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lunes, 15 de julio de 2019

YOKIO MISHIMA



Yukio Mishima, escritor japonés



(Hiraoka Kimitake; Tokio, 1925 - 1970). Escritor japonés, quizás el que ha tenido más reconocimiento en el extranjero, con una prolífica obra de narrativa, dramaturgia, artículos y ensayos. Entre su obra se cuentan más de veinte novelas, docenas de obras teatrales, una gran cantidad de cuentos y poemas, numerosos artículos y varias obras ensayísticas. Su estilo se caracteriza por hacer un profundo análisis de la naturaleza humana, especialmente de aquellas zonas más oscuras, donde habitan las sombras en el corazón del ser humano, en el que anidan las pasiones y las obsesiones, pero siempre escrito con un lenguaje comedido y delicado en su expresión.

Aunque era hijo de una familia de clase media, Mishima afirmaba pertenecer, por sus antepasados, a la clase de los samurais. Fue criado por su abuela y realizó sus estudios en Gakushuim, la escuela que estaba reservada a la nobleza, según la tradición.

Su vocación literaria se le despertó tempranamente, pues escribió su primer cuento a los trece años y, a los dieciséis, su primer libro de relatos, que fue cuando ingresó en la Facultad de Derecho, cuyos estudios inició en 1942 y, además de licenciarse, obtuvo el doctorado en1947. Después de finalizar sus estudios, obtuvo una plaza como funcionario en el ministerio de finanzas japonés, pero abandonó poco después dicho puesto para dedicarse plenamente a la literatura,

 Además de sus estudios, durante la Ii Guerra Mundial trabajó en una fábrica aeronáutica, después de que le rechazaron como piloto suicida (“kamikaze”). Para él fue traumático la pérdida de tantos compatriotas en la guerra y su propia supervivencia en contraposición, cuyo doloroso recuerdo le acompañó toda su vida.

Escribió relatos cortos que le valieron el apoyo y la admiración del que sería el futuro Premio Nobel, Yasunari Kawabata, relatos que fueron publicados, gracias a la mediación de este último, en la publicación “Ningen”.

Su primera novela, a la que se considera como una de sus mejores obras y que tiene evidentes referencias autobiográficas, fue “Confesiones de una máscara” (1949). Este título  tuvo un  gran éxito desde el primer momento y le consagró como novelista. A pesar del éxito obtenido por esta obra, tuvo también algunos juicios no tan favorables por parte de algunos críticos, por el tema tan infrecuente y poco ortodoxo de la novela, pues el protagonista confiesa su homosexualidad. que suponía algo completamente novedoso en el panorama de la literatura japonesa. “Confesiones de una máscara” es la narración del camino interior del protagonista, desde la primera infancia hasta la adolescencia, a través de los recuerdos y del proceso de aceptación, lento pero asumido, de su propia diferencia en cuanto a su tendencia sexual, así como de su incapacidad absoluta de amar a una mujer, lo que intento infructuosamente hasta llevarlo al límite.

Su obra se caracteriza por su capacidad para analizar, en todos los registros, el proceso de formación de la propia personalidad y el sufrimiento que proporciona la lucha interna entre el deseo y el rechazo, la belleza y la violencia,

Después de viajar por Europa y el continente americano, Mishima, aún siendo bisexual, contrajo matrimonio con Yoko Sugiyama, hija de un famoso pintor japonés, en el año 1958, Tuvieron dos hijos. Su esposa pidió el divorcio en 1962.

Mishima era un apasionado defensor de las costumbres de su país y asiduo practicante de las artes marciales, llegando a ser un experto en kendo. También, fue adepto al culto al cuerpo, lo que le llevó a practicar el bodybuilding.

Mishima estuvo muy influenciado por el Nihon romanha,  (romanticismo japonés), que ensalzaba la unidad del Japón y sus tradiciones y valores culturales. Esto servía de apoyo a la ideología nacionalista y fue la influencia dominante en la literatura durante los años de la II Guerra Mundial. No sólo recibió esa influencia, sino también la de la literatura occidental moderna, a la que dedicó muchas horas de lectura y análisis. Durante los años de la contienda, escribió su primera narración extensa como fue “El bosque en flor” (1941), “El cigarrillo” (1946), “Ladrones” (1946-48) y otras que escribió en dicho período bélico y en los años siguientes, Todas ellas estaban marcadas porque su temática era completamente ajena a la realidad que vivía el Japón y a su trágica derrota.

Siempre buscó en la literatura clásica japonesa una fuente de inspiración inagotable, por lo que escribió, en clave actual, la recreación de algunos dramas, pero, como ya se ha dicho antes, se sintió muy interesado por los valores estéticos del clasicismo occidental

 “El pabellón de oro” (1956) fue su obra de mayor éxito en la década de los cincuenta. Su protagonista es un joven monje que se siente subyugado por la belleza de un famoso templo budista y, al mismo tiempo, agobiado por la propia belleza magnificente.

Fue a partir de los años sesenta, cuando Mishima es contemplado en su doble faceta de personalidad: el hombre de acción que se apoya en el convencimiento de que a la verdad se puede llegar solo a través de la  idea intuitiva de que pensamiento y acción no son dos aspectos distintos, sino complementarios. Para él, el más claro ejemplo de esa verdad eran los samurais, que aunaban en su vida la acción y la síntesis de los valores más genuinos y auténticos de la cultura y tradición japonesas. Esto le llevó a escribir “El camino del samurai” Y “En defensa de la cultura” (1968). Mishima se convierte así en el adalid de la necesidad de volver a los valores de la cultura nipona prebélica y militarista.

Sufrió una gran decepción, en 1968, al ver la actitud sociocultural de sus compatriotas. Eso le llevó a formar una milicia llamada Tate No Kai o “Sociedad del Escudo”, que era una comunidad al estilo de vida de los samurais, con la que pretendía recobrar las raíces niponas más genuinas y tradicionales, como una ofrenda de respeto a su propio país.

Al ver la pasividad e indiferencia de otros intelectuales ante la pérdida de los valores del Japón que eran su seña de identidad, se sintió muy afectado y calificó a dicha actitud de fría indiferencia, como “el mayor enemigo dentro de la nación”, llamándoles desarraigados, antipatriotas, cobardes y presuntuosos, entre otros descalificativos.

Todo ello unido a la obsesión que sentía por la decadencia física y su idea esteticista y masoquista del heroísmo, le llevo a practicar artes marciales y halterofilia, a partir de 1955, además de recibir  adiestramiento militar en la base de Sietai, junto a un grupo de estudiantes universitarios. También, comenzó a llevar una vida caótica y turbulenta, en la que predominaban sus posturas extremas, además de su convencida actitud misógina.

A pesar de su decepción, no dejó es escribir en ningún momento. Después de la posguerra, publicó una gran cantidad de novelas entre las que se encuentran, además de los ya citados, los títulos “El color prohibido “(1951), “La muerte de la mitad del verano” (1953), “La voz de la onda” (1954), “El sabor de la gloria” (1963) y “Sed de amor (1964). Su novela “Después del banquete” (1960) fue una de sus obras de más éxito. Posteriormente, escribió Patriotismo (1961) y “Muerte en la tarde y otros cuentos” (1971), recopilación de sus relatos más cortos que expresan su nostalgia por una época en la que aún se podía morir en de defensa de nobles ideales. En esos años escribió las obras de teatro “Madame de Sade” (1965) y “Mi amigo Hitler” (1968)

Sin embargo, su obra maestra es la tetralogía que componen los títulos “Nieve de primavera” (1966), “Caballos desbocados” (1968) “El templo de la aurora” (1970) y “La corrupción de un ángel” (1970), esta última la finalizó el mismo día de su suicidio. Todas estas obras representan la reencarnación de un mismo ser humano. La primera en un joven aristócrata, la segunda en un político fanático de la década de los treinta; la tercera, como una princesa thai y, por último, en un malvado huérfano de la década de los sesenta. El conjunto de esta obra representa una crítica a la sociedad japonesa por su abulia en no seguir las tradiciones ancestrales del país, lo que la convierte en una historia épíca del Japón moderno y de espaldas a su tradición.

Una de sus preocupaciones más importantes fue la creciente e imparable occidentalización del Japón, fenómeno al que asistía desde el más evidente pesimismo y con una actitud crítica y amarga.

Este cambio cultural era para él un camino estéril a ninguna parte en un futuro próximo para su país que era dueño y depositario de una rica y milenaria tradición cultural- Por ello, sus protagonistas son siempre jóvenes rebeldes, que buscan una pureza utópica basada en los nobles ideales inspirados en la tradición nipona. Utuliza en su escritura los rituales de a vida y la muerte, de transmigración y purificación del alma que tanta importancia tenía en la rica tradición japonesa. Todo en su obra está impregnado del profundo amor y respeto a las tradiciones por parte de este escritor. Por ello, se sublevaba ante una sociedad sumida voluntariamente en el vacío espiritual y la más absoluta decadencia moral.

Fue en 1968 cuando fundó la llamada Sociedad del Escudo, a la que se ha hecho mención antes, que era una organización de carácter paramilitar de jóvenes que estaban defraudados por la debilidad e ineficacia de las instituciones imperiales y la extrema condescendencia del ejército nipón, lo que era el mayor acicate para el resurgimiento del Bushido, el código de honor samurai, según la tradición. Esto le llevó a que dos años después, ocupo con dicho grupo, pero sin el uso de fuerza ni armas, la sede del Estado Mayor del Japón, en un intento fallido de lograr el resurgimiento de los ideales tradicionales heroicos de preguerra.

Ante el fracaso de su pacífico acto de rebelión ante un estado de cosas que juzgaba inaceptables y lesivas para su país, se suicidó mediante el rito del seppuku, mientras lanzaba el grito de “¡Larga vida al emperador!”. Era el 25 de noviembre de 1970. Solo contaba 45 años de edad y dejaba tras de sí una fructífera obra literaria de la que habló Yasunari Kuwabata, Premio Nobel de Literatura de 1968, el primer japonés que lo obtuvo. Del talento narrativo de Mishima dijo: : "No comprendo cómo me han dado el premio Nobel a mí existiendo Mishima. Un genio literario como el suyo lo produce la humanidad sólo cada dos o tres siglos. Tiene un don casi milagroso para las palabras".

El hombre que amaba las tradiciones y la cultura de su país, el sentido del deber y del honor, el coraje y la valentía para morir en defensa de ideales nobles, no pudo seguir viviendo en una sociedad adocenada en la que las tradiciones ancestrales han sido olvidadas, los valores morales que sustentaban a la sociedad japonesa, en la que los ideales son una vago recuerdo del pasado, puso fin a su vida como una llamada de atención y defensa de los ideales que defendía y por lo que decidió morir, con la mayor prueba de coherencia y lealtad a los mismos.

Esto parece ser la explicación al enigma del porqué de su suicidio, pero también quedan muchas preguntas sobre si, en tal terrible decisión, contaba algún otro motivo no dicho que quedaba para siempre en el secreto de su protagonista que se lo llevó a la muerte. Su bisexualidad, aunque aceptada por él mismo, no le debió hacer la vida muy fácil en el Japón que él conoció, país en el que ese tema aún era tabú. Sólo él sabía la verdad de la verdadera razón que lo llevó a la muerte.

La editorial Austral publicó la correspondencia de Yasunari Kuwabata, Premio Nobel con Yukio Mishima que lleva el título de “Correspondencia (1945-1970)”.
Su biografía fue escrita por Shintaro Ishihara, la que en español se titula “El eclipse de Yukio Mishima”.

Yukio Mishima, el escritor que tenía el don de la palabra escrita y el talento narrativo excepcional que ha producido su extensa y rica obra, una de las más atrayentes de la literatura nipona  del siglo XX.






domingo, 31 de julio de 2016

Ernest Hemingway, un escritor que vivió intensamente

Ana Alejandre                                                                             
Ernest Hemingway
Siguiendo con el ciclo de los escritores suicidas, Ernest Miller Hemingway (Oak Park 21 de julio de 1899 - Ketchum, Idaho, 2 de julio de 1961), ocupa un puesto principal.  Su obra es un referente obligado dentro de la literatura norteamericana del siglo XX, por su gran influencia en escritores de generaciones siguientes, debida a su estilo inigualable en el que  la sobriedad y concisión tienen un papel relevante; así como por el retrato que hace de la época en la que vivió  y que abarca más de la mitad del pasado siglo. La mayor parte de la obra de Hemingway fue escrita durante las tres décadas que van desde 1920 a 1950.       
Su primer trabajo fue de periodista en el Kansas City Star, al finalizar los estudios secundarios.  Después, en 1918, se alistó voluntario como conductor de ambulancias, durante la I Guerra Mundial, en la que fue gravemente herido, por lo que regresó a su hogar tres meses más tarde, y cuyas experiencias bélicas le sirvieron de inspiración para su novela Adios a las armas, obra que no fue publicada hasta 1929, A partir de entonces, siguió con su trabajo periodístico y fue en 1921, cuando contrajo matrimonio con Hadley Richardson, con quien marchó a París para trabajar allí como corresponsal extranjero.
En París recibió una gran influencia de los artistas de las distintas vanguardias modernistas que formaban parte de la extensa comunidad de exiliados de diferentes países, a cuyo conjunto se le conoce como la Generación Perdida de la década de los 20. Fue entonces cuando conoció a Pablo Ruíz Picasso, James Joyce, Gertrude Stein y Enrad Pound, entre otros muchos nombres famosos. Su primera novela “Fiesta”la publicó en 1926, que cuenta la historia de un grupo de norteamericanos y británicos, miembros de la llamada "generación perdida", que van y vienen sin rumbo fijo por España y Francia. La crítica considera a esta novela como una de las más logradas estilísticamente de este autor.
Después del fracaso de su primer matrimonio que finalizó en divorcio, en 1927,volvió a  contraer segundas nupcias con Pauline Pfeiffer, después del regreso de Hemingway de España, donde había sido corresponsal de guerra durante la Guerra Civil Española desde marzo de 1937, matrimonio que también terminó en una nueva separación, Su corresponsalía era del North American Newspaper Alliance (NANA), y llegó a España acompañado del cineasta holandés Joris Ivens que estaba rodando la película Tierra de España y le había ofrecido a Hemingway que se hiciera cargo del guión, por el abandono de John Dos Passos, después de que los republicanos hubieran detenido y ejecutado a su amigo Rafael Robles, profesor y traductor español, que había traducido a Dos Passos y con el que mantenía una estrecha amistad desde que se conocieron en Madrid, en 1916. Este luctuoso hecho le hizo cambiar su opinión a Dos Passos sobre la facción republicana. A partir de entonces, hubo un gran distanciamiento entre ambos escritores por acusar Hemingway a Dos Passos de haber abandonado España por cobardía.
En 1929 publicó “Adiós a las armas”, una historia sentimental y con trasfondo bélico, situada espacialmente en Italia durante la guerra, inspirada en sus experiencias durante la I Guerra Mundial como camillero.
Durante su estancia en España estuvo acompañado por  la periodista Martha Gellhorn a la que había conocido en la Navidad de 1936, en Cayo Hueso. El conflicto bélico español le inspiró su novela “Por quién doblan las campanas”, novela publicada en 1940 y que obtuvo un gran éxito de ventas y fue llevada al cine. Después de ello, contrajo su tercer matrimonio, esta vez con Martha, tras un doloroso divorcio de su segunda esposa, Pauline, aunque esta nueva unión también estaba abocada al fracaso. Se separaron años más tarde, cuando conoció a Mary Welsh en Londres, durante la Segunda Guerra Mundial. Hemingway asistió como corresponsal al desembarco de Normandía y a la liberación de París.
Además de sus obras ya mencionadas, publico otros títulos que fueron: “Tres relatos y diez poemas2 (1923), “En nuestro tiempo” (1924) y “Hombres sin mujeres” (1927), que comprende el emblemático relato "Los asesinos". En este cuento se advierte el peculiar estilo de Hemingway que tanto influyó en varias generaciones de escritores. Su técnica narrativa se basa en la utilización de diálogos coros que van creando una atmósfera de suspense implícito, pues los hechos narrados no muestran toda la inquietante realidad que subyace oculta debajo de la mera apariencia. El autor definía esta técnica narrativa con el símil del témpano de hielo que sólo deja visible una pequeña parte de su volumen mientras la mayor permanece oculta bajos las aguas.        
Además del cuento mencionado, escribió otros que también consiguieron una gran aceptación por la crítica y el público como son los títulos: "Un lugar limpio y bien iluminado", "La breve vida feliz de Francis Macomber", "Las nieves del Kilimanjaro", "Colinas como elefantes blancos", "Un gato bajo la lluvia" y muchos más. En los relatos mejores de Hemingway se advierte la presencia de un elemento simbólico muy sutil sobre el que está construida la historia ,a modo de metáfora, que el autor va desarrollando en la realidad narrativa.
En su obra se advierte siempre, como telón de fondo, el enfrentamiento de un héroe moderno con la muerte, aunque sometido a un código de honor, por lo que sus protagonistas siempre son hombres  con una vida dura y peligrosa, como son los boxeadores, soldados, toreros, matones, cazadores y, en general, hombres de acción. Por lo tanto, existe en su obra una evidente nota de romanticismo del siglo XX, en el que se conjugan la acción, el amor, el sentido del honor y del deber, el escepticismo y la nostalgia de aquello que quedó atrás, irremediablemente, como puede ser el tiempo pasado y los seres o lugares ya perdidos
Los temas principales en este escritor son la muerte y el amor y, por ende, las mujeres a las que cataloga sólo en dos grupos: las castradoras y las esclavas del amor. Se le acusó durante muchos años de ser un escritor “machista” por su visión de la relación hombre-mujer, con patrones o roles muy definidos y a los que se podría llamar “tópicos”. También se acuso a Hemingway  de homófobo, misógino y racista.
 Los personajes de sus obras, héroes modernos como ya se ha dicho anteriormente, no son seres que aman el riesgo y la muerte per se, sino que el tipo de vida que llevan es una forma solitaria, pura y genuina, de reconocimiento del valor de la vida y, en algunas ocasiones, la muerte es siempre un sacrificio para salvar otras vidas, hecho que redime la propia muerte. Sin embargo, otros personajes de Hemingway ofrecen el contrapunto de este tipo de héroe moderno, encarnados en el antihéroe, del que sirve de ejemplo su famoso personaje Nick Adams, inspirado en la juventud del propio autor. Este aparece en algunos de sus relatos y sirve de nexo de unión entre esas historias diferentes, pero a las que les confiere un hilo narrativo común que las convierte en diferentes episodios de una misma línea argumental.
 Hemingway, en su obra, refleja la influencia del cuento norteamericano del siglo XIX, pero depura esa raíces literarias, dotándolas de una atmósfera de realismo cotidiano, pero también poético, que tuvo una gran influencia en otros escritores que siguieron, más tarde, el camino trazado por Hemingway, como es el caso de R. Carver, entre otros muchos.
 Además de los relatos, Hemingway fue también autor de muchas novelas que son más conocidas que aquellos, aunque se les considera menos conseguidas desde el punto de vista estilístico. Además de las ya mencionadas, escribió “En tener y no tener” (1937), obra en la que critica ferozmente las injusticias sociales y económicas y que fue la única que escribió en la década de los 30.0
 Publicó “El viejo y el mar”,  en 1952, una de las historias más hermosas y conocidas que se han escrito sobre el mar y la lucha del hombre contra este elemento. Su protagonista es un modesto pescador de la Habana, ciudad en la que vivió y escribió muchos años el propio Hemingway, pero también conoció en ella la lucha contra la Naturaleza exuberante del Caribe, pues era aficionado a la pesca y a la caza que practicaba con asiduidad. Tenía un barco con el que le gustaba salir a  navegar y pescar, al que llamaba Pilar.
 El protagonista, Santiago, aunque todo el mundo le llama El viejo, es un pescador de edad avanzada que no ha conseguido pescar nada en 84 días. Un día muy temprano decide salir a pescar al mar en soledad, donde consigue pescar a un enorme pez espada, con el que sostiene, durante tres días, una esforzada y dura batalla para conseguir pescarlo. Durante ese tiempo, Santiago recuerda su vida, especialmente en los años en los que conseguía, sin mayores dificultades, una gran pesca. Recuerda, también, a Manolín, un joven que le ayudaba a pescar hasta que sus padres le prohibieron que saliera a pescar con  El viejo por la larga racha de mala suerte en la que no conseguía pescar nada. Sin embargo, el chico siempre estaba dispuesto a ayudarlo, pues El viejo erá su maestro y quien le enseñó los secretos de la pesca.
 Santiago, cuando ha conseguido pescar al pez espada, lo ata al lado de su barca y lo intenta llevar hasta el puerto, pensando en lo mucho que podrá valer y en la gran cantidad de personas a las que puede alimentar. Pero, la mala suerte se ha cebado de nuevo en él y unos tiburones, atraídos por la sangre de la presa, siguen al bote y terminan devorando un cuarto de pez espada, aunque El viejo puedo matar a uno de ellos. Los tiburones vuelven al ataque y siguen devorando al pez espada y Santiago consigue matar a otros cinco. Cuando llega la noche ya han comido casi toda la carne del pez espada, del que sólo queda la espina dorsal, la cola y la cabeza. Cuando llega a puerto, deja en la orilla su bote con el resto del pescado, mientras se va a su cabaña a descansar por encontrarse agotado, herido y hambriento. Los pescadores y turistas, al día siguiente, quedan asombrados por la enorme dimensión del pez espada del que sólo quedan las espinas. Manolín, al verlo, siente pena por haberlo dejado pescar solo y le promete acompañarle en el futuro, sin  hacer caso de lo que digan sus padres.
 Por esta novela obtuvo, en 1953, el Premio Pulitzer  y el Premio Nobel de Literatura de dicho año por el conjunto de su obra. Algunos estudiosos consideran a esta novela la culminación de la obra de Hemingway, pues en ella se aúnan el humanismo (en cuanto  a la lucha denodada del protagonista para combatir y ganar a  su mala suerte sin escatimar esfuerzo alguno, sobreponiéndose a todos los infortunios) y la sobriedad estilística. Sin embargo, otros críticos piensan que esta no es la mejor obra de este autor, porque en ella se advierte una cierta intencionalidad didáctica.          
Sin embargo, el final de Hemingway fue paralelo al de muchos de sus protagonistas, como otro héroe moderno más.  Al final de su vida llena de aventuras, cuando se sintió cansado, enfermo y profundamente deprimido, se suicidó como lo hicieron algunos de sus personajes: disparándose con una escopeta de caza, herramienta útil para él, tan aficionado a la caza y al contacto con la Naturaleza.
 En la familia de Hemingway ya había antecedentes. Su padre se suicidó y sus dos hermanos, Leicester y Ursula, también lo hicieron después de morir el escritor; así como, treinta y cinco  años más tarde, lo hizo su nieta, Margaux. Parece ser que todos padecían la enfermedad genética llamada hemocromatosis, que es una incapacidad para metabolizar el hierro, lo que provoca un grave deterioro físico y mental. Además, Hemingway había sido un gran bebedor durante toda su vida, lo que le había acarreado un gran número de problemas médicos.
 Su muerte por suicidio, su vida aventurera y su obra de estilo inigualable, lo convirtieron en un  mito de la literatura norteamericana contemporánea, con resonancia en todo el mundo.
Hemingway había declarado muchas veces que su experiencia periodística le había influido en su obra, tanto estilística como estéticamente. Por ello, siempre escribió frases directas, cortas, contundentes y duras, omitiendo todo aquello que no fuera necesario y no significativo.
 Su estilo no sólo influyó en los novelistas de generaciones siguientes, sino también en los reporteros y corresponsales posteriores que tomaron como referente su forma de hacer periodismo.
                                                               

miércoles, 17 de febrero de 2016

Malcom Lowry, el escritor que bajó a los infiernos



Malcom Lowry,
Continuado con  el ciclo de escritores suicidas, en esta ocasión protagoniza este espacio la figura de Malcolm Lowry (Cheshire, 28 de julio de 1909 - 26 de junio de 1957), poeta y novelista inglés. Hijo de un próspero comerciante en algodón, miembro de la iglesia metodista  y puritano, y de una madre distante por cuestiones de salud a la que siempre alude Lowry con profunda emoción y ternura a pesar de que se crió entre nurses, niñeras e institutrices que nunca pudieron llenar el vacío de la ausencia emocional de su madre. Su rebeldía estuvo marcada por la rigidez puritana del padre y la ausencia afectiva de la madre que crearon así la rebeldía del escritor desde sus primeros años, sobre todo a partir del momento en el que fue internado en un colegio cuando sólo tenía siete años.
Ante el enigma que representa todo suicidio, cabe preguntarse qué fue lo que llevó a este escritor que tuvo en su atormentada vida dos pulsiones a las que se entregaba denodada y apasionadamente desde muy temprana edad: la literatura y el alcohol, en un orden que podía ser alternativo, según el periodo de su vida que se tratara.
Su inquietud le llevo a abandonar sus estudios de filosofía en Cambridge, después de graduarse en la Leys School y en St. Catharine's College de Cambridge, en 1931  para enrolarse como marinero, trabajo que le permitió viajar mucho, llegando hasta el Lejano Oriente, lo que le inspiró su primera novela Ultamarina (1934), inspirado  en un viaje que hizo a Shanghái y Yokohama, a bordo del carguero Pyrrus,
A lo largo de su vida residió en EE.UU. México, Canadá e Italia. Después, se instaló en Francia y en dicho país contrajo matrimonio con la estrella de Hollywood, Jan Gabrial, en 1934, la que fue su primera esposa con la que mantuvo un matrimonio tormentoso que atravesó por diversas rupturas, la primera de las cuales le obligó a seguir a su esposa hasta Nueva York, ciudad en la que ingresó en el Hospital Bellevue, en 1936, por su problema de alcoholismo. Después, la siguió hasta Hollywood, en donde comenzó a trabajar como guionista.
Más tarde, el matrimonio se instaló en el Hotel Casino de la Selva de Cuernavaca, México, a finales de 1936, en un fallido intento de salvar su relación; pero no pudieron superar sus problemas conyugales y su esposa lo abandonó a finales de 1937, por lo que Lowry quedó solo en Oaxaca, lo que le llevó a un declive total en su alcoholismo y a una etapa de autodestrucción que motivó en la deportación a Inglaterra.
Sin embargo, a pesar de su alcoholismo inmisericorde, supo transformar  sus demonios interiores en fuente de inspiración que nutrió su rutilante carrera literaria, aunque plagada de accidentes y pérdidas de manuscritos, en la que se advierten los ecos de la influencia de Melville y Joyce en sus obras novelísticas, entre las que destacan títulos como Bajo el volcán, 1947,-un clásico de la literatura contemporánea universal y una de las obras más importantes del siglo XX-; Lunar cáustico, 1963; Oscuro como la tumba donde yace mi amigo, 1968, y Piedra infernal, novela inspirada en cierto episodio autobiográfico; sin olvidar su  excelente obra poética, de la que es ejemplo El trueno más allá del Popocatépetl,  y epistolar, reunida esta última con el título El viaje que nunca termina. Correspondencia (1926-1957).
            Se trasladó a Canadá, en 1939, y contrajo matrimonio con su segunda esposa, Margerie Bonner, actríz y escritora. El matrimonio vivió en una playa cerca a Dollarton, en la Columbia Británica, en una cabaña en la que no sólo vivían sino que también les servía de refugio para escribir.
            Lowry dejó inconclusa una gran cantidad de manuscritos, a pesar de que publicó poco durante su vida. S propia biografía sirve de base a varias de sus obras, en las que se pone de manifiesto el método que empleaba como armazón de su escritura que constituía con elementos autobiográficos y después ir completándolo con sucesivas capas de gran complejidad y simbolismo. Sirve de ejemplo su obra Bajo el volcán en la que se presenta una red de relaciones destructivas, protagonizada por el trasunto del propio Lowry, el alcohólico Geoffrey Firmin, excónsul británico en Cuernavaca, ciudad en la que transcurre la novela, en el año en que el Presidente Cárdenas nacionalizó el petróleo de las compañías británicas y estadounidenses, en 1938. Novela que plasma la experiencia tenebrosa del protagonista, en el Día de todos los muertos de 1938, durante la borrachera de mezcal en la que todos los demonios interiores del protagonista suben a la superficie para hacerle bajar a los infiernos mentales del delirio alcohólico. La novela pudo publicarse gracias a la buena labor del editor Albert Erskine, fiel amigo de Lowry y ferviente admirador de su obra y talento.
Lowry seguía bebiendo con su exceso habitual, aunque esta etapa de su vida fue para él principalmente tranquila y productiva literariamente que duró hasta 1954, año en el que comenzó de nuevo otra etapa nómada en la que el matrimonio realizó diversos viajes a Europa, Estados Unidos y el Caribe.
Lowry siempre mantuvo una constante búsqueda de padres sustitutos que compensaran la ausencia que siempre tuvo de esas dos figuras principales en la vida de todo ser humano para poder llegar a crecer y madurar con equilibrio. Ello le llevaba a buscar la compañía de escritores de mayor edad que pudieran ser sus mentores y le orientaran en su ansiada carrera literaria, contrapunto necesario a la figura paterna que sólo era la fuente monetaria que le proporcionaba los recursos materiales necesarios. Para él su infancia sólo era el recuerdo de un período doloroso en el que se sintió  aquejado de diversas enfermedades, quizás como reacciones psicosomáticas ante la ausencia emocional de sus progenitores que sólo eran unas figuras  ausentes y frías en su escaso trato.
            Eso le llevó siempre a buscar en las mujeres a la figura de la madre-amante, según decía su primera esposa, Jan Gabrial; o a la figura de "la mártir", a la que representaba Margerie, su segunda esposa, que era la representación del amor añorado de su madre ausente. Quizás, por ese motivo, los dos matrimonios estuvieron abocados al fracaso, a lo que se sumaba su alcoholismo y sus instintos que basculaban entre los del suicida al homicida. Los médicos le aconsejaban a Margarie que lo dejara, por el peligro que corría ella, si es que antes de agredirla no se suicidara Lowry, lo que al final hizo, eligiendo así la propia destrucción antes que la de otro ser humano.
Lowry era aficionado a todo aquello relacionado con el deporte, el mar, los barcos, las mujeres y, sobre todo, el alcohol y la literatura que eran, estas dos últimas, sus verdaderas pasiones.
Sus excesos alcohólicos y su propia angustia fueron el detonante de su suicidio, con la ayuda de una gran ingesta de barbitúricos mezclados con alcohol,  para poner fin así a ese infierno interior en el que no encontraba paz, aunque su talento seguía intacto, pero quizás el propio Lowry era quien menos creía en su capacidad creadora  y en su  posible redención.
Lowry falleció el 26 de junio de 1957, en la villa de Ripe, Sussex del Este, en la que residía con su esposa.
            El resto de sus obras fue publicado  póstumamente: una colección de historias cortas, Escúchanos, oh Señor, desde el cielo tu morada (1961), las novelas Oscuro como la tumba donde yace mi amigo (1968) y Ferry de octubre a Gabriola (1970). Poemas selectos (1962) , publicaos por el poeta Earle Birney, y éste y Margerie Bonner Lowry, la viuda de Lowry, publicaron conjuntamente Lunar Caustic (1968).
            Malcom Lowry tuvo siempre una vida azarosa, autodestructiva, atormentada, inestable, apasionada y, sobre todo, dramática; acosado por aquellas carencias afectivas, su propia inseguridad, su dipsomanía y su búsqueda  en otros de esas dos figuras paternales irremplazables que, en su ausencia, le marcaron irreversiblemente con el sello de la angustia, la soledad y la negación de su propia identidad que es, quizás, la que buscaba siempre afanosamente en el fondo de un vaso de alcohol, para reconocerse y sentirse reflejado en su propia imagen de hombre derrotado.