raíces literarias, dotándolas de una atmósfera de realismo cotidiano, pero también poético, que tuvo una gran influencia en otros escritores que siguieron, más tarde, el camino trazado por Hemingway, como es el caso de R. Carver, entre otros muchos.
 Además de los relatos, Hemingway fue también autor de muchas novelas que son más conocidas que aquellos, aunque se les considera menos conseguidas desde el punto de vista estilístico. Además de las ya mencionadas, escribió “En tener y no tener” (1937), obra en la que critica ferozmente las injusticias sociales y económicas y que fue la única que escribió en la década de los 30.0
 Publicó “El viejo y el mar”,  en 1952, una de las historias más hermosas y conocidas que se han escrito sobre el mar y la lucha del hombre contra este elemento. Su protagonista es un modesto pescador de la Habana, ciudad en la que vivió y escribió muchos años el propio Hemingway, pero también conoció en ella la lucha contra la Naturaleza exuberante del Caribe, pues era aficionado a la pesca y a la caza que practicaba con asiduidad. Tenía un barco con el que le gustaba salir a  navegar y pescar, al que llamaba Pilar.
 El protagonista, Santiago, aunque todo el mundo le llama El viejo, es un pescador de edad avanzada que no ha conseguido pescar nada en 84 días. Un día muy temprano decide salir a pescar al mar en soledad, donde consigue pescar a un enorme pez espada, con el que sostiene, durante tres días, una esforzada y dura batalla para conseguir pescarlo. Durante ese tiempo, Santiago recuerda su vida, especialmente en los años en los que conseguía, sin mayores dificultades, una gran pesca. Recuerda, también, a Manolín, un joven que le ayudaba a pescar hasta que sus padres le prohibieron que saliera a pescar con  El viejo por la larga racha de mala suerte en la que no conseguía pescar nada. Sin embargo, el chico siempre estaba dispuesto a ayudarlo, pues El viejo erá su maestro y quien le enseñó los secretos de la pesca.
 Santiago, cuando ha conseguido pescar al pez espada, lo ata al lado de su barca y lo intenta llevar hasta el puerto, pensando en lo mucho que podrá valer y en la gran cantidad de personas a las que puede alimentar. Pero, la mala suerte se ha cebado de nuevo en él y unos tiburones, atraídos por la sangre de la presa, siguen al bote y terminan devorando un cuarto de pez espada, aunque El viejo puedo matar a uno de ellos. Los tiburones vuelven al ataque y siguen devorando al pez espada y Santiago consigue matar a otros cinco. Cuando llega la noche ya han comido casi toda la carne del pez espada, del que sólo queda la espina dorsal, la cola y la cabeza. Cuando llega a puerto, deja en la orilla su bote con el resto del pescado, mientras se va a su cabaña a descansar por encontrarse agotado, herido y hambriento. Los pescadores y turistas, al día siguiente, quedan asombrados por la enorme dimensión del pez espada del que sólo quedan las espinas. Manolín, al verlo, siente pena por haberlo dejado pescar solo y le promete acompañarle en el futuro, sin  hacer caso de lo que digan sus padres.
 Por esta novela obtuvo, en 1953, el Premio Pulitzer  y el Premio Nobel de Literatura de dicho año por el conjunto de su obra. Algunos estudiosos consideran a esta novela la culminación de la obra de Hemingway, pues en ella se aúnan el humanismo (en cuanto  a la lucha denodada del protagonista para combatir y ganar a  su mala suerte sin escatimar esfuerzo alguno, sobreponiéndose a todos los infortunios) y la sobriedad estilística. Sin embargo, otros críticos piensan que esta no es la mejor obra de este autor, porque en ella se advierte una cierta intencionalidad didáctica.          
Sin embargo, el final de Hemingway fue paralelo al de muchos de sus protagonistas, como otro héroe moderno más.  Al final de su vida llena de aventuras, cuando se sintió cansado, enfermo y profundamente deprimido, se suicidó como lo hicieron algunos de sus personajes: disparándose con una escopeta de caza, herramienta útil para él, tan aficionado a la caza y al contacto con la Naturaleza.
 En la familia de Hemingway ya había antecedentes. Su padre se suicidó y sus dos hermanos, Leicester y Ursula, también lo hicieron después de morir el escritor; así como, treinta y cinco  años más tarde, lo hizo su nieta, Margaux. Parece ser que todos padecían la enfermedad genética llamada hemocromatosis, que es una incapacidad para metabolizar el hierro, lo que provoca un grave deterioro físico y mental. Además, Hemingway había sido un gran bebedor durante toda su vida, lo que le había acarreado un gran número de problemas médicos.
 Su muerte por suicidio, su vida aventurera y su obra de estilo inigualable, lo convirtieron en un  mito de la literatura norteamericana contemporánea, con resonancia en todo el mundo.
Hemingway había declarado muchas veces que su experiencia periodística le había influido en su obra, tanto estilística como estéticamente. Por ello, siempre escribió frases directas, cortas, contundentes y duras, omitiendo todo aquello que no fuera necesario y no significativo.
 Su estilo no sólo influyó en los novelistas de generaciones siguientes, sino también en los reporteros y corresponsales posteriores que tomaron como referente su forma de hacer periodismo.
                                                               

lunes, 31 de agosto de 2015

Escritores suicidas: Virginia Woolf

Virginia Woolf, escritora y crítica literaria 
Virginia Woolf


Ana Alejandre


Siguiendo con la serie dedicada a los escritores suicidas, en esta ocasión vamos a tratar de una escritora, Virginia Woolf, considerada una de las renovadoras de la novela moderna junto a figuras como son James Joyce, Franz Kafka o Thomas Mann.

Virginia Woolf (1882-1941), novelista y crítica británica, se hizo famosa por su depurada técnica del monólogo interior de los personajes en el que intentaba plasmar los pensamientos e ideas que provienen del subconsciente, y por su exquisito estilo poético que fueron sus principales aportaciones a la novela moderna.

Su verdadero nombre era Adeline Virginia Stephen, hija de sir Leslie Stephen, distinguido crítico, biógrafo, filósofo e historiador, Por ese motivo Virginia se educó en un ambiente culto y refinado, frecuentado por literatos, artistas e intelectuales. 

A raíz de morir su padre, en 1905, se trasladó a vivir con su hermana Vanessa –quien se casaría más tarde con el crítico Olive Bell- y sus dos hermanos, en el barrio londinense de Bloombury, lugar que se convertiría en lugar frecuentado por librepensadores, y antiguos compañeros de estudios de sus hermanos, entre los que se contaban intelectuales de renombre como eran, el economista J. M. Keynes y los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, y el escritor E. M. Forster, entre otros, además del propio Olive Bell, quien sería su cuñado, y el economista Leonard Woolf con quien contraería matrimonio Virginia, en 1912, y adoptaría a partir de entonces su apellido. Grupo sería conocido después como el grupo de Bloomsbury. Los miembros del mismo tenían como nexo común en el plano intelectual la búsqueda del conocimiento y del placer estético, a la que consideraban como el fin más elevado al que pueda aspirar el ser humano, además de hacer gala todos ellos de un patente anticonformismo político estético y moral.

En 1917 fundó junto a su marido la editorial Hogart.Press, editorial que publicaría la que editó la obra de la propia Virginia y la de otros famosos escritores, como T. S. Eliot, Katherine Mansfield, o S. Freud. Sus primeras novelas fueron Fin de viaje (1915) , Noche y día (1919) y El cuarto de Jacob (1922), en las que se hace patente la decisión de la autora de romper con las normas narrativas de la novelística inglesa anterior, sobre todo en lo relacionado con la hasta entonces obligada sujeción al argumento de los personajes y actos, y la correspondiente descripción de ambientes y personajes de la trama que era obligada, técnica narrativa que se encontraba así encorsetada en dicha estructura rígida y fijada por los cánones literarios anteriores. Estos primeros intentos de novedosa técnica narrativa no recibieron apenas atención por parte de la crítica.

Fue a partir de la publicación de sus novelas siguientes La señora Dalloway (1925) y Al faro (1927), esta última novela considerada clave del modernismo y de consagración de su autora en la nueva novela del siglo XX, además de estar considerada como su obra más autobiográfica, cuando consiguió el reconocimiento de la crítica que alabó la originalidad de su obra y sus recursos narrativos en los que la vida interior de los personajes es determinante para conseguir los efectos psicológicos gracias al uso de imágenes, metáforas y símbolos más cercanos a la poesía que a la narrativa. Todo la narración de cada una de sus obras se haya impregnada de la exposición de las emociones, ideas y sentimientos de los personajes que expresan, a través de un continuo monólogo interior que les concede tanto a los seres que habitan en esas obras como a las circunstancias normales y cotidianas, un matiz singular que los convierte a unos y otras en seres y sucesos extraordinarios.

Ese interés proustiano por el tiempo y su devenir que tanto la influencia, se aprecia en la obra La señora Dalloway que transcurre en un lapso de tiempo de doce horas que se manifiesta en los continuos cambios que se van produciendo en el interior de los personajes y en su percepción que tienen ellos mismos, de quienes los rodean, y de su propios y personales mundos multifacéticos.

Las siguientes obras ofrecen un estilo más afianzado y personal como son Las olas (1931) que es la que ofrece un estilo más sutil y depurado y presenta los continuos cambios en la vida interior de seis personajes, al igual que los flujos y reflujos del oleaje se producen esas oleadas preconscientes en la conciencia de aquellos, que van expresando en un lenguaje que nada tiene que ver con el tradicional y lógico de obras más convencionales, y de ahí su título; y Orlando (1928) que está inspirada en la vida de su amiga Vita Sckville-West, también escritora, en la que la historia está aureolada de fantasía y su protagonista vive cinco siglos de la historia inglesa, pero, a su vez, es un agudo análisis del sexo, la identidad y la creatividad. 

En su obra se advierte la desaparición del argumento, la acción y la correspondiente intriga en el desarrollo de la trama, por lo que sus narraciones se basan y justifican en el deseo de mostrar la vida anímica, psicológica y mental de los personajes, en un continuo cambio que provoca la inquieta vida interior y la siempre inaprehensible conciencia.

Se advierte en su narrativa una fuerte influencia del filósofo francés Henri Bergson, así como del escritor francés Marcel Proust, como se dice anteriormente, que la inclinó hacia profundizar en la idea del tiempo y sus múltiples vericuetos, así como de su propio marido, Leonard Woolf.

Virginia Woolf no sólo escribió obras de narrativa, sino también biografías: una desenfadada narración de la vida de los Browning, cuyo narrador es su perro (Flush); y, otra, sobre el crítico Robert Fry (Fry). Además, escribió ensayos y en estos mostraba su preocupación por la condición femenina y el necesario apoyo social para construir y afianzar la identidad de la mujer, además de defender la aportación de la mujer escritora en su obra Una habitación propia (1929). 

Otros elementos valiosísimos para poder llegar a conocer a esta escritora son su correspondencia y diarios que fueron publicados después de su trágica muerte y que sirven de objeto de estudios tanto para los estudiosos de su obra como para los lectores que deseen conocer mejor la subyugante personalidad de esta escritora.

Además de su obra de narrativa, ensayística y biográfica, fue una respetada crítica literaria. También fue una constante defensora de la condición femenina y las relaciones de la mujer con el arte y la literatura, tema que fue motivo de reflexión en algunos de sus ensayos, entre los que destaca, por la importancia que tuvo después para los movimientos feministas, Una habitación propia (1932) antes citado. También su obra de narrativa estuvo inspirada en el tema de la identidad femenina como es el caso de la enigmática obra Orlando (1928), en la que la condición masculina y femenina se confunden en la figura del noble protagonista que posee el extraño poder de transformarse en mujer a su voluntad y volver a su condición masculina según su deseo.

Algunas de sus obras han sido llevadas al cine y su propia vida también protagonizada por Elizabeth Taylor y Richard Burton, en la que se ofrece la tormentosa relación del matrimonio Woolf, aunque no parece reflejar la realidad vivida por Virginia y su marido, sobre todo después de leer su correspondencia y la carta que dejó explicando su deseo de morir.

El 29 de marzo de 1941, en plena crisis de la enfermedad mental que padecía desde hacía años, quizás manifestada a raíz de la prematura muerte de su madre cuando Virginia sólo tenía trece años, y por la que había sido ingresada en varias ocasiones a lo largo de su vida, salió de su casa de campo y desapareció hasta que fue encontrado su cadáver , días después, en el río Ouse en el que había muerto ahogada en un deseo de acabar con su vida, tal como dejo escrito en unas cartas dirigidas a su marido y a su hermana, explicando los motivos. No era la primera vez que lo había intentado, pues días antes había regresado a su casa con la ropa mojada y con la excusa de que había caído en el río accidentalmente. Ese día, quizás, no tuvo valor para llevar a cabo su letal propósito que consumó días después.

El motivo de su suicidio está explicado en su carta de despedida a su marido con el que no tuvo hijos por decisión de la pareja ante los problemas mentales de la escritora, quien fue diagnosticada de trastorno bipolar. Su carta es expresiva y clarificadora al respecto, pero es mejor que la escritora lo explique:

"Querido:
Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.

V."

Su trastorno mental que se manifestó desde la muerte de su padre, el incesto del que fue víctima por parte de uno de sus hermanastros, su propia condición de mujer en una época en la que ésta estaba irremediablemente relegado a su función de ama de casa y madre de familia sin ninguna proyección social ni intelectual, a pesar del triunfo y del éxito del que Virginia Woolf disfrutó pese a no haber podido asistir a la Universidad, porque esa oportunidad se la dieron a sus hermanos varones, pero ni ella ni su hermana recibieron estudios universitarios; además de una latente homosexualidad nunca confesada por la escritora, pero la que parece ser la explicación de su amistad íntima y sensual con la escritora Vita Sckville-West que, aunque nunca fue demostrada, hay indicios de que tuvo un carácter mucho más sentimental y sexual del que la mera amistad entre mujeres puede hacer pensar, como así reconoció un hijo de Vita que afirmaba que su madre y Virginia Woolf fueron amantes. 

Todos estos elementos fueron determinantes para que una mujer que gozaba del triunfo, del reconocimiento de la crítica y del público y de una desahogada posición social y económica, llegara hasta el punto en el que no podía seguir viviendo, porque se consideraba un lastre para su marido a quien, a pesar del amor que le confesaba, llegó a agredir físicamente en algunas de sus crisis nerviosas. Todo esto la llevó hasta la muerte voluntariamente, porque en ella podría encontrar la paz y el descanso que le eran negados en una vida en la que, a pesar del oropel que la rodeaba, se sentía sólo una mujer en un mundo de hombres como una figura delicada y frágil, inmersa en una sociedad cuyos valores estéticos y morales le parecían obsoletos y hechos sólo para el disfrute de los varones, a costa de la renuncia a la realización intelectual y personal de toda mujer que, a pesar del reconocimiento del extraordinario talento que Virginia Woolf tenía, y por eso mismo, era consciente de que tenía unos raros privilegios que disfrutaba y que le eran negados a la inmensa mayoría silenciosa de las mujeres, a las que quería dar voz en la lucha por su propia identidad femenina que la convirtió en una adalid del movimiento feminista y a formar parte del parnaso de los escritores más importantes del siglo XX.



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Véase.:

"Virginia Woolf: la vida por escrito", Irene Chikiar Bauer, Taurus, 2015 (La mejor biografía de esta autora, escrita en español y la más completa. De Imprescindible lectura).

“Virginia Woolf, una biografía corta” , Nigel Nicolson (Ed. Mondadori).

“Virginia Woolf, una biografía”, Quentin Bell (Ed. Lumen).
















domingo, 24 de agosto de 2014

Sylvia Plath

         Si en la actualización anterior hablaba de Anne Sexton, poetisa norteamericana, en
Sylvia Plath, poetisa norteamericana
esta ocasión se trata de de Sylvia Plath, amiga íntima de ésta última, colega suya y que también cultivó la llamada poesía del confesionismo,  además de ser otra escritora suicida que se suma a la larga lista de aquellos escritores que decidieron un día poner fin a sus vidas, por uno u otro motivo.



            Sylvia Plath, una vida desafortunada.


            Nacida en el barrio de Jamaica Plain, de  Boston,  EE.UU., el 27 de octubre de 1932. Hija de un profesor de universidad, considerado un experto en el área de la entomología que falleció en 1940, cuando Sylvia contaba sólo ocho años, muerte que la traumatizó.
            Desde muy pequeña, Silvia demostró sus capacidades poéticas, escribiendo a los 8 años su primer poema. Al fallecimiento de su padre siguió con su actividad poética, publicando poemas y cuentos en varias revistas estadounidenses lo que le proporcionó una cierta popularidad.
            Su inestabilidad nerviosa la llevó a cometer su primer intento de suicidio cuando era estudiante en la Universidad Smith College (Massachusetts). De su afección psicológica fue tratada en el Hospital McLean. Tras el tratamiento recibido tuvo una evidente mejoría y pudo graduarse con honores académicos en 1955.
            Marchó a la Universidad de Cambridge, después de obtener una beca Fulbright, y allí continuó con su actividad de creación poética, publicando ocasionalmente sus trabajos en la publicación universitaria Varsity. En dicha Universidad conoció al que sería después su marido, el poeta inglés Ted Hughes, con el que contrajo matrimonio el 16 de junio de 1956.
            El matrimonio se instaló en Massachusetts (Estados Unidos) en 1957, y residieron allí durante más de dos años, en los que Sylvia Plath daba clases en el Smith College. Más tarde se instalaron en Boston, ciudad en la que Silvia participó en los seminarios impartidos por Robert Lowell, en los que conoció a Anne Sexton y que tuvieron una fuerte influencia en su obra.
            El matrimonio volvió al Reino Unido al saber que Silvia estaba embarazada, residiendo primero en Londres y, más tarde, se instalaron en Nort Tawton, una pequeña localidad en Devon. Fue allí donde publicó su primer poemario titulado El coloso, en 1960. El embarazo no llegó a su fin, pues abortó en febrero de 1961, tema al que se refieren algunos de sus poemas posteriores. El matrimonio entró en crisis y se separó provisionalmente durante menos de dos años después de tener su primer hijo, por la infidelidad de Hughes con la poetisa Assia Wevill, aunque también la influencia de Olwyn Hughes, hermana de Hughes, parece que fue decisiva.
            A raíz de su separación, Silvia volvió a Londres con sus dos hijos, instalándose en un piso en el que había vivido el famoso poeta W.B. Yeats, cuestión ésta que la fascinaba y que le parecía un excelente augurio en pleno proceso de divorcio.
            La separación matrimonial y sus secuelas la desestabilizaron aún más, por lo que el invierno de 1962 fue especialmente duro para su frágil situación anímica. El 11 de febrero de 1963, sola, desesperada y con escasos recursos económicos, se suicidó asfixiándose en el horno de la cocina, encendiendo el gas, aunque se preocupó de que a sus pequeños hijos no les sucediera nada, tapando todas las rendijas para que no les llegara el gas letal mientras dormían. Sus restos fueron enterrados en el cementerio de Heptonstall, West Yorshire.
            A pesar de que su inestabilidad mental y nerviosa parecía provenir de la muerte de su padre de la que nunca se recuperó, sin embargo todo apunta a que padecía realmente un problema mental tan grave como es el trastorno bipolar que en la actualidad se trata con éxito con la farmacopea.
            La tragedia parecía no haber terminado con su muerte, porque su hijo, Nicholas Hughes Plath, fue siempre introvertido y solitario, maníaco depresivo  que nunca se casó ni tuvo hijos, por lo que buscó una vida retirada como profesor en la Universidad de Alaska Fairbanks, siguiendo la trágica senda suicida de su madre, puso fin a su vida, el 16 de marzo de 2009, en Alaska, poniendo así en evidencia la triste fatalidad biológica heredada.
            Sylvia Plath y Anne Sexton, son dos mujeres reconocidas como las principales exponentes de la poesía confesional, movimiento literario que iniciaron Robert Lowell y W.D. Snodgrass.
            La obra de Sylvia fue editada a su muerte por su ex marido, Ted Hughes, que se encargó de supervisar y editar sus manuscritos, aunque destruyó el último volumen del diario de Plath que hablaba del tiempo que pasaron juntos, lo que le mereció muchas críticas, especialmente desde el sector feminista.
            En la última recopilación que realizó Hughes de los poemas de Plath, con el título de Cartas de cumpleaños, éste rompe su silencio sobre su ex mujer y habla con absoluta franqueza, aunque lo hace sin un ápice de disculpa por sus opiniones. Hay que destacar las continuas controversias que ha suscitado la posible influencia de Hughes en la obra de su esposa, por el que mantuvo siempre una gran admiración como poeta, incluso después del divorcio.
            En toda la obra de Plath, tanto en El Coloso (1960), como en Ariel (1965) su mejor poemario que parece decantarse aún más hacia el confesionismo, se percibe un estilo personalísimo y muy cuidado, además de su poesía posterior muestra su obsesión por la muerte y un acusado ensimismamiento. En su novela, La campana de cristal (1963), publicada con el pseudónimo de Victoria Lewis, y protagonizada por la joven Esther Greenwood,  alter ego de Sylvia Plath, a través del monólogo interior realiza una sincera descripción de  la depresión y el declive psicológico, y que por ser una obra semi-autobiográfica, indica que  dichos trastornos psicológicos parecen provenir de la temprana muerte de su padre que nunca superó y también fue alimentada por los múltiples desengaños y su sempiterna mala relación con  los hombres. Aunque dicha obra es una novela, tiene un ritmo poético y una carga de doloroso cinismo que no deja indiferente.
            En 1982, se le otorgó el Premio Pulitzer póstumo por  sus Poemas completos.
            La escritora  Sylvia Plath tuvo un reconocimiento que la mujer no consiguió nunca en su vida personal. Como su amiga Anne Sexton, con la que hablaba continuamente del suicidio como una posibilidad que tentaba a ambas, y que siempre estuvieron marcadas por la temprana muerte de sus progenitores que las dejó al borde del colapso nervioso, trauma que nunca superaron ninguna de las dos y que arrastraron en sus continuas depresiones y crisis nerviosas, acrecentadas por su fracaso como esposas y madres, en sus vidas de mujeres que querían ser reconocidas en los planos profesionales y personales, consiguiendo sólo en el primero el éxito que en el segundo se les negaba, en una sociedad tan sumamente clasista y conservadora como era en la que vivían y que terminó por asfixiarlas con sus convenciones, prejuicios, tabúes y, especialmente, con la incomprensión de los hombres que fueron sus compañeros y maridos que terminaron por abandonarlas después de haberlas humillados con sus infidelidades.
            Cuando ambas eligieron el gas como arma letal -Anne Sexton encendiendo el motor del coche dentro del garaje cerrado, y Sylvia Plath metiendo la cabeza en el horno de la cocina-, ya estaban muertas anteriormente, de soledad, desamor y abandono. El gas sólo fue el anestésico para tanto dolor e impotencia que puso fin a unas vidas en las que todo parecía invitarlas a morir, entre los aplausos de sus lectores y la indiferencia de quienes, los más íntimos, no supieron comprender el enorme caudal de creatividad, imaginación y belleza que ambas tenían y que terminó por asfixiarlas al ver el contraste que sus pobres vidas personales les ofrecían.