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domingo, 29 de abril de 2018

GERARD DE NERVAL

Gerard de Nerval




Continuando con la serie de “Escritores suicidas”, por el nexo trágico y común que tienen quienes decidieron poner, un aciago día, el punto y final a sus vidas por un sinnúmero de razones que no tienen todas que coincidir en cada suicida, aunque siempre es común algunas en esa fatídica decisión motivada, a veces,  por el desencanto, la soledad,  olas adicciones; o bien, los problemas personales, la frustración en sus carreras literarias y esas otras razones íntimas y secretas que no se puede, muchas veces, adivinar porque toda vida tiene siempre sus luces y sombras, y se puede ver las primeras y solo intentar llegar a vislumbrar las segundas.  Estas últimas son, precisamente, las que determinan, en muchos casos, el destino de cada ser humano, aunque en el caso de los suicidas, sea siempre una salida trágica de una vida que puede ser dramática en la intimidad, aunque permanece oculta a las miradas de quienes, después, se preguntan atónitos ¿por qué?

En esta ocasión, nos referimos al escritor francés Gerard de Nerval, poeta que fue ignorado en su época y que la posteridad lo ha consagrado como el principal poeta romántico en su lengua y un precursor relevante de la poesía contemporánea

Gérard de Nerval                
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Gérard Labrunie, verdadero nombre de Gerard de Nerval, nació en París, en 1808. Hijo de un médico, quedó huérfano de madre muy tempranamente, con tan solo dos años de edad, motivo por el que fue a vivir con su tío al pequeño pueblo de Mortefontaine, en los bosques de Valois, cuya estancia en tan idílico lugar le inspiró sus obras Sylvie (1853) y Canciones y leyendas de Valois.  

Regresó a París para vivir con su padre cuando contaba seis años, pero sin dejar de visitar Valois en las vacaciones. Cuando tenía catorce años marchó a París, ciudad en la que vivió de manera bohemia.

Comenzó a estudiar Medicina, pero abandonó dichos estudios. Siempre se sintió atraído por la literatura, por lo que en 1827 comenzó a traducir la obra Fausto de Goethe de forma muy personal y creativa, cuya labor le produjo una fuerte impresión y, desde entonces, su traducción la prefirió al texto original en alemán.

Por la traducción de Fausto, llego a conocer a los escritores como Goethe, junto con Hoffmann y Heine -con este último inició una gran amistad y del que tradujo poemas-, que le influyeron decisivamente. Conoció a Victor Hugo, asistió al estreno de Hernani, obra teatral de Víctor Hugo, estrenada en el Théâtre Français de París, el 25 de febrero de 1830. En dicha obra, su autor narraba la tragedia del bandido aragonés Hernani y su amante Doña Sol. En su estreno se inició la “batalla” que se produjo entre los románticos y los clasicistas. Gerard de Nerval fue uno de los organizadores de la célebre batalla. Dos años después, participó en los motines de 1832 y, por ese motivo de  escándalo público, ingresó en prisión en dos ocasiones.
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Realizó distintas actividades como aprendiz de imprenta, ayudante de notario y otros. Incluso, llegó a escribir varias obras dramáticas en colaboración con Alejandro Dumas, además de iniciar una gran amistad con Théophile Gautier, autor con el  que se reunía en el “club de los hachisianos” (club de los adictos al hachís)  y,  también,  se relacionaba con  Víctor Hugo.

Al haber recibido una herencia de 30.000 francos de oro, de su abuela materna, en 1834. El dinero recibido le permitió viajar a Italia y, cuando volvió a París , en 1835, se instaló en casa del pintor Camille Rogier, que reunía en sus salones el grupo de escritores románticos. Fundó Monde dramatique (Mundo dramático), revista costosa y de calidad en la que gastó todo su capital y lo dejó en la ruina, oir ki qye la vendió en 1836. En esa época se le veía por los lugares públicos vestido como un dandy y, como estaba muy interesado por el mundo del ocultismo, convirtió su casa en un centro de reunión de personajes relacionados con dichas actividades esotéricas.

Se trasladó a Bélgica con Theophile Gautier durante tres meses. Al finalizar el año, comenzó sus actividades periodísticas y firmó, por vez primera, como «Gérard de Nerval» en Le Figaro, nombre que le inspiró una pequeña propiedad de su familia.

Escribió la ópera cómica Piquillo, en 1837, motivo por el que conoció a la actriz y cantante Jenny Colon, de la que se enamoró apasionadamente y de quien se convirtió en un rendido admirador. Ella le inspiró  el personaje que aparece en Sylvie, las primeras de las novelas (nouvelles) que reunió en Las hijas del fuego.Volvió a verla en 1840, dos años antes de la muerte de ella, lo que le causó una gran conmoción.

En el verano de 1838 había viajado por Europa y había llegado a Alemania, que era su destino más soñado, junto a Dumas con quién firmó un contrato, y por Teófilo Gautier que había sido compañero suyo desde la época del liceo. En noviembre de ese año conoció a la pianista Marie Pleyel, en Viena que era discípula de Liszt

Los inicios de sus problemas mentales se pusieron de manifiesto e 1841, cuando le detuvieron desnudo, persiguiendo una estrella que, según decía, le guiaba hacia Oriente, lo que motivó que estuviera internado en la clínica del doctor Blanche, primero de los internamientos que se fueron sucediendo desde entonces, cuando comenzaron las alucinaciones que le acompañaron hasta su muerte.

Al salir de la clínica, su editor le adelantó dinero y con él pudo emprender el viaje a Oriente que era su mayor deseo. Estuvo un año y regresó para escribir Escenas de la vida Oriental (1851), que constituye una obra maestra del periodismo poético.

Posteriormente, tradujo a Heine, a quien había conocido personalmente, y  continuo sus viajes por  varios países de Europa: Bélgica, Holanda, Inglaterra y Alemania. En esa época ya había perdido su casa y no tenía domicilio fijo y carecía de objetos personales y de dinero. Realizó su último viaje a Alemania, país que le fascinaba, y publicó Las quimeras (1854), una serie de sonetos herméticos con los que consiguió ser considerado el precursor de Mallarmé y del simbolismo, cuya obra se convirtió en uno de los libros favoritos de los surrealistas más de cincuenta años después.

Los últimos años de su vida fueron los más prolíficos literariamente; aunque sufrió nuevos episodios psicóticos y fue internado por ese motivo.  Su colección de novelas cortas fue publicada en 1854, con el título de Las hijas del fuego, que incluía el relato Sylvie, anteriormente citado, de estilo clásico y temática genuinamente romántica. Publicó Aurelia o el sueño y la vida, en 1855, que mezclaba sueño y realidad y está considerada como una de las obras precursoras de la literatura moderna.

Si embargo, la muerte esperaba a Gerard de Nerval en el invierno de 1855. Un frío amanecer, un borracho encontró el cadáver de Nerval cubierto de nieve en el callejón de La Vielle-Lanterna (La vieja farola) ahorcado con su propio cinturón. Encontraron en sus bolsillos las últimas páginas de Aurelia, considerada su obra maestra, y que se publicaría póstumamente en ese mismo año, junto con las excelentes crónicas de La bohemia galante.

Ninguno de sus amigos aceptaba la teoría del suicidio, a pesar de las evidencias que así lo demostraban, pues afirmaban que Narval tenía proyectado un viaje a Grecia y que nadie se ahorcaría con el sombrero puesto. Sin embargo, el fallecido había dejado a su tía con la que vivía, una nota en la que le decía, en una evidente premonición de que la muerte le esperaba en una cita que sabía ineludible: “No me esperes esta tarde, porque la noche será negra y blanca”.

Tan negra como veía su propio futuro acosado por sus demonios interiores, y blanca por la fría nieve y la luz que, intuía, lo esperaba detrás del túnel, en el último tránsito a la otra orilla de la que ya no hay retorno, ni sufrimiento, ni dolor.


viernes, 31 de marzo de 2017

Jack London y el enigma de su suicidio


 Ana Alejandre                                                                                   
Jack London,, escritor

Siguiendo con el ciclo dedicado a los escritores suicidas, en esta ocasión se va a tratar del famoso escritor Jack London, de quien se duda si se suicidó o su muerte se debió a un exceso en la toma de morfina de forma accidental. Dicho opiáceo lo tomaba diariamente para combatir los fuertes dolores que sufría por la terrible uremia que padecía, aunque en sus biografías al uso se describe la causa de su muerte por suicidio. Sin embargo, han aparecido documentos fehacientes posteriores que ponen en duda tal suicidio y cambian la imagen que de London se tiene como un alcohólico y mujeriego sin remisión.

Antes de continuar, habría que determinar quién fue Jack London desde el punto de vista de su biografía compuesta de datos cronológicos y espaciales, para entrar, después, en lo relativo a su amplia obra.

Jack London, cuyo verdadero nombre era John Griffith, nació en San Francisco (California), el 12 de enero de 1876. Hijo de un astrólogo ambulante, al que la madre del escritor abandonó, poco después de su nacimiento. Se crió al lado de su padrastro, un droguero de Oakland, llamado John London, de ahí el apellido adoptado por el escritor que usaría en su carrera literaria y que fue lo único que recibió de su padrastro, ya que éste le obligó a trabajar siendo  todavía adolescente, lo que llevó al escritor a abandonar el hogar familiar para embarcarse en su primer barco,  entre otros muchos de su vida como hombre de mar.

Todavía en  plena adolescencia, adoptó el hombre de Jack. Realizó trabajos varios y todos ellos duros: pescador furtivo de ostras en la Bahía de San Francisco, navegó por el Pacífico en un barco dedicado a la caza de focas; se alistó al ejército de Kelly, formado por desempleados; formó parte de una patrulla marítima deteniendo a furtivos; vagabundeó por todo el país y, a los 19 años, regresó al hogar familiar para estudiar en el instituto. Fue en esa etapa de estudiante cuando contactó con los grupos socialistas y fue conocido como el chico Socialista de Oakland por su constante oratoria callejera. Fue candidato socialista en varias ocasiones para la alcaldía, aunque fracasó en todas ellas.

Fue en 1897 cuando London se embarcó rumbo a Alaska en busca de oro, pero después de muchas y arriesgadas aventuras, volvió al hogar familiar, enfermo y sintiéndose fracasado. Fue en la etapa de convalecencia cuando decidió dedicarse a la literatura para escribir novelas inspiradas en sus propias aventuras. Para ello, inició una etapa de formación intelectual, leyendo a autores tan dispares como (Kipling, Poe, Darwin, Stevenson, Malthus, Marx, Spencer,  y, sobre todo, la filosofía de Nietzsche), lo que hizo de London una extraña e ingenua mezcla de socialista y fascista, aunque parezca –y lo es- contradictorio, seguidor del evolucionismo de Darwin y siempre manteniendo incólume su espíritu aventurero.

En su imaginario destacaba el principio de lucha por la vida y de la supervivencia de los más fuertes, además de las doctrinas del superhombre, influido por sus lecturas de Nietzsche, así como un evidente racismo que le llevaba a proclamar la superioridad de la “raza anglosajona” sobre todas las demás, lo que después harían los nazis con respecto a los alemanes,  a quienes consideraba arios puros, siguiendo el pensamiento de Nietzsche, también, y su rechazo hacia los judíos. El ideario de London también tiene extremas convicciones racistas, aún más intensas que las de Kipling, autor al que leía ávidamente. Si la lectura de “El manifiesto comunista” de Karl Marx, fue decisivo para su conversión al socialismo, fueron las lecturas de Kipling las que le hicieron aceptar el racismo como parte de su ideario, en una constante contradicción que era consustancial a su carácter. Se puede definir a London como un hombre de acción, apasionado, vitalista, contradictorio, pero también como un hombre que, sin ser un intelectual, intuyó de que la literatura era su única vía de redención de todos sus excesos.

A esa conclusión lo llevó su azarosa vida a la que, sabía, le iba a ser imposible renunciar para dedicarse sólo a la vida solitaria de un escritor. Su destino parecía estar escrito por su propia naturaleza de hombre con físico de atleta aunque de mediana estatura, y con un cuerpo apropiado y hecho para la lucha. Sus ideas socialistas las mantuvo hasta su muerte y su radicalismo literario también, aunque entraban muchas veces en contradicción con su estilo de vida en el que el azar, la aventura y los excesos, tanto alcohólicos como sexuales, formaban parte de su  personalidad en la que no cabía la contención ni las medias tintas. Todo en él era excesivo, desbordado, incontrolable y, al mismo tiempo, con la llama de su pasión vital  siempre encendida, entusiasta de las experiencias vividas en plena naturaleza, por su indomable sentido de la libertad personal que le hacía buscar constantemente nuevos lugares de exploración de su curiosidad insaciable, de su deseo de vivir sin cortapisas. Lo intenta hacer todo: hacerse granjero en EE.UU, porque no le son suficientes los espacios interminables de Alaska, del río Yukón, de las nieves perpetuas donde moran lobos y perros, acompañando a seres humanos muy parecidos entre sí, en lo bueno y en lo malo. Esa constante búsqueda de nuevas experiencias lo llevará a construir barcos de vela para navegar por Hawai y sus islas, etapa ésta que es la más creativa y loca de su vida.

Las revistas empiezan a publicar sus relatos a partir de 1899, pero siguió siendo un escritor prácticamente desconocido. En 1900 publicó una colección de relatos que lleva el título “El hijo del lobo”, que le proporcionó un gran éxito popular. Pero fue desde la publicación de su primera novela “La llamada de la selva”, que data de 1903, obra dedicada al emotivo recuerdo de los perros que conoció en sus aventuras de buscador de oro en Alaska, novela que le lanzó a la fama. En ese mismo año publicó también “El pueblo del abismo”. Después, publicó “El lobo de mar “(1904), y terminó convirtiéndose en uno de los autores más conocidos y con mayores ventas de libros de Estados Unidos. Entre sus principales obras, también se cuentan “Colmillo blanco” (1906), un relato sobre la prevalencia de los más fuertes; “El talón de hierro” (1908), fábula futurista, lúcida y premonitoria de los fascismos que no tardarían en surgir, en la que describe los entresijos de un estado totalitario moderno; “Martin Eden” (1909),  obra en la que destaca su cariz autobiográfico, y que escribió a bordo de un lujoso yate que se hizo construir; y “El vagabundo de las estrellas” (1915), una serie de historias  con el nexo común de la reencarnación y las infinitas posibilidades que ofrece la imaginación  y la capacidad de soñar del ser humano.

Pero al mismo tiempo que crece su prestigio en todo el mundo, aumentan también sus excesos que se traducían en continuas juergas con amigos y mujeres que duraban semanas;  lo que, unido a sus inversiones desastrosas por su falta de conocimiento del mundo empresarial, lo van abocando a la ruina y al deterioro físico más evidente.

Ese deseo inextinguible de vivir nuevas experiencias le hace embarcarse en negocios ruinosos: comunas, fábricas, grandes extensiones de terreno para criar centenares de cabezas de ganado o crear exóticas plantaciones. Todo es un completo fracaso, incluso el castillo que quería construir y que el fuego devoró en un incendio pavoroso que podía tener como causa alguna de las muchas juergas de London y sus amigos que celebraran en dicho recinto. A pesar de sus ruinosos negocios, sigue siendo un gran escritor que dedicaba las primeras horas de la mañana para escribir sin desmayo sus narraciones que le dan fama universal y montañas de dinero que dilapida con la misma rapidez que las gana.

Fue en el transcurso de este corto plazo de quince años, cuando se convirtió en un escritor de “best –sellers”, pero era menospreciado por la crítica que sólo le reconocía un “talento natural para la narración”, pero no lo consideraba un escritor merecedor de estar en la historia de la literatura; sólo lo veía acorde con las figuras de Julio Verne, Emilio Salgari o Zane Grey, es decir, escritores de narrativa destinada al público juvenil, aunque era el escritor mejor pagado de los Estados Unidos, por entonces. Su éxito despierta envidia y desprecio en los escritores y críticos “puristas”.

La obra  más importante de Jack London se desarrolla en la frontera de Alaska, territorio en el que se puede vivir bajo las duras leyes de la Naturaleza y la del ser humano que queda a merced de sus propios y bajos instintos casi salvajes.

Obra marítima de Jack London
Sin embargo, otra buena parte de su literatura tiene un escenario muy distinto y lejano del anterior, ya que se desarrolla en los lejanos y exóticos Mares del Sur.
Sus relatos del mar  reflejan su visión del mundo marítimo al que define como un medio en el que se mezclan la belleza, la dureza y la violencia necesaria para sobrevivir en él.
La más importante  y conocida obra marítima de Jack London es  “El lobo de mar” (1904), una de sus primeras obras, como ya se expuso anteriormente. La novela  narra la experiencia de un intelectual de clase acomodada, Humphrey Van Weyden,, quien sufre un naufragio en la bahía de San Francisco y es rescatado por una goleta foquera, al mando del capitán Lobo Larsen. Este, rehúye llevar a tierra al protagonista, lo que le obliga a trabajar en el barco para sobrevivir varios meses en condiciones extremas de dureza, hasta que finalice la campaña de caza de focas.
Se nota en esta novela, especialmente en su inicio, la influencia de las muchas lecturas de Kipling que hizo London, ya que aparecen ciertas similitudes en la primera parte con la novela “Capitanes intrépidos” de aquel, que también narra una situación similar: la de un hombre con una gran fortuna que es rescatado por un barco en el que se siente obligado a trabajar duramente, lo que le hace reflexionar sobre su anterior vida en un mundo tan lejano y diferente al que lo rodea en el barco, y a las relaciones humanas que mantenía en su mundo exclusivo y elitista. A partir de ese inicio o planteamiento de la narración, desaparece la similitud con dicha obra que es mucho más optimista en su desarrollo y desenlace que la obra de London, ya que éste muestra a las claras y sin ambages la crueldad, la dureza y la inhumanidad de la vida en el barco foquero, encarnadas en su capitán, el cruel y temible Lobo Larsen, que es el verdadero protagonista de la novela, aunque aparentemente y en teoría, debería serlo Humphrey Van Weyden, el náufrago rescatado por aquél.
Estos dos personajes son la encarnación de dos filosofías vitales distintas y encontradas. Larsen viene a representar la teoría del superhombre de Nietzsche –otro autor tan leído e influyente en la vida y obra de Jack London-, en cuanto que representa al hombre brutal, egoísta, amoral, aunque también es inteligente, instruido y físicamente muy bien dotado, pero sus dones se vieron limitados por su oscuro origen social que le ha marcado y limitado en sus logros. Por el contrario, Van Weyden representa el polo opuesto, es decir, el idealismo, la vida intelectual sin asomo de esfuerzo físico, la vida acomodada y sin dificultades materiales y, sobre todo, las creencias cristianas de la supervivencia espiritual después de la muerte y la confianza en la bondad intrínseca del ser humano que las duras experiencias vividas en el barco le niegan. En esta relación entre ambos,  hay quienes ven ciertos matices de una supuesta atracción erótica homosexual.
Ambos hombres, a pesar de sus diferencias personales tan acusadas, comparten, sin embargo, largos ratos de charla, en los que hablan especialmente de literatura y filosofía y, sobre todo, discuten de esos temas. Todo ello se incardina en una narración en la que abundan sucesos violentos en el barco, desde las tormentas en alta mar, hasta los naufragios; y desde los motines hasta los asesinatos, producidos en las violentas peleas, cuando no las huídas y persecuciones.

 Y como personaje insólito en la novela, está la figura de una mujer llegada a bordo que pone a prueba a los dos hombres y  pone en evidencia lo peor y mejor de ambos, como contraste. Incluso, se advierte en esta novela una obsesión por el ideal de masculinidad que tiene gran parte de los escritores norteamericanos y que no podía faltar en London, y de la que se hicieron eco, también escritores posteriores como Hemingway y Kerouac, este último muy influenciado por London y  que sería, años más tarde, el símbolo de una generación con deseos de libertad y aventuras; además de Hemingway que, también, fue otro símbolo para la generación Beat, cuyos miembros estaban siempre a la búsqueda de nuevos horizontes vitales.

Esta novela, “El lobo de mar”, mezcla sabiamente la literatura de aventuras, pero, también, la literatura de reflexión filosófica novelada sobre temas importantes y constantes en su planteamiento para el ser humano, como son los binomios bien-mal, vida-muerte, bondad-crueldad, o debilidad-fortaleza.
Jack London supo salir indemne de muchas de sus aventuras en territorios hostiles, pero no pudo, o no supo, encontrar salvación para sí mismo. Con sólo 40 años, alcoholizado y horrorizado por los delirios que provoca el alcohol,  y después de calcular la dosis de morfina y atropina que pondrían fin a su vida, murió el 22 de noviembre de 2016, en su lujoso rancho. Su esposa obligó a los médicos que firmaran el certificado de defunción, aduciendo muerte natural. Sólo uno de los galenos accedió a firmarlo, y la duda sobre la causa de su muerte, de si había sido premeditada o accidental, sigue estando vigente.

Había publicado 50 libros, entre los que hay varias obras maestras, y todo hace indicar que su última y definitiva obra fue su propio suicidio, como manifestación de su libertad personal y de su deseo de vivir otra y definitiva experiencia personal y de su particular visión de la vida. Lo hizo en el preciso instante en el que su "vida dejó de ser ávida de vida".  De esta forma fue coherente con una frase dicha por el propio London, como un axioma vital, al afirmar un derecho inalienable del  hombre que define como “el de adelantar el día de su muerte”.

Todo en la vida de London rezumaba desmesura, exceso, contradicción y rechazo a los límites. Eso le llevó hasta la propia muerte a la que, quizás, no quiso esperar y prefirió salir a su encuentro, para enfrentarse a ella, cara a cara, con igual valor y determinación que había vivido. Para él la vida era una lucha constante en la que todo ser humano demuestra lo que vale, sin excusas, sin vacilaciones y sin temor a salir vencido. La mayor derrota para un hombre así, es la incapacidad para enfrentarse al propio destino. Él supo aceptar el suyo hasta las últimas consecuencias. Él supo aceptar el suyo hasta  el último momento y dejó tras de sí una obra como legado al mundo de su talento narrativo y de su propia visión de la vida como la mayor y mejor aventura.

domingo, 31 de julio de 2016

Ernest Hemingway, un escritor que vivió intensamente

Ana Alejandre                                                                             
Ernest Hemingway
Siguiendo con el ciclo de los escritores suicidas, Ernest Miller Hemingway (Oak Park 21 de julio de 1899 - Ketchum, Idaho, 2 de julio de 1961), ocupa un puesto principal.  Su obra es un referente obligado dentro de la literatura norteamericana del siglo XX, por su gran influencia en escritores de generaciones siguientes, debida a su estilo inigualable en el que  la sobriedad y concisión tienen un papel relevante; así como por el retrato que hace de la época en la que vivió  y que abarca más de la mitad del pasado siglo. La mayor parte de la obra de Hemingway fue escrita durante las tres décadas que van desde 1920 a 1950.       
Su primer trabajo fue de periodista en el Kansas City Star, al finalizar los estudios secundarios.  Después, en 1918, se alistó voluntario como conductor de ambulancias, durante la I Guerra Mundial, en la que fue gravemente herido, por lo que regresó a su hogar tres meses más tarde, y cuyas experiencias bélicas le sirvieron de inspiración para su novela Adios a las armas, obra que no fue publicada hasta 1929, A partir de entonces, siguió con su trabajo periodístico y fue en 1921, cuando contrajo matrimonio con Hadley Richardson, con quien marchó a París para trabajar allí como corresponsal extranjero.
En París recibió una gran influencia de los artistas de las distintas vanguardias modernistas que formaban parte de la extensa comunidad de exiliados de diferentes países, a cuyo conjunto se le conoce como la Generación Perdida de la década de los 20. Fue entonces cuando conoció a Pablo Ruíz Picasso, James Joyce, Gertrude Stein y Enrad Pound, entre otros muchos nombres famosos. Su primera novela “Fiesta”la publicó en 1926, que cuenta la historia de un grupo de norteamericanos y británicos, miembros de la llamada "generación perdida", que van y vienen sin rumbo fijo por España y Francia. La crítica considera a esta novela como una de las más logradas estilísticamente de este autor.
Después del fracaso de su primer matrimonio que finalizó en divorcio, en 1927,volvió a  contraer segundas nupcias con Pauline Pfeiffer, después del regreso de Hemingway de España, donde había sido corresponsal de guerra durante la Guerra Civil Española desde marzo de 1937, matrimonio que también terminó en una nueva separación, Su corresponsalía era del North American Newspaper Alliance (NANA), y llegó a España acompañado del cineasta holandés Joris Ivens que estaba rodando la película Tierra de España y le había ofrecido a Hemingway que se hiciera cargo del guión, por el abandono de John Dos Passos, después de que los republicanos hubieran detenido y ejecutado a su amigo Rafael Robles, profesor y traductor español, que había traducido a Dos Passos y con el que mantenía una estrecha amistad desde que se conocieron en Madrid, en 1916. Este luctuoso hecho le hizo cambiar su opinión a Dos Passos sobre la facción republicana. A partir de entonces, hubo un gran distanciamiento entre ambos escritores por acusar Hemingway a Dos Passos de haber abandonado España por cobardía.
En 1929 publicó “Adiós a las armas”, una historia sentimental y con trasfondo bélico, situada espacialmente en Italia durante la guerra, inspirada en sus experiencias durante la I Guerra Mundial como camillero.
Durante su estancia en España estuvo acompañado por  la periodista Martha Gellhorn a la que había conocido en la Navidad de 1936, en Cayo Hueso. El conflicto bélico español le inspiró su novela “Por quién doblan las campanas”, novela publicada en 1940 y que obtuvo un gran éxito de ventas y fue llevada al cine. Después de ello, contrajo su tercer matrimonio, esta vez con Martha, tras un doloroso divorcio de su segunda esposa, Pauline, aunque esta nueva unión también estaba abocada al fracaso. Se separaron años más tarde, cuando conoció a Mary Welsh en Londres, durante la Segunda Guerra Mundial. Hemingway asistió como corresponsal al desembarco de Normandía y a la liberación de París.
Además de sus obras ya mencionadas, publico otros títulos que fueron: “Tres relatos y diez poemas2 (1923), “En nuestro tiempo” (1924) y “Hombres sin mujeres” (1927), que comprende el emblemático relato "Los asesinos". En este cuento se advierte el peculiar estilo de Hemingway que tanto influyó en varias generaciones de escritores. Su técnica narrativa se basa en la utilización de diálogos coros que van creando una atmósfera de suspense implícito, pues los hechos narrados no muestran toda la inquietante realidad que subyace oculta debajo de la mera apariencia. El autor definía esta técnica narrativa con el símil del témpano de hielo que sólo deja visible una pequeña parte de su volumen mientras la mayor permanece oculta bajos las aguas.        
Además del cuento mencionado, escribió otros que también consiguieron una gran aceptación por la crítica y el público como son los títulos: "Un lugar limpio y bien iluminado", "La breve vida feliz de Francis Macomber", "Las nieves del Kilimanjaro", "Colinas como elefantes blancos", "Un gato bajo la lluvia" y muchos más. En los relatos mejores de Hemingway se advierte la presencia de un elemento simbólico muy sutil sobre el que está construida la historia ,a modo de metáfora, que el autor va desarrollando en la realidad narrativa.
En su obra se advierte siempre, como telón de fondo, el enfrentamiento de un héroe moderno con la muerte, aunque sometido a un código de honor, por lo que sus protagonistas siempre son hombres  con una vida dura y peligrosa, como son los boxeadores, soldados, toreros, matones, cazadores y, en general, hombres de acción. Por lo tanto, existe en su obra una evidente nota de romanticismo del siglo XX, en el que se conjugan la acción, el amor, el sentido del honor y del deber, el escepticismo y la nostalgia de aquello que quedó atrás, irremediablemente, como puede ser el tiempo pasado y los seres o lugares ya perdidos
Los temas principales en este escritor son la muerte y el amor y, por ende, las mujeres a las que cataloga sólo en dos grupos: las castradoras y las esclavas del amor. Se le acusó durante muchos años de ser un escritor “machista” por su visión de la relación hombre-mujer, con patrones o roles muy definidos y a los que se podría llamar “tópicos”. También se acuso a Hemingway  de homófobo, misógino y racista.
 Los personajes de sus obras, héroes modernos como ya se ha dicho anteriormente, no son seres que aman el riesgo y la muerte per se, sino que el tipo de vida que llevan es una forma solitaria, pura y genuina, de reconocimiento del valor de la vida y, en algunas ocasiones, la muerte es siempre un sacrificio para salvar otras vidas, hecho que redime la propia muerte. Sin embargo, otros personajes de Hemingway ofrecen el contrapunto de este tipo de héroe moderno, encarnados en el antihéroe, del que sirve de ejemplo su famoso personaje Nick Adams, inspirado en la juventud del propio autor. Este aparece en algunos de sus relatos y sirve de nexo de unión entre esas historias diferentes, pero a las que les confiere un hilo narrativo común que las convierte en diferentes episodios de una misma línea argumental.
 Hemingway, en su obra, refleja la influencia del cuento norteamericano del siglo XIX, pero depura esa raíces literarias, dotándolas de una atmósfera de realismo cotidiano, pero también poético, que tuvo una gran influencia en otros escritores que siguieron, más tarde, el camino trazado por Hemingway, como es el caso de R. Carver, entre otros muchos.
 Además de los relatos, Hemingway fue también autor de muchas novelas que son más conocidas que aquellos, aunque se les considera menos conseguidas desde el punto de vista estilístico. Además de las ya mencionadas, escribió “En tener y no tener” (1937), obra en la que critica ferozmente las injusticias sociales y económicas y que fue la única que escribió en la década de los 30.0
 Publicó “El viejo y el mar”,  en 1952, una de las historias más hermosas y conocidas que se han escrito sobre el mar y la lucha del hombre contra este elemento. Su protagonista es un modesto pescador de la Habana, ciudad en la que vivió y escribió muchos años el propio Hemingway, pero también conoció en ella la lucha contra la Naturaleza exuberante del Caribe, pues era aficionado a la pesca y a la caza que practicaba con asiduidad. Tenía un barco con el que le gustaba salir a  navegar y pescar, al que llamaba Pilar.
 El protagonista, Santiago, aunque todo el mundo le llama El viejo, es un pescador de edad avanzada que no ha conseguido pescar nada en 84 días. Un día muy temprano decide salir a pescar al mar en soledad, donde consigue pescar a un enorme pez espada, con el que sostiene, durante tres días, una esforzada y dura batalla para conseguir pescarlo. Durante ese tiempo, Santiago recuerda su vida, especialmente en los años en los que conseguía, sin mayores dificultades, una gran pesca. Recuerda, también, a Manolín, un joven que le ayudaba a pescar hasta que sus padres le prohibieron que saliera a pescar con  El viejo por la larga racha de mala suerte en la que no conseguía pescar nada. Sin embargo, el chico siempre estaba dispuesto a ayudarlo, pues El viejo erá su maestro y quien le enseñó los secretos de la pesca.
 Santiago, cuando ha conseguido pescar al pez espada, lo ata al lado de su barca y lo intenta llevar hasta el puerto, pensando en lo mucho que podrá valer y en la gran cantidad de personas a las que puede alimentar. Pero, la mala suerte se ha cebado de nuevo en él y unos tiburones, atraídos por la sangre de la presa, siguen al bote y terminan devorando un cuarto de pez espada, aunque El viejo puedo matar a uno de ellos. Los tiburones vuelven al ataque y siguen devorando al pez espada y Santiago consigue matar a otros cinco. Cuando llega la noche ya han comido casi toda la carne del pez espada, del que sólo queda la espina dorsal, la cola y la cabeza. Cuando llega a puerto, deja en la orilla su bote con el resto del pescado, mientras se va a su cabaña a descansar por encontrarse agotado, herido y hambriento. Los pescadores y turistas, al día siguiente, quedan asombrados por la enorme dimensión del pez espada del que sólo quedan las espinas. Manolín, al verlo, siente pena por haberlo dejado pescar solo y le promete acompañarle en el futuro, sin  hacer caso de lo que digan sus padres.
 Por esta novela obtuvo, en 1953, el Premio Pulitzer  y el Premio Nobel de Literatura de dicho año por el conjunto de su obra. Algunos estudiosos consideran a esta novela la culminación de la obra de Hemingway, pues en ella se aúnan el humanismo (en cuanto  a la lucha denodada del protagonista para combatir y ganar a  su mala suerte sin escatimar esfuerzo alguno, sobreponiéndose a todos los infortunios) y la sobriedad estilística. Sin embargo, otros críticos piensan que esta no es la mejor obra de este autor, porque en ella se advierte una cierta intencionalidad didáctica.          
Sin embargo, el final de Hemingway fue paralelo al de muchos de sus protagonistas, como otro héroe moderno más.  Al final de su vida llena de aventuras, cuando se sintió cansado, enfermo y profundamente deprimido, se suicidó como lo hicieron algunos de sus personajes: disparándose con una escopeta de caza, herramienta útil para él, tan aficionado a la caza y al contacto con la Naturaleza.
 En la familia de Hemingway ya había antecedentes. Su padre se suicidó y sus dos hermanos, Leicester y Ursula, también lo hicieron después de morir el escritor; así como, treinta y cinco  años más tarde, lo hizo su nieta, Margaux. Parece ser que todos padecían la enfermedad genética llamada hemocromatosis, que es una incapacidad para metabolizar el hierro, lo que provoca un grave deterioro físico y mental. Además, Hemingway había sido un gran bebedor durante toda su vida, lo que le había acarreado un gran número de problemas médicos.
 Su muerte por suicidio, su vida aventurera y su obra de estilo inigualable, lo convirtieron en un  mito de la literatura norteamericana contemporánea, con resonancia en todo el mundo.
Hemingway había declarado muchas veces que su experiencia periodística le había influido en su obra, tanto estilística como estéticamente. Por ello, siempre escribió frases directas, cortas, contundentes y duras, omitiendo todo aquello que no fuera necesario y no significativo.
 Su estilo no sólo influyó en los novelistas de generaciones siguientes, sino también en los reporteros y corresponsales posteriores que tomaron como referente su forma de hacer periodismo.
                                                               

miércoles, 17 de febrero de 2016

Malcom Lowry, el escritor que bajó a los infiernos



Malcom Lowry,
Continuado con  el ciclo de escritores suicidas, en esta ocasión protagoniza este espacio la figura de Malcolm Lowry (Cheshire, 28 de julio de 1909 - 26 de junio de 1957), poeta y novelista inglés. Hijo de un próspero comerciante en algodón, miembro de la iglesia metodista  y puritano, y de una madre distante por cuestiones de salud a la que siempre alude Lowry con profunda emoción y ternura a pesar de que se crió entre nurses, niñeras e institutrices que nunca pudieron llenar el vacío de la ausencia emocional de su madre. Su rebeldía estuvo marcada por la rigidez puritana del padre y la ausencia afectiva de la madre que crearon así la rebeldía del escritor desde sus primeros años, sobre todo a partir del momento en el que fue internado en un colegio cuando sólo tenía siete años.
Ante el enigma que representa todo suicidio, cabe preguntarse qué fue lo que llevó a este escritor que tuvo en su atormentada vida dos pulsiones a las que se entregaba denodada y apasionadamente desde muy temprana edad: la literatura y el alcohol, en un orden que podía ser alternativo, según el periodo de su vida que se tratara.
Su inquietud le llevo a abandonar sus estudios de filosofía en Cambridge, después de graduarse en la Leys School y en St. Catharine's College de Cambridge, en 1931  para enrolarse como marinero, trabajo que le permitió viajar mucho, llegando hasta el Lejano Oriente, lo que le inspiró su primera novela Ultamarina (1934), inspirado  en un viaje que hizo a Shanghái y Yokohama, a bordo del carguero Pyrrus,
A lo largo de su vida residió en EE.UU. México, Canadá e Italia. Después, se instaló en Francia y en dicho país contrajo matrimonio con la estrella de Hollywood, Jan Gabrial, en 1934, la que fue su primera esposa con la que mantuvo un matrimonio tormentoso que atravesó por diversas rupturas, la primera de las cuales le obligó a seguir a su esposa hasta Nueva York, ciudad en la que ingresó en el Hospital Bellevue, en 1936, por su problema de alcoholismo. Después, la siguió hasta Hollywood, en donde comenzó a trabajar como guionista.
Más tarde, el matrimonio se instaló en el Hotel Casino de la Selva de Cuernavaca, México, a finales de 1936, en un fallido intento de salvar su relación; pero no pudieron superar sus problemas conyugales y su esposa lo abandonó a finales de 1937, por lo que Lowry quedó solo en Oaxaca, lo que le llevó a un declive total en su alcoholismo y a una etapa de autodestrucción que motivó en la deportación a Inglaterra.
Sin embargo, a pesar de su alcoholismo inmisericorde, supo transformar  sus demonios interiores en fuente de inspiración que nutrió su rutilante carrera literaria, aunque plagada de accidentes y pérdidas de manuscritos, en la que se advierten los ecos de la influencia de Melville y Joyce en sus obras novelísticas, entre las que destacan títulos como Bajo el volcán, 1947,-un clásico de la literatura contemporánea universal y una de las obras más importantes del siglo XX-; Lunar cáustico, 1963; Oscuro como la tumba donde yace mi amigo, 1968, y Piedra infernal, novela inspirada en cierto episodio autobiográfico; sin olvidar su  excelente obra poética, de la que es ejemplo El trueno más allá del Popocatépetl,  y epistolar, reunida esta última con el título El viaje que nunca termina. Correspondencia (1926-1957).
            Se trasladó a Canadá, en 1939, y contrajo matrimonio con su segunda esposa, Margerie Bonner, actríz y escritora. El matrimonio vivió en una playa cerca a Dollarton, en la Columbia Británica, en una cabaña en la que no sólo vivían sino que también les servía de refugio para escribir.
            Lowry dejó inconclusa una gran cantidad de manuscritos, a pesar de que publicó poco durante su vida. S propia biografía sirve de base a varias de sus obras, en las que se pone de manifiesto el método que empleaba como armazón de su escritura que constituía con elementos autobiográficos y después ir completándolo con sucesivas capas de gran complejidad y simbolismo. Sirve de ejemplo su obra Bajo el volcán en la que se presenta una red de relaciones destructivas, protagonizada por el trasunto del propio Lowry, el alcohólico Geoffrey Firmin, excónsul británico en Cuernavaca, ciudad en la que transcurre la novela, en el año en que el Presidente Cárdenas nacionalizó el petróleo de las compañías británicas y estadounidenses, en 1938. Novela que plasma la experiencia tenebrosa del protagonista, en el Día de todos los muertos de 1938, durante la borrachera de mezcal en la que todos los demonios interiores del protagonista suben a la superficie para hacerle bajar a los infiernos mentales del delirio alcohólico. La novela pudo publicarse gracias a la buena labor del editor Albert Erskine, fiel amigo de Lowry y ferviente admirador de su obra y talento.
Lowry seguía bebiendo con su exceso habitual, aunque esta etapa de su vida fue para él principalmente tranquila y productiva literariamente que duró hasta 1954, año en el que comenzó de nuevo otra etapa nómada en la que el matrimonio realizó diversos viajes a Europa, Estados Unidos y el Caribe.
Lowry siempre mantuvo una constante búsqueda de padres sustitutos que compensaran la ausencia que siempre tuvo de esas dos figuras principales en la vida de todo ser humano para poder llegar a crecer y madurar con equilibrio. Ello le llevaba a buscar la compañía de escritores de mayor edad que pudieran ser sus mentores y le orientaran en su ansiada carrera literaria, contrapunto necesario a la figura paterna que sólo era la fuente monetaria que le proporcionaba los recursos materiales necesarios. Para él su infancia sólo era el recuerdo de un período doloroso en el que se sintió  aquejado de diversas enfermedades, quizás como reacciones psicosomáticas ante la ausencia emocional de sus progenitores que sólo eran unas figuras  ausentes y frías en su escaso trato.
            Eso le llevó siempre a buscar en las mujeres a la figura de la madre-amante, según decía su primera esposa, Jan Gabrial; o a la figura de "la mártir", a la que representaba Margerie, su segunda esposa, que era la representación del amor añorado de su madre ausente. Quizás, por ese motivo, los dos matrimonios estuvieron abocados al fracaso, a lo que se sumaba su alcoholismo y sus instintos que basculaban entre los del suicida al homicida. Los médicos le aconsejaban a Margarie que lo dejara, por el peligro que corría ella, si es que antes de agredirla no se suicidara Lowry, lo que al final hizo, eligiendo así la propia destrucción antes que la de otro ser humano.
Lowry era aficionado a todo aquello relacionado con el deporte, el mar, los barcos, las mujeres y, sobre todo, el alcohol y la literatura que eran, estas dos últimas, sus verdaderas pasiones.
Sus excesos alcohólicos y su propia angustia fueron el detonante de su suicidio, con la ayuda de una gran ingesta de barbitúricos mezclados con alcohol,  para poner fin así a ese infierno interior en el que no encontraba paz, aunque su talento seguía intacto, pero quizás el propio Lowry era quien menos creía en su capacidad creadora  y en su  posible redención.
Lowry falleció el 26 de junio de 1957, en la villa de Ripe, Sussex del Este, en la que residía con su esposa.
            El resto de sus obras fue publicado  póstumamente: una colección de historias cortas, Escúchanos, oh Señor, desde el cielo tu morada (1961), las novelas Oscuro como la tumba donde yace mi amigo (1968) y Ferry de octubre a Gabriola (1970). Poemas selectos (1962) , publicaos por el poeta Earle Birney, y éste y Margerie Bonner Lowry, la viuda de Lowry, publicaron conjuntamente Lunar Caustic (1968).
            Malcom Lowry tuvo siempre una vida azarosa, autodestructiva, atormentada, inestable, apasionada y, sobre todo, dramática; acosado por aquellas carencias afectivas, su propia inseguridad, su dipsomanía y su búsqueda  en otros de esas dos figuras paternales irremplazables que, en su ausencia, le marcaron irreversiblemente con el sello de la angustia, la soledad y la negación de su propia identidad que es, quizás, la que buscaba siempre afanosamente en el fondo de un vaso de alcohol, para reconocerse y sentirse reflejado en su propia imagen de hombre derrotado.

lunes, 31 de agosto de 2015

Escritores suicidas: Virginia Woolf

Virginia Woolf, escritora y crítica literaria 
Virginia Woolf


Ana Alejandre


Siguiendo con la serie dedicada a los escritores suicidas, en esta ocasión vamos a tratar de una escritora, Virginia Woolf, considerada una de las renovadoras de la novela moderna junto a figuras como son James Joyce, Franz Kafka o Thomas Mann.

Virginia Woolf (1882-1941), novelista y crítica británica, se hizo famosa por su depurada técnica del monólogo interior de los personajes en el que intentaba plasmar los pensamientos e ideas que provienen del subconsciente, y por su exquisito estilo poético que fueron sus principales aportaciones a la novela moderna.

Su verdadero nombre era Adeline Virginia Stephen, hija de sir Leslie Stephen, distinguido crítico, biógrafo, filósofo e historiador, Por ese motivo Virginia se educó en un ambiente culto y refinado, frecuentado por literatos, artistas e intelectuales. 

A raíz de morir su padre, en 1905, se trasladó a vivir con su hermana Vanessa –quien se casaría más tarde con el crítico Olive Bell- y sus dos hermanos, en el barrio londinense de Bloombury, lugar que se convertiría en lugar frecuentado por librepensadores, y antiguos compañeros de estudios de sus hermanos, entre los que se contaban intelectuales de renombre como eran, el economista J. M. Keynes y los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, y el escritor E. M. Forster, entre otros, además del propio Olive Bell, quien sería su cuñado, y el economista Leonard Woolf con quien contraería matrimonio Virginia, en 1912, y adoptaría a partir de entonces su apellido. Grupo sería conocido después como el grupo de Bloomsbury. Los miembros del mismo tenían como nexo común en el plano intelectual la búsqueda del conocimiento y del placer estético, a la que consideraban como el fin más elevado al que pueda aspirar el ser humano, además de hacer gala todos ellos de un patente anticonformismo político estético y moral.

En 1917 fundó junto a su marido la editorial Hogart.Press, editorial que publicaría la que editó la obra de la propia Virginia y la de otros famosos escritores, como T. S. Eliot, Katherine Mansfield, o S. Freud. Sus primeras novelas fueron Fin de viaje (1915) , Noche y día (1919) y El cuarto de Jacob (1922), en las que se hace patente la decisión de la autora de romper con las normas narrativas de la novelística inglesa anterior, sobre todo en lo relacionado con la hasta entonces obligada sujeción al argumento de los personajes y actos, y la correspondiente descripción de ambientes y personajes de la trama que era obligada, técnica narrativa que se encontraba así encorsetada en dicha estructura rígida y fijada por los cánones literarios anteriores. Estos primeros intentos de novedosa técnica narrativa no recibieron apenas atención por parte de la crítica.

Fue a partir de la publicación de sus novelas siguientes La señora Dalloway (1925) y Al faro (1927), esta última novela considerada clave del modernismo y de consagración de su autora en la nueva novela del siglo XX, además de estar considerada como su obra más autobiográfica, cuando consiguió el reconocimiento de la crítica que alabó la originalidad de su obra y sus recursos narrativos en los que la vida interior de los personajes es determinante para conseguir los efectos psicológicos gracias al uso de imágenes, metáforas y símbolos más cercanos a la poesía que a la narrativa. Todo la narración de cada una de sus obras se haya impregnada de la exposición de las emociones, ideas y sentimientos de los personajes que expresan, a través de un continuo monólogo interior que les concede tanto a los seres que habitan en esas obras como a las circunstancias normales y cotidianas, un matiz singular que los convierte a unos y otras en seres y sucesos extraordinarios.

Ese interés proustiano por el tiempo y su devenir que tanto la influencia, se aprecia en la obra La señora Dalloway que transcurre en un lapso de tiempo de doce horas que se manifiesta en los continuos cambios que se van produciendo en el interior de los personajes y en su percepción que tienen ellos mismos, de quienes los rodean, y de su propios y personales mundos multifacéticos.

Las siguientes obras ofrecen un estilo más afianzado y personal como son Las olas (1931) que es la que ofrece un estilo más sutil y depurado y presenta los continuos cambios en la vida interior de seis personajes, al igual que los flujos y reflujos del oleaje se producen esas oleadas preconscientes en la conciencia de aquellos, que van expresando en un lenguaje que nada tiene que ver con el tradicional y lógico de obras más convencionales, y de ahí su título; y Orlando (1928) que está inspirada en la vida de su amiga Vita Sckville-West, también escritora, en la que la historia está aureolada de fantasía y su protagonista vive cinco siglos de la historia inglesa, pero, a su vez, es un agudo análisis del sexo, la identidad y la creatividad. 

En su obra se advierte la desaparición del argumento, la acción y la correspondiente intriga en el desarrollo de la trama, por lo que sus narraciones se basan y justifican en el deseo de mostrar la vida anímica, psicológica y mental de los personajes, en un continuo cambio que provoca la inquieta vida interior y la siempre inaprehensible conciencia.

Se advierte en su narrativa una fuerte influencia del filósofo francés Henri Bergson, así como del escritor francés Marcel Proust, como se dice anteriormente, que la inclinó hacia profundizar en la idea del tiempo y sus múltiples vericuetos, así como de su propio marido, Leonard Woolf.

Virginia Woolf no sólo escribió obras de narrativa, sino también biografías: una desenfadada narración de la vida de los Browning, cuyo narrador es su perro (Flush); y, otra, sobre el crítico Robert Fry (Fry). Además, escribió ensayos y en estos mostraba su preocupación por la condición femenina y el necesario apoyo social para construir y afianzar la identidad de la mujer, además de defender la aportación de la mujer escritora en su obra Una habitación propia (1929). 

Otros elementos valiosísimos para poder llegar a conocer a esta escritora son su correspondencia y diarios que fueron publicados después de su trágica muerte y que sirven de objeto de estudios tanto para los estudiosos de su obra como para los lectores que deseen conocer mejor la subyugante personalidad de esta escritora.

Además de su obra de narrativa, ensayística y biográfica, fue una respetada crítica literaria. También fue una constante defensora de la condición femenina y las relaciones de la mujer con el arte y la literatura, tema que fue motivo de reflexión en algunos de sus ensayos, entre los que destaca, por la importancia que tuvo después para los movimientos feministas, Una habitación propia (1932) antes citado. También su obra de narrativa estuvo inspirada en el tema de la identidad femenina como es el caso de la enigmática obra Orlando (1928), en la que la condición masculina y femenina se confunden en la figura del noble protagonista que posee el extraño poder de transformarse en mujer a su voluntad y volver a su condición masculina según su deseo.

Algunas de sus obras han sido llevadas al cine y su propia vida también protagonizada por Elizabeth Taylor y Richard Burton, en la que se ofrece la tormentosa relación del matrimonio Woolf, aunque no parece reflejar la realidad vivida por Virginia y su marido, sobre todo después de leer su correspondencia y la carta que dejó explicando su deseo de morir.

El 29 de marzo de 1941, en plena crisis de la enfermedad mental que padecía desde hacía años, quizás manifestada a raíz de la prematura muerte de su madre cuando Virginia sólo tenía trece años, y por la que había sido ingresada en varias ocasiones a lo largo de su vida, salió de su casa de campo y desapareció hasta que fue encontrado su cadáver , días después, en el río Ouse en el que había muerto ahogada en un deseo de acabar con su vida, tal como dejo escrito en unas cartas dirigidas a su marido y a su hermana, explicando los motivos. No era la primera vez que lo había intentado, pues días antes había regresado a su casa con la ropa mojada y con la excusa de que había caído en el río accidentalmente. Ese día, quizás, no tuvo valor para llevar a cabo su letal propósito que consumó días después.

El motivo de su suicidio está explicado en su carta de despedida a su marido con el que no tuvo hijos por decisión de la pareja ante los problemas mentales de la escritora, quien fue diagnosticada de trastorno bipolar. Su carta es expresiva y clarificadora al respecto, pero es mejor que la escritora lo explique:

"Querido:
Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.

V."

Su trastorno mental que se manifestó desde la muerte de su padre, el incesto del que fue víctima por parte de uno de sus hermanastros, su propia condición de mujer en una época en la que ésta estaba irremediablemente relegado a su función de ama de casa y madre de familia sin ninguna proyección social ni intelectual, a pesar del triunfo y del éxito del que Virginia Woolf disfrutó pese a no haber podido asistir a la Universidad, porque esa oportunidad se la dieron a sus hermanos varones, pero ni ella ni su hermana recibieron estudios universitarios; además de una latente homosexualidad nunca confesada por la escritora, pero la que parece ser la explicación de su amistad íntima y sensual con la escritora Vita Sckville-West que, aunque nunca fue demostrada, hay indicios de que tuvo un carácter mucho más sentimental y sexual del que la mera amistad entre mujeres puede hacer pensar, como así reconoció un hijo de Vita que afirmaba que su madre y Virginia Woolf fueron amantes. 

Todos estos elementos fueron determinantes para que una mujer que gozaba del triunfo, del reconocimiento de la crítica y del público y de una desahogada posición social y económica, llegara hasta el punto en el que no podía seguir viviendo, porque se consideraba un lastre para su marido a quien, a pesar del amor que le confesaba, llegó a agredir físicamente en algunas de sus crisis nerviosas. Todo esto la llevó hasta la muerte voluntariamente, porque en ella podría encontrar la paz y el descanso que le eran negados en una vida en la que, a pesar del oropel que la rodeaba, se sentía sólo una mujer en un mundo de hombres como una figura delicada y frágil, inmersa en una sociedad cuyos valores estéticos y morales le parecían obsoletos y hechos sólo para el disfrute de los varones, a costa de la renuncia a la realización intelectual y personal de toda mujer que, a pesar del reconocimiento del extraordinario talento que Virginia Woolf tenía, y por eso mismo, era consciente de que tenía unos raros privilegios que disfrutaba y que le eran negados a la inmensa mayoría silenciosa de las mujeres, a las que quería dar voz en la lucha por su propia identidad femenina que la convirtió en una adalid del movimiento feminista y a formar parte del parnaso de los escritores más importantes del siglo XX.



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Véase.:

"Virginia Woolf: la vida por escrito", Irene Chikiar Bauer, Taurus, 2015 (La mejor biografía de esta autora, escrita en español y la más completa. De Imprescindible lectura).

“Virginia Woolf, una biografía corta” , Nigel Nicolson (Ed. Mondadori).

“Virginia Woolf, una biografía”, Quentin Bell (Ed. Lumen).