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viernes, 31 de agosto de 2018

ALEJANDRA PIZARNIK

Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik, (Buenos Aires,1939 - id., 1972) poeta argentina, encuadrada en la corriente poética neosurrealista, en cuya obra se evidencia una rebeldía que llega hasta el más puro desaliento vital y tiene a la muerte como telón de fondo de sus obsesiones.

Nació en una familia de inmigrantes rusos que perdió su apellido real, Pozharnik, al tomar como residencia Argentina. Cursó estudios de filosofía que no finalizó. Comenzó su formación pictórica al lado del pintor surrealista Batlle Planas.

Su espíritu inquieto la llevó hasta París, ciudad en la que residió desde 1960 a 1964.Trabajó en la revista Cuadernos. Asímismo, hizo traducciones y críticas literarias, continuando sus estudios en la Universidad de La Sorbona. También, llegó a formar parte del comité de colaboradores extranjeros de Les Letres Nouvelles, al igual que de otras revistas europeas y latinoamericanas.


Fue durante su estancia en París cuando conoció y trabó amistad con el escritor Julio Cortázar, su compatriota, y con el escritor y poeta mexicano Octavio Paz, que fue el autor del prólogo de su poemario Árbol de Diana (1962)


Posteriormente, regresó a Argentina y allí publicó varias de sus obras más relevantes. Fue reconocida con la concesión de las veces Guggenheim (1969) y Fullbright (1971), en EE.UU., aunque no llegó a finalizarlas.

Sus primeros poemarios los publicó en los cincuenta, y fue entonces cuando fue considerada como una de las principales voces poéticas de su generación. Su obra representa una constante meditación de la palabra en sí misma. Como si cada vocablo se observara en su individualidad y en el conjunto con las otras palabras de cada verso, lo que no existía en la lírica argentina de su tiempo, a excepción de poetas como Roberto Juarroz y Alberto Girri. Todo ello se unía a su obsesión sobre el narcisismo de la propia identidad, esa autocontemplación del propio yo, y la profunda magia de la infancia que la atrapaba en ese lejano paraíso ya perdido. Todo lo cual, la convierte en una figura poética diferente y referencial.


Sin embargo, su madurez poética la consiguió a partir de la publicación de sus obras Árbol de Diana (1962), Los trabajos y las noches (1965) y Extracción de la piedra de la locura(1968), etapa en la que consiguió encontrar su voz más personal y estilo propio; pero siempre inspirado por el automatismo surrealista y el deseo de expresar la más absoluta racionalidad.


De ese propósito estilístico es de donde surgen unos poemas en los que se advierten la ausencia de emoción y énfasis, casi llegando a la despersonalización; y, también, la falta deliberada de forma, como si se trataran de apuntes de un diario personal en los que escribe siempre dentro de un gran hermetismo, pero con alusiones implícitas en su expresión. Todo ello nunca la eximió de mostrar un tono, algunas veces, intenso, lúdico y lúbrico, y, en ocasiones, también se mostró con un cariz que oscila entre su actitud de absoluta libertad creativa, su propia individualidad a flor de piel, además de su talante fantasioso y soñador.

Su obra poética consta de siete poemarios La tierra más ajena (1955), La última inocencia (1956), Las aventuras perdidas (1958), Árbol de Diana (1962), Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de locura (1968) y El infierno musical(1971). De ese mismo año también es su relato poemático La condesa sangrienta (1971).

Después de su muerte se publicaron varias ediciones de sus obras, entre las que se pueden citar como más relevantes: Textos de sombra y últimos poemas (1982), que contiene la obra teatral Los poseídos entre lilas, y la novela La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa. Igualmente, y de forma póstuma, se reeditó la compilación de sus textos en Obras completas (1994). Además, sus cartas fueron publicadas con el título Correspondencia (1998).
En los últimos años de su corta existencia, padeció una serie de crisis depresivas con varios intentos de suicidio. Poco antes de su muerte, fue internada en un centro psiquiátrico de Buenos Aires, ciudad en la que residía, Dicho internamiento y el tratamiento recibido en su estancia, no la pudieron salvar de sus demonios interiores. El 25 de septiembre de 1972, aprovechando un fin de semana que pasó en su domicilio, decidió suicidarse con una fuerte sobredosis de seconal sódico. Sólo tenía 36 años.




domingo, 29 de abril de 2018

GERARD DE NERVAL

Gerard de Nerval




Continuando con la serie de “Escritores suicidas”, por el nexo trágico y común que tienen quienes decidieron poner, un aciago día, el punto y final a sus vidas por un sinnúmero de razones que no tienen todas que coincidir en cada suicida, aunque siempre es común algunas en esa fatídica decisión motivada, a veces,  por el desencanto, la soledad,  olas adicciones; o bien, los problemas personales, la frustración en sus carreras literarias y esas otras razones íntimas y secretas que no se puede, muchas veces, adivinar porque toda vida tiene siempre sus luces y sombras, y se puede ver las primeras y solo intentar llegar a vislumbrar las segundas.  Estas últimas son, precisamente, las que determinan, en muchos casos, el destino de cada ser humano, aunque en el caso de los suicidas, sea siempre una salida trágica de una vida que puede ser dramática en la intimidad, aunque permanece oculta a las miradas de quienes, después, se preguntan atónitos ¿por qué?

En esta ocasión, nos referimos al escritor francés Gerard de Nerval, poeta que fue ignorado en su época y que la posteridad lo ha consagrado como el principal poeta romántico en su lengua y un precursor relevante de la poesía contemporánea

Gérard de Nerval                
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Gérard Labrunie, verdadero nombre de Gerard de Nerval, nació en París, en 1808. Hijo de un médico, quedó huérfano de madre muy tempranamente, con tan solo dos años de edad, motivo por el que fue a vivir con su tío al pequeño pueblo de Mortefontaine, en los bosques de Valois, cuya estancia en tan idílico lugar le inspiró sus obras Sylvie (1853) y Canciones y leyendas de Valois.  

Regresó a París para vivir con su padre cuando contaba seis años, pero sin dejar de visitar Valois en las vacaciones. Cuando tenía catorce años marchó a París, ciudad en la que vivió de manera bohemia.

Comenzó a estudiar Medicina, pero abandonó dichos estudios. Siempre se sintió atraído por la literatura, por lo que en 1827 comenzó a traducir la obra Fausto de Goethe de forma muy personal y creativa, cuya labor le produjo una fuerte impresión y, desde entonces, su traducción la prefirió al texto original en alemán.

Por la traducción de Fausto, llego a conocer a los escritores como Goethe, junto con Hoffmann y Heine -con este último inició una gran amistad y del que tradujo poemas-, que le influyeron decisivamente. Conoció a Victor Hugo, asistió al estreno de Hernani, obra teatral de Víctor Hugo, estrenada en el Théâtre Français de París, el 25 de febrero de 1830. En dicha obra, su autor narraba la tragedia del bandido aragonés Hernani y su amante Doña Sol. En su estreno se inició la “batalla” que se produjo entre los románticos y los clasicistas. Gerard de Nerval fue uno de los organizadores de la célebre batalla. Dos años después, participó en los motines de 1832 y, por ese motivo de  escándalo público, ingresó en prisión en dos ocasiones.
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Realizó distintas actividades como aprendiz de imprenta, ayudante de notario y otros. Incluso, llegó a escribir varias obras dramáticas en colaboración con Alejandro Dumas, además de iniciar una gran amistad con Théophile Gautier, autor con el  que se reunía en el “club de los hachisianos” (club de los adictos al hachís)  y,  también,  se relacionaba con  Víctor Hugo.

Al haber recibido una herencia de 30.000 francos de oro, de su abuela materna, en 1834. El dinero recibido le permitió viajar a Italia y, cuando volvió a París , en 1835, se instaló en casa del pintor Camille Rogier, que reunía en sus salones el grupo de escritores románticos. Fundó Monde dramatique (Mundo dramático), revista costosa y de calidad en la que gastó todo su capital y lo dejó en la ruina, oir ki qye la vendió en 1836. En esa época se le veía por los lugares públicos vestido como un dandy y, como estaba muy interesado por el mundo del ocultismo, convirtió su casa en un centro de reunión de personajes relacionados con dichas actividades esotéricas.

Se trasladó a Bélgica con Theophile Gautier durante tres meses. Al finalizar el año, comenzó sus actividades periodísticas y firmó, por vez primera, como «Gérard de Nerval» en Le Figaro, nombre que le inspiró una pequeña propiedad de su familia.

Escribió la ópera cómica Piquillo, en 1837, motivo por el que conoció a la actriz y cantante Jenny Colon, de la que se enamoró apasionadamente y de quien se convirtió en un rendido admirador. Ella le inspiró  el personaje que aparece en Sylvie, las primeras de las novelas (nouvelles) que reunió en Las hijas del fuego.Volvió a verla en 1840, dos años antes de la muerte de ella, lo que le causó una gran conmoción.

En el verano de 1838 había viajado por Europa y había llegado a Alemania, que era su destino más soñado, junto a Dumas con quién firmó un contrato, y por Teófilo Gautier que había sido compañero suyo desde la época del liceo. En noviembre de ese año conoció a la pianista Marie Pleyel, en Viena que era discípula de Liszt

Los inicios de sus problemas mentales se pusieron de manifiesto e 1841, cuando le detuvieron desnudo, persiguiendo una estrella que, según decía, le guiaba hacia Oriente, lo que motivó que estuviera internado en la clínica del doctor Blanche, primero de los internamientos que se fueron sucediendo desde entonces, cuando comenzaron las alucinaciones que le acompañaron hasta su muerte.

Al salir de la clínica, su editor le adelantó dinero y con él pudo emprender el viaje a Oriente que era su mayor deseo. Estuvo un año y regresó para escribir Escenas de la vida Oriental (1851), que constituye una obra maestra del periodismo poético.

Posteriormente, tradujo a Heine, a quien había conocido personalmente, y  continuo sus viajes por  varios países de Europa: Bélgica, Holanda, Inglaterra y Alemania. En esa época ya había perdido su casa y no tenía domicilio fijo y carecía de objetos personales y de dinero. Realizó su último viaje a Alemania, país que le fascinaba, y publicó Las quimeras (1854), una serie de sonetos herméticos con los que consiguió ser considerado el precursor de Mallarmé y del simbolismo, cuya obra se convirtió en uno de los libros favoritos de los surrealistas más de cincuenta años después.

Los últimos años de su vida fueron los más prolíficos literariamente; aunque sufrió nuevos episodios psicóticos y fue internado por ese motivo.  Su colección de novelas cortas fue publicada en 1854, con el título de Las hijas del fuego, que incluía el relato Sylvie, anteriormente citado, de estilo clásico y temática genuinamente romántica. Publicó Aurelia o el sueño y la vida, en 1855, que mezclaba sueño y realidad y está considerada como una de las obras precursoras de la literatura moderna.

Si embargo, la muerte esperaba a Gerard de Nerval en el invierno de 1855. Un frío amanecer, un borracho encontró el cadáver de Nerval cubierto de nieve en el callejón de La Vielle-Lanterna (La vieja farola) ahorcado con su propio cinturón. Encontraron en sus bolsillos las últimas páginas de Aurelia, considerada su obra maestra, y que se publicaría póstumamente en ese mismo año, junto con las excelentes crónicas de La bohemia galante.

Ninguno de sus amigos aceptaba la teoría del suicidio, a pesar de las evidencias que así lo demostraban, pues afirmaban que Narval tenía proyectado un viaje a Grecia y que nadie se ahorcaría con el sombrero puesto. Sin embargo, el fallecido había dejado a su tía con la que vivía, una nota en la que le decía, en una evidente premonición de que la muerte le esperaba en una cita que sabía ineludible: “No me esperes esta tarde, porque la noche será negra y blanca”.

Tan negra como veía su propio futuro acosado por sus demonios interiores, y blanca por la fría nieve y la luz que, intuía, lo esperaba detrás del túnel, en el último tránsito a la otra orilla de la que ya no hay retorno, ni sufrimiento, ni dolor.


miércoles, 17 de febrero de 2016

Malcom Lowry, el escritor que bajó a los infiernos



Malcom Lowry,
Continuado con  el ciclo de escritores suicidas, en esta ocasión protagoniza este espacio la figura de Malcolm Lowry (Cheshire, 28 de julio de 1909 - 26 de junio de 1957), poeta y novelista inglés. Hijo de un próspero comerciante en algodón, miembro de la iglesia metodista  y puritano, y de una madre distante por cuestiones de salud a la que siempre alude Lowry con profunda emoción y ternura a pesar de que se crió entre nurses, niñeras e institutrices que nunca pudieron llenar el vacío de la ausencia emocional de su madre. Su rebeldía estuvo marcada por la rigidez puritana del padre y la ausencia afectiva de la madre que crearon así la rebeldía del escritor desde sus primeros años, sobre todo a partir del momento en el que fue internado en un colegio cuando sólo tenía siete años.
Ante el enigma que representa todo suicidio, cabe preguntarse qué fue lo que llevó a este escritor que tuvo en su atormentada vida dos pulsiones a las que se entregaba denodada y apasionadamente desde muy temprana edad: la literatura y el alcohol, en un orden que podía ser alternativo, según el periodo de su vida que se tratara.
Su inquietud le llevo a abandonar sus estudios de filosofía en Cambridge, después de graduarse en la Leys School y en St. Catharine's College de Cambridge, en 1931  para enrolarse como marinero, trabajo que le permitió viajar mucho, llegando hasta el Lejano Oriente, lo que le inspiró su primera novela Ultamarina (1934), inspirado  en un viaje que hizo a Shanghái y Yokohama, a bordo del carguero Pyrrus,
A lo largo de su vida residió en EE.UU. México, Canadá e Italia. Después, se instaló en Francia y en dicho país contrajo matrimonio con la estrella de Hollywood, Jan Gabrial, en 1934, la que fue su primera esposa con la que mantuvo un matrimonio tormentoso que atravesó por diversas rupturas, la primera de las cuales le obligó a seguir a su esposa hasta Nueva York, ciudad en la que ingresó en el Hospital Bellevue, en 1936, por su problema de alcoholismo. Después, la siguió hasta Hollywood, en donde comenzó a trabajar como guionista.
Más tarde, el matrimonio se instaló en el Hotel Casino de la Selva de Cuernavaca, México, a finales de 1936, en un fallido intento de salvar su relación; pero no pudieron superar sus problemas conyugales y su esposa lo abandonó a finales de 1937, por lo que Lowry quedó solo en Oaxaca, lo que le llevó a un declive total en su alcoholismo y a una etapa de autodestrucción que motivó en la deportación a Inglaterra.
Sin embargo, a pesar de su alcoholismo inmisericorde, supo transformar  sus demonios interiores en fuente de inspiración que nutrió su rutilante carrera literaria, aunque plagada de accidentes y pérdidas de manuscritos, en la que se advierten los ecos de la influencia de Melville y Joyce en sus obras novelísticas, entre las que destacan títulos como Bajo el volcán, 1947,-un clásico de la literatura contemporánea universal y una de las obras más importantes del siglo XX-; Lunar cáustico, 1963; Oscuro como la tumba donde yace mi amigo, 1968, y Piedra infernal, novela inspirada en cierto episodio autobiográfico; sin olvidar su  excelente obra poética, de la que es ejemplo El trueno más allá del Popocatépetl,  y epistolar, reunida esta última con el título El viaje que nunca termina. Correspondencia (1926-1957).
            Se trasladó a Canadá, en 1939, y contrajo matrimonio con su segunda esposa, Margerie Bonner, actríz y escritora. El matrimonio vivió en una playa cerca a Dollarton, en la Columbia Británica, en una cabaña en la que no sólo vivían sino que también les servía de refugio para escribir.
            Lowry dejó inconclusa una gran cantidad de manuscritos, a pesar de que publicó poco durante su vida. S propia biografía sirve de base a varias de sus obras, en las que se pone de manifiesto el método que empleaba como armazón de su escritura que constituía con elementos autobiográficos y después ir completándolo con sucesivas capas de gran complejidad y simbolismo. Sirve de ejemplo su obra Bajo el volcán en la que se presenta una red de relaciones destructivas, protagonizada por el trasunto del propio Lowry, el alcohólico Geoffrey Firmin, excónsul británico en Cuernavaca, ciudad en la que transcurre la novela, en el año en que el Presidente Cárdenas nacionalizó el petróleo de las compañías británicas y estadounidenses, en 1938. Novela que plasma la experiencia tenebrosa del protagonista, en el Día de todos los muertos de 1938, durante la borrachera de mezcal en la que todos los demonios interiores del protagonista suben a la superficie para hacerle bajar a los infiernos mentales del delirio alcohólico. La novela pudo publicarse gracias a la buena labor del editor Albert Erskine, fiel amigo de Lowry y ferviente admirador de su obra y talento.
Lowry seguía bebiendo con su exceso habitual, aunque esta etapa de su vida fue para él principalmente tranquila y productiva literariamente que duró hasta 1954, año en el que comenzó de nuevo otra etapa nómada en la que el matrimonio realizó diversos viajes a Europa, Estados Unidos y el Caribe.
Lowry siempre mantuvo una constante búsqueda de padres sustitutos que compensaran la ausencia que siempre tuvo de esas dos figuras principales en la vida de todo ser humano para poder llegar a crecer y madurar con equilibrio. Ello le llevaba a buscar la compañía de escritores de mayor edad que pudieran ser sus mentores y le orientaran en su ansiada carrera literaria, contrapunto necesario a la figura paterna que sólo era la fuente monetaria que le proporcionaba los recursos materiales necesarios. Para él su infancia sólo era el recuerdo de un período doloroso en el que se sintió  aquejado de diversas enfermedades, quizás como reacciones psicosomáticas ante la ausencia emocional de sus progenitores que sólo eran unas figuras  ausentes y frías en su escaso trato.
            Eso le llevó siempre a buscar en las mujeres a la figura de la madre-amante, según decía su primera esposa, Jan Gabrial; o a la figura de "la mártir", a la que representaba Margerie, su segunda esposa, que era la representación del amor añorado de su madre ausente. Quizás, por ese motivo, los dos matrimonios estuvieron abocados al fracaso, a lo que se sumaba su alcoholismo y sus instintos que basculaban entre los del suicida al homicida. Los médicos le aconsejaban a Margarie que lo dejara, por el peligro que corría ella, si es que antes de agredirla no se suicidara Lowry, lo que al final hizo, eligiendo así la propia destrucción antes que la de otro ser humano.
Lowry era aficionado a todo aquello relacionado con el deporte, el mar, los barcos, las mujeres y, sobre todo, el alcohol y la literatura que eran, estas dos últimas, sus verdaderas pasiones.
Sus excesos alcohólicos y su propia angustia fueron el detonante de su suicidio, con la ayuda de una gran ingesta de barbitúricos mezclados con alcohol,  para poner fin así a ese infierno interior en el que no encontraba paz, aunque su talento seguía intacto, pero quizás el propio Lowry era quien menos creía en su capacidad creadora  y en su  posible redención.
Lowry falleció el 26 de junio de 1957, en la villa de Ripe, Sussex del Este, en la que residía con su esposa.
            El resto de sus obras fue publicado  póstumamente: una colección de historias cortas, Escúchanos, oh Señor, desde el cielo tu morada (1961), las novelas Oscuro como la tumba donde yace mi amigo (1968) y Ferry de octubre a Gabriola (1970). Poemas selectos (1962) , publicaos por el poeta Earle Birney, y éste y Margerie Bonner Lowry, la viuda de Lowry, publicaron conjuntamente Lunar Caustic (1968).
            Malcom Lowry tuvo siempre una vida azarosa, autodestructiva, atormentada, inestable, apasionada y, sobre todo, dramática; acosado por aquellas carencias afectivas, su propia inseguridad, su dipsomanía y su búsqueda  en otros de esas dos figuras paternales irremplazables que, en su ausencia, le marcaron irreversiblemente con el sello de la angustia, la soledad y la negación de su propia identidad que es, quizás, la que buscaba siempre afanosamente en el fondo de un vaso de alcohol, para reconocerse y sentirse reflejado en su propia imagen de hombre derrotado.

sábado, 25 de abril de 2015

Cesare Pavese

Cesare Pavese, escritor italiano.

       Como continuación al ciclo de escritores suicidas, se ofrece en esta edición la figura de Cesare Pavese, el extraordinario escritor, poeta, crítico literario y traductor piamontés que también, en un día aciago, puso fin a su vida en un hotel cualquiera de Turín, como un último gesto que sustituyera todas las palabras.

Cesare Pavese                                                                                                      
            Poeta y novelista italiano, nacido en Santo Stefano Belbo, una pequeña localidad del Piamonte italiano, el 9 de septiembre de 1908. La temprana muerte de su padre, le hizo quedar muy influenciado por la fuerte personalidad de su madre y de su única hermana, cuyas relaciones le marcó profundamente durante toda su vida en su posterior trato con las mujeres. Una dolorosa vivencia le dejó una profunda huella: cuando su padre estaba agonizando por un tumor cerebral y solicitó a su esposa que le permitiera ver y despedirse de una mujer con la que había mantenido relaciones sentimentales, ella se negó, y a Cesare Pavese le quedó marcada la fría determinación de su madre ante la petición del padre moribundo.
        Estudió filología inglesa en la Universidad de Turín, a partir de 1926,  etapa universitaria que le marcó profundamente por haber conocido a personajes como el filósofo Norberto Bobbio y el escritor Leone Ginzburg. Una vez obtenida la licenciatura, en 1930, con una tesis sobre W. Whitman que obtuvo altas calificaciones, se dedicó especialmente a traducir a varios escritores norteamericanos como son Sherwood Anderson, John Ernst Steinbeck, Ernest Hemingway, Gertrude Stein y otros muchos. Además, comenzó a escribir crítica literaria y comenzó su andadura como editor en la editorial Einaudi  de la que fue cofundador cuando se traslada a Turín dicha editorial, y en la que permaneció hasta su muerte.
                Colaboró en la revista La cultura y empezó a dirigir desde marzo de 1934 hasta enero de 1935, en la que publicó sus escritos antifascistas -a pesar de que en 1932 se había inscrito en el Fascio más por conveniencia que por convencimiento ideológico-,  en el lo que le hizo ingresar en prisión en la que continuó escribiendo. Su militancia antifascista proviene de su época universitaria, cuando se funda en París, en 1929, un movimiento de tal índole, Giustizia e Libertà, creado por un grupo formado por intelectuales italianos exiliados en Francia que se definen como republicanos, socialistas y demócratas, al que el grupo de  sus amigos se adscriben, a través de una célula clandestina de dicho movimiento político fundada en Turín por Leone Ginzburg.  Se adhirió también Pavese, aunque sin demasiado  protagonismo en cuanto a la acción  requerida por la causa política, pues siempre estaba en un discreto segundo plano. Esa vinculación política e ideológica sufrió una evolución que le llevó hasta el partido comunista desde el final de la II Guerra Mundial.
            Su primera obra Trabajar cansa (1936), muestra su total oposición al hermetismo de la poesía italiana. En sus obras de narrativa Pavese trata siempre de forma recurrente sobre los conflictos de la vida contemporánea y la soledad del individuo que lucha por encontrar su propia identidad. Un ejemplo de ello son títulos como La luna y las fogatas (1950) que está considerada su mejor novela. Al igual que el más bello de sus poemas y el más lúcidamente  desesperanzado es Vendrá la muerte y tendrá tus ojos (1951) que se transcribe a continuación:

Y vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.

            Otras obras de narrativas suyas son Allá en tu aldea, (1941),La playa, (1942); La cárcel (1949); Antes de que el gallo cante (1949); El bello verano, (1949); Entre mujeres solas (1949); El diablo en las colinas (1949); La luna y las fogatas (1950). Su diario El oficio de vivir (1952), ofrece las más bellas y conmovedoras páginas escritas por Pavese que refleja en ellas su más íntima desolación y amargura.
            Pavese está considerado como perteneciente a la generación neorrealista italiana y fue muy notable su labor de difusión de los novelistas norteamericanos, tanto por sus traducciones de los escritores antes mencionados, como por su colaboración en la antología Americana (1942), en colaboración con E. Vittorini, además de su obra sobre la literatura americana que compendia sus extensos conocimientos del tema y que lleva por título La literatura americana y otros ensayos (1951).
            Esto en cuanto a su actividad literaria, pero la faceta humana del escritor queda siempre desdibujada por su propia obra literaria. Todo confluye en un ser humano hasta llevarlo al suicidio cuando la vida le parece un suplicio atroz del que es preciso escapar.
             Pavese sufría una fuerte depresión desde hacía muchos años, además de problemas de salud como eran los que le afectaban al sistema respiratorio y que  padeció desde siempre. Por otra parte, los continuos desengaños amorosos que sufría desde su etapa universitaria en la que tuvo relaciones sentimentales fracasadas, tanto con una compañera de estudios como con dos bailarinas del music-hall, sucesivamente. Los dos primeros desengaños le dejaron profundamente desencantado y convencido de que siempre fracasaría en el amor. Después, la segunda bailarina, Milly, le hiere aún más cuando la espera durante horas, bajo una intensa lluvia, a la salida del teatro donde actuaba, mientras ella sale por otra puerta y ve como se aleja en un coche acompañada por otro hombre a pesar de haberse citado con Pavese. Esto aumenta aún más su depresión y sensación de absoluto fracaso.
            A ello se suman sus escarceos políticos y los períodos de cárcel y confinamiento que sufre a causa de ello. Fue en mayo de 1935 cuando fue detenido por la policía fascista junto a Giulio Einaudi, Carlo Levi y el propio Cesare Pavese, entre otros. Dicha detención parece causada por la relación sentimental que tiene en esos momentos con una enigmática mujer -posible estudiante de matemáticas y  de afiliación comunista-, a la que sólo denomina con una "T", o con los apelativos de "la mujer de la voz ronca" o "la señorita", y quien le solicita a  Pavese que sirva de enlace con Altiero Spinelli, un antiguo amante y dirigente del Partido Comunista que se encontraba en la cárcel. La policía encontró en casa de Pavese las cartas de Spinelli y eso le supuso ser detenido, primero en Turín y, posteriormente, enviado a Roma a la prisión Regina Coeli. En agosto de dicho año es condenado al confinamiento en el pueblo calabrés de Brancaleone, en el que vivió con extrema dureza por las malas condiciones que empeoraron su problemas de salud, además de sufrir el aislamiento de su familia y amigos y de su siempre añorada mujer de la que seguía enamorado. Esto le producía la consiguiente sensación de desarraigo, soledad e infortunio, como manifestaba en la correspondencia que mantenía con su hermana y con algunos amigos, además de hacer continuas referencias a su amada, causa indirecta de su confinamiento, pero a quien sigue amando apasionadamente. Durante  esta etapa empieza a escribir sus diarios que serían después publicados a título póstumo con el título de El oficio de vivir, en 1952, y que es un referente obligado en su obra por su profundidad y conmovedora belleza.
            Consiguió el indulto, al fin, en 1936, por su precario estado de salud. Aunque otro golpe emocional le esperaba a su regreso a Turín, cuando se entera, nada más llegar a la estación de Turín, que la mujer a la que consideraba el amor de su vida, la misteriosa mujer de voz ronca, se ha casado con otro hombre que no era otro que el propio Spinelli, al que ayudó a seguir en contacto con ella y que le supuso el confinamiento.  Este nuevo golpe le hunde aún más en la depresión que ya padecía y que le lleva a refugiarse en casa de su hermana y permanecer encerrado en su cuarto durante días.
            Comienza una nueva relación, en 1940, con una antigua alumna suya, Fernanda Pivano, idilio que dura cinco años y, aunque Pavese le pide que se case con él, ella le rechaza y termina casándose con otro, lo que aumenta aún más si cabe la depresión y total sensación de fracaso sentimental y personal, además de aumentar sus complejos físicos que le acompañan desde siempre. Ni siquiera el éxito conseguido por su obra De tu tierra (1941) le animan en la profunda depresión que arrastraba.
            El inicio de la II Guerra Mundial también viene a obstaculizar sus planes y los del resto de sus conciudadanos. Se traslada a Roma para dirigir la editorial Eunaudi, pero es llamado a filas. Es declarado inútil para el ejército por sus problemas respiratorios y vuelve a Roma, ciudad en la que permanece hasta  el derrocamiento de Mussolini, en 1945, que es cuando decide regresar a Turín e ingresa en el Partido Comunista, al que consideraba única vía de solución de los graves problemas que tiene Italia después de la guerra. Allí sigue trabajando, impartiendo clases en un colegio, a pesar de los continuos bombardeos que sufre la ciudad. Sus amigos se alistan a la Resistencia, aunque él se siente incapaz de aceptar un compromiso que le exige actuar para lo que está incapacitado tanto física como temperamentalmente. En esa etapa escribe Diálogos con Leucó (1947), que  son varios diálogos que protagonizan los dioses de la mitología griega. Obra que representa y sintetiza el concepto del mito que tiene Pavese. El nombre de Leucó esta inspirado en el nombre de la diosa griega Leucothea que ayudó a Ulises en su encuentro con Poseidón. En ese año también publica otras dos obras: El camarada, y, después, La tierra y la muerte, que obtienen una excelente acogida por parte de la crítica y el público que le consagra literariamente.
            Toda su frustración por su incapacidad de actuar en el terreno político, su pasividad personal ante el peligro que representaba el fascismo y el rechazo que siente hacia sí mismo por ese motivo  los vuelca en  el relato La casa de la colina.
            Años más tarde, en 1950, comienza una nueva relación con Constance Dawling,
Constance Dawling, actríz
actriz americana, la mujer que sería su último amor fallido, a la que conoce cuando llega a Italia para trabajar en el entonces floreciente cine italiano. Para Pavese es su última oportunidad de alcanzar el amor y la estabilidad sentimental, pero ella vuelve a Estados Unidos, dando por finalizado el romance. Este nuevo fracaso sentimental lo sume definitivamente en la más absoluta desolación.
            Recibe en ese mismo año el prestigioso premio literario Strega por su obra  La Luna y las fogatas, obra en la que el escenario lo sitúa en el ya perdido escenario rural de la infancia, aunque este galardón no consigue sacarle de la profunda depresión que sufre y que se advierte en su diario en el que sus textos son cada vez más depresivos y en los que alienta una total desesperación y sentimiento de fracaso vital.
            El 27 de agosto de 1950, Cesare Pavese se encuentra hospedado en el Hotel Roma de Turín. Aunque hace tres o cuatro llamadas telefónicas a otras tantas amigas para que vayan a reunirse con él, ninguna acepta. Curiosamente, una de ellas es Fernanda Pivano, su antigua amante, que sería después la  reputada periodista que entrevistaría a Charles Bulowski en el famoso libro "Lo que más me gusta es rascarme los sobacos". Por las continuas negativas que recibe, solo y completamente abatido, decide poner fin a su vida tomando una gran cantidad de somníferos. Antes había escrito una escueta e inquietante nota en su diario como explicación de su último y fatal gesto: "Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más". Ese acto fatal, en el que no cabían más palabras, sino sólo la acción, la capacidad de  tomar una última y trágica decisión que siempre le costó tener para asumir compromisos políticos y le impidió actuar cuando sus amigos lo hacían en defensa de sus ideales y de su país que estaba en peligro.
             Por último, en su mesilla deja un ejemplar de Dialogo con Leucó, en el que ha escrito una corta y sobrecogedora despedida en la que se resume su propia aceptación de su derrota vital, de su incapacidad para seguir viviendo en un mundo en el que no tienen cabida su sensibilidad artística, soledad y total desamparo, a los que no compensa su triunfo literario: "Perdono a todos y a todos pido perdón. No chismorreen demasiado".
            Después de su muerte, la editorial Einaudi, en 1957, creó un premio literario para honrar su memoria. Esa misma memoria de fracasos personales  le llevó a la muerte por su incapacidad de olvidar su infortunio y su fragilidad de hombre solo, vulnerable e incomprendido por quienes más le importaban. Eso lo explica en una sola frase que sintetiza la razón que le llevó al suicidio: "Uno no se mata por el amor de una mujer. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria, nuestro desamparo, la nada".
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Bibliografía:

LA INMENSA SOLEDAD: CON FRIEDRICH NIETZSCHE Y CESARE PAVESE, HUER FANOS BAJO EL CIELO DE TURIN, Frederic Pajac, Editorial Síntesis, 2000.

LA POESIA DE CESARE PAVESE: ATRAVESANDO LA MIRADA EN EL ESPEJO , Muaoz R. José,  UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA SERVICIO, 2002.

LO INALCANZABLE: LAS MUJERES EN LA VIDA Y LA OBRA DE FRANZ KAFKA, FERNANDO PESSOA Y CESARE PAVASE, Luís Gruss, Capital Intelectual, 2008.





sábado, 23 de agosto de 2014

Obra de Sylvia Plat

Sylvia Plath

 Poesía                                                                                                                    

El coloso (1960)
Ariel (1965)
Tres mujeres (1968)
Cruzando el océano (1971)
Árboles de invierno (1971)
Poemas completos  (1981)

Obra en prosa:

 La campana de cristal (The Bell Jar) (1963), publicado con el pseudónimo de "Victoria Lewis".
Cartas a casa (Letters home) (1975), enviadas a su madre y editadas por la misma.
Johnny Panic y la Biblia de sueños (Johnny Panic and the Bible of Dreams) (1977)
Los diarios de Sylvia Plath (The Journals of Sylvia Plath) (1982)
 The magic mirror (El espejo mágico) (1989), la tesis para Smith College.

            Obras  para niños
The Red Book (1976)
Mrs. Cherry's Kitchen (2001)


lunes, 9 de diciembre de 2013

Anne Sexton (ciclo escritores suicidas)

Anne Sexton, poetisa norteamericana,
Premio Pulitzer 1967
Introducción:

            Siguiendo con el ciclo de los escritores suicidas, en esta ocasión vamos a tratar de la figura de Anne Sexton, la poetisa norteamericana que fue una de las figuras literarias de la década de los sesenta, y también un ejemplo de quien por no poder soportar sus problemas conyugales, su alcoholismo, su insatisfacción y sus propios demonios interiores, decidió morir un día en el que en el binomio vida/muerte que siempre le había atraído, ganó la partida la muerte.


Anne Sexton

           
            El 1 de abril de 2013 llegó a las librerías el volumen de las obras completas de anne Sexton, con más de 1.000 páginas, editado por la editorial Liento Poesía, y traducidas por José Luís Reina Palazón. Obra imprescindible que nos trae toda la poesía de una mujer que vivió queriendo morir y murió por no haber sabido vivir.

            Pero ¿quién fue Anne Sexton?
            Anne Sexton, poetisa estadounidense,  cuyo verdadero nombre era Anne Gray Harvey, nació en Norton, (Massachusetts) el  9 de noviembre de 1928, en el seno de una familia burguesa, pues su padre era un acomodado fabricante de lanas. La familia vivía siempre en  barrios residenciales de Boston, acordes con su desahogada situación económica.
            La inestabilidad psíquica la acompañó desde el nacimiento de su primera hija, en 1954, -fruto de su matrimonio, celebrado en 1948, con Alfred Muller Sexton II, conocido por el pseudónimo «Kayo»-, debida a la depresión postparto, por lo que inresó en el hospital Westwood Lodge. De su matrimonio nacieron dos hijas: Linda Gray Sexton (1953), que con el transcurso de los años se haría novelista, y Joyce Sexton (1955) y después del nacimiento de su segunda hija, sufrió una segunda recaída depresiva y tuvo que ser nuevamente hospitalizada, mientras sus hijas eran enviadas a vivir con sus abuelos paternos. El día de su cumpleaños de ese mismo año, intentó suicidarse.
            El psiquiatra que la atendía, el doctor Martin Orne,  le recomendó que escribiera poesía por su desbordante imaginación y sensibilidad poética, por lo que se unió al grupo de poetas del taller que dirigía John Holmes en 1957,  al que asistían el grupo que formaban poetas como Maxine Kumin -con quien mantuvo una restrecha amistad hasta el final de sus días y con quien escribió cuatro libros infantiles-, Robert Lowell, George Starbuck y Sylvia Plath.
            A partir de entonces empezó a publicar sus poemas en publicaciones periódicas como las prestigiosas  New Yorker,  Saturday Review o Harper's Magazine.  El poema Heart's Needle (La aguja del corazón), de W.D. Snodgrass,  le sirvió de inspiración para escribir The Double Image (La doble imagen)  que  trata sobre las relaciones entre madre e hija.
            Más tarde empezó a dirigir sus propios talleres de poesía en Boston College, el Oberlin College y la Colgate University.
            Su obra poética destaca por la  visión intimista de la angustia  existencial que revela en ella, porque en sus poemas la condición femenina se muestra como tema central, pero también utilizó el estilo "confesionista", es decir, basado en la propia experiencia vital, con temas tan cotidianos y recurrentes en la vida de cualquier mujer como es el aborto, la menstruación y la experiencia de la drogadición, lo que fue muy criticado en su momento, por salir del convencionalismo social de la época. Pero su poesía no podía reflejar otra cosa que el remolino existencial, la tempestad interior que la sacudía entre los asuntos domésticos, su vocación poética, los deberes maternales, la drogadición que sufría y asumía por su alcoholismo crónico, los problemas conyugales que la llevaron al divorcio, en la década de los 70, y su inestabilidad emocional y nerviosa.
         A pesar de todo ello, fue una poetisa reconocida en su trayectoria, premiada y becada. Llegó a ser profesora titular de la Universidad de Boston -a pesar de haber abandonado los estudios cuando se casó-, Premio Pulitzer, en 1967, por su tercer libro Vida o muerte, y también miembro del Jurado de dicho premio.
            Su estilo intimista, confesional, la alzó a lo más alto de la fama literaria. Su atrativo físico, pues era alta y delgada, de expresivos y grandes ojos azules, su sensualidad innata y magnética que atrapaba a quien estuviera con ella, además del apasionamiento de sus poemas, de los temas tabúes para su época que trataba: el sexo, el cuerpo femenino y sus más recónditos secretos, el erotismo más descarnado y la pasión atormentada de una vida que no encontró la felicidad anhelada, porque su marido acabó abandonándola por otra mujer, lo que la desestabilizó totalmente.
            Se suicidó en Boston, el 4 de octubre de 1974, inhalando monóxido de carbono, encerrada en el garaje de su casa, deprimida y sola, pero protegiendo a sus hijos para que no resultaran dañados por su fatal decisión, le puso punto y final a una existencia marcada por la depresión, a pesar de su deseo de vivir, la pasión por el arte y por la vida, pero con una extrema sensibilidad que le hacía vibrar demasiado intensamente al lado de quienes estuvieron a su lado y no supieron comprenderla ni amarla como necesitaba, lo que queda reflejado en los 18 libros de tipo confesional que escribió antes de morir.
            Fue en 1991 cuando se supo que su psiquiatra durante ocho años, le había dado a un biógrafo todos sus archivos médicos, entre los que se encontraban 300 cintas magnetofónicas grabadas durante sus sesiones terapéuticas con ella. Dicha cesión la aprobó la hija  de Sexton que era su albacea literaria, aunque cuando se hicieron públicas dichas cintas y sus contenidos, se produjo un gran escándalo porque rompía los esquemas de una sociedad pacata como era la estadounidense de aquellos años. En España se publicó en 1996 su obra El asesino y otros poemas.
            Sus restos se hallan en el cementerio-crematorio de Forest Hills a las afuera de Boston, ciudad en la que vivió, sufrió y amó, sintiéndose en todo momento fuera de lugar y una extraña para los demás y para sí misma, por su extrema sensibilidad que le hizo escribir sus propias intimidades que nunca fueron comprendidas ni aceptadas por sus coetáneos, sintiendo el rechazo en los demás, quizás los más próximos, que ella misma sentía hacia una vida que la desbordaba y de ahí  tuvo que vivir en ese equilibrio fatal siempre a caballo entre la dualidad vida/muerte, título de su poemario que le dio fama y el premio Pulitzer, aunque terminó venciéndola la muerte en la lucha que mantuvo en un difícil duelo que siempre supo que tenía perdido de antemano.