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domingo, 28 de junio de 2020

STEFAN ZWEIG

Stefan Zweig

Stefan Zweig

Ana Alejandre

Stefan ZweiG (Viena,1881-Petrópolis, Brasil, 1942) escritor austríaco. Hijo de una acaudalada familia judía, aunque no practicante de dicha religión, Su padre, Moritz Zweig, fue un rico fabricante textil, y su madre, Ida Brettauer Zweig, hija de una acomodada familia de banqueros italianos.

Estudió en la Universidad de Viena, en la que consiguió el título de doctor en Filosofía. También realizó estudios sobre Historia de la Literatura, conocimientos que le permitieron relacionarse con la vanguardia cultural vienesa de la época. Y fue en ese período, hacia 1901, cuando publicó sus primeros poemas, una colección titulada Silberne Saiten (Cuerdas de plata), que estaba influenciada por en Hugo von Hofmannsthal y Rainer Maria Rilke, aunque había traducido anteriormente a Charles Badelaire y a Emile Verhaeren.

También publicó varios artículos en el periódico más importante de Viena, el Neue Freie Presse, cuyo editor era Theodore Herzl, personaje principal del Movimiento Nacional Judío. Por esta colaboración, con la que demostraba su talento literario, pudo librarse de trabajar en la empresa familiar.

Por la buena situación económica de su familia, Zweig se pudo permitir aquello que más le gustaba después de la literatura como era viajar. Viajó frecuentemente entre Viena, Berlín, París y Bruselas, En estos viajes conoció y trató a poetas, escritores y artistas como Auguste Rodin, Rainer María Rilke, Romain Rolland, W.B. Yeats, Pirandello y otros muchos, y comenzó a escribir novelas cortas y obras teatrales que obtuvieron una buena acogida por el público,

Desde el inicio de la Primera Guerra Mundial, Stefan Zweig se declaró partidario del pacifismo y cultivó una gran amistad con Romain Rolland. Finalizada la contienda, se instaló en Salzburgo (1918) y, ciudad en la contrajo matrimonio en 1920 con Friderike Maria Burger von Winternitz, una admiradora de su obra que había conocido ocho años antes. Dicho matrimonio terminó cuando su esposa le sorprendió con su joven secretaria, Lotte, en un hotel de la Costa Azul. Unos meses antes, el escritor había tomado la decisión de abandonar su mansión de Salzburgo por miedo a la aviación nazi, que arrojaba panfletos sobre la ciudad. Zweig hizo donación de algunos de sus libros a la Biblioteca Nacional Austriaca y abandonó Austria para dirigirse a Londres con su segunda mujer, en 1934. Ya entonces tenía problemas para publicar en Alemania, aunque pudo escribir el libreto para “Die schweigsame Frau” (La mujer silenciosa), ópera de Richard Strauss por imposición de su compositor, que fue estrenada en Dresde y a cuyo estreno rehusó acudir Hitler, aunque estaba anunciada su presencia. La obra, después de tres representaciones, fue prohibida.

Como intelectual comprometido, Zweig se opuso vehementemente contra leas doctrinas nacionalistas y el espíritu revanchista de la época. Esa cuestión le inspiró escribió una larga serie de novelas y dramas, en lo que fue el período más productivo de su vida, la la década de 1930 a 1940.Anteriormente, había publicado el relato histórico “Momentos estelares de la humanidad” (1927), que es una una de sus obras que cosechó mayor éxito.

Entre su obra literaria se encuentran también historias noveladas (“Erasmo de Rotterdam” (1934); “María Estuardo” (1935); “Américo Vespuccio”, (1942), así como una serie de ensayos de temas literarios e históricos que son sus obras más más conocidas por el público. Entre ellas se pueden citar los títulos de “Verlaine” (1905), “Verhaeren” (1910), “RomainRolland” (1920),”Tres maestros (Balzac, Dickens, Dostoievski) “(1920), “La lucha contra el demonio” (1925) y “La curación por el espíritu” (1931).

En cuanto a la novela, siguió cultivando preferentemente ese género literario, creando un estilo literario muy personal que ofrecía un especial estudio psicológico de los personajes, unido a una excelente técnica narrativa.

En 1934 publicó su triple biografía Mental Healers, a la vez un ensayo sobre los orígenes de la ciencia cristiana (religión espiritualista fundada por Mary Baker Eddy) y el psicoanálisis.

En estos años es “Jeremías”, obra teatral antibélica, que publicó mientras estaba en el Ejército del Imperio Astrohúngaro, publicado mientras duró su exilio en Suiza, inspirada en la I Guerra Mundial que fue estrenada en Nueva York en 1939.

El suidiio de Stphan Zweig

Todo suicidio es un enigma, incluso para los seres más cercanos al suicida .El detonante final puede ser muy distinto a los que lo que suponen los demás, En el caso del autor austríaco, parece ser que fue debido a un proceso de desarraigo que terminó minando la voluntad de vivir del escritor. El sentimiento de desarraigo comenzó en 1934, cuando marchó de Austrias rumbo a Londrés, Bath y Nueva York, en una búsqueda constante de un retiro espiritual que nunca encontró. El profesor George Prochnik cuenta esos últimos días en el libro 'The Impossible Exile' (Other, 2014), que revela muchos datos sobre las amargas vivencias del matrimonio Zweig.

Zweig y su esposa se mudaron a una casa a las afueras de Bath, (ciudad en el condado ceremonial de Somerset, en el sudoeste de Inglaterra)., aunque afirmaba sentirse más aislado que en ningún otro lugar del mundo, según le dijo a un amigo en 1939. Se inquietaba porque los nazis pudieran llegar hasta el Reino Unido, Aunque la invasión nazi nunca se produjo, los aviones de la Luftwaffe destruyeron Bath en abril de 1942, aunque el matrimonio Zweig ya se había instalado en Nueva York.

Zweig no encontraba la paz en ningún sitio. Se sentía desilusionado por el recuerdo de la Europa que ya no existía y que él añoraba e incapaz de aceptar el fracaso de su sueño europeísta, sintiéndose expulsado de su país y de la ciudad en la que se había criado y también humillado al ver que el nazismo se había apropiado del idioma alemán.

El escritor echaba de menos los cafés europeos y frecuentaba a menudo la biblioteca de la Quinta Avenida de la ciudad neoyorkina. Se sentía mal porque oros otros refugiados centroeuropeos, le llamaban constantemente para pedirle dinero. Entre ellos se encontraba su amigo Klauss Mann que definió a Zweig cuando lo encontró en Nueva York, como "un sonámbulo que escucha su nombre". El escritor le dijo "No somos sino fantasmas o recuerdos", y le confesó que no sabía si merecía la pena seguir viviendo como una sombra en Nueva York.

Había días en los que se definía con sarcasmo como "ex escritor y experto en visados" y, otros, padecía lo que sus amigos llamaban el síndrome de la mujer de Lot: una angustia que lo paralizaba al contemplar la destrucción del continente europeo al que dedicó su obra y en cuya unión nunca dejó de creer.

Ni Zweig ni Lotte se encontraban a gusto y enseguida empezaron a buscar un refugio fuera de Manhattan. Entre varias opcionesdecidieronal final, instalarse en el suburbio de Ossining, por su cercanía con la ciudad a la podían llegar en apenas una hora y le ofrecía tranquilidad necesaria para escribir. Era el mejor reflejo del mundo de ayer al que tanto añoraba el escritor.

El escritor y su esposa pensaron en la posibilidad de marcharse a Cuba pero, al final decidieron instalarse en Brasil y mar4charon para ese país en 1941. Era la segunda vez que Zweig visitaba dicho país, pues había estado anteriormente en 1936. Se instaló el matrimonio en Petrópolis, ciudad en la que construyó su palacio de verano Pedro II y donde se instalaron cientos de alemanes por su clima fresco y su cercanía a la gran ciudad.

Publicó a su llegada su obra “Brasil, país de futuro” de la que vendió miles de ejemplares, aunque le valieron muchas críticas por parte de la izquierda brasileña, por sus muchos tópicos y su defensa implícita de la dictadura de Vargas.

Trabó amistad en Petrópolis con un médico alemán, varios intelectuales franceses y la poetisa chilena Gabriela Mistral

Zweig siguió releyendo clásicos como Tolstoi o Goethe y filósofos como Montaigne, pero también realizaba salidas lúdicas y bajó con su esposa al carnaval de Río siete días antes de morir. Su ánimo decayó cuando leyó, al día siguiente de asistir al carnaval, las noticias sobre los avances nazis en Asia y Oriente Próximo. "Europa se ha suicidado", repetía una y otra vez lleno de pesar y desaliento., según manifestaron los amigos que se reunían con él en un café de Río de Janeiro.

Al volver a Petrópolis, Zweig donó sus libros a la biblioteca y envió sus manuscritos a varios a archivos fuera de Brasil. Su inseparable 'fox terrier' se lo regaló a su casera, en una enigmática carta que era el preludio de su decisión de quitarse la vida. Quemó después los papeles que aún tenía en una hoguera en el jardín e invitó a cenar el sábado 21 de febrero a su amigo Ernst Feder que escribió en su diario que Zweig y su esposa habían sido muy amables y que padecían últimamente de insomnio.

Dos días después, un criado encontró los cadáveres del matrimonio tendidos sobre su cama. Sobre la mesilla había unas monedas, una caja de cerillas y dos vasos vacíos. Dejó una carta de despedida.“Saludo a todos mis amigos. Ojalá puedan ver el amanecer después de esta larga noche. Yo, demasiado impaciente, me voy antes de aquí”.

Después de su muerte y, a pesar de ser un escritor muy reconocido en la década de 1930 a 1940,especialmente, ha caído en el olvido.

 


viernes, 31 de enero de 2020

REINALDO ARENAS

Reinaldo Arenas



El escritor cubano, Reinaldo Arenas, puso fin a su vida y a una intensa vida literaria, lejos de su patria y de los suyos.

Ana Alejandre

Reinaldo Arenas (Holguín, 1943 - Nueva York, 1990) novelista cubano cuyas primeras obras, se se asociaron a la narrativa del boom latinoamericano, y sus últimos libros, sin embargo, fueron el exponente amargo ,doloroso y satírico de su vida, como fue el título en Antes de que anochezca (1992).

Hijo de una familia campesina, se vió implicada, dede 1958, en la insurre cción liderada por Fidel Castro y el Che Guevara. Una vez que la Revolución cubana triunfó (1959), Reinaldo Arenas pudo participar en el programa de educación del nuevo gobierno, que aumentó su instrucción autodidacta por la influencia de dos maestros José Lezama Lima y Virgilio Piñera, quienes apoyaron sus primeras publicaciones.

Cuando tenía diecinueve años, en 1962, publicó su primera y última novel,a editada en la isla “Celestino antes del alba”, ùes el resto de su producción literaria se publicó en el extranjero. A partir de la década de los 60 fue represaliado por las medidas del gobierno cubano contra los homosexuales. Esto le hizo vivir una etapa de acoso hasta llegar a ser acusado de abuso sexual y fue arrestado por dicho motivo. Arenas huyó de la justicia y pasó a ser un fugitivo dentro de la isla, para ser después arrestado y pasó a ser encarcelado en la prisión de El Morro.

Más tarde, por una amnistía gubernamental tuvo la oportunidad de marchar al exilio en 1980. Primero fue a Miami, donde no tuvo suerte en encauzar su vida y pasó, más tarde a Nueva York, ciudad en la que instaló su residencia definitiva y continuó con su labor literaria hasta enfermar de sida. Esto parece que fue el motivo que le decidió a suicidarse en 1990, dejando más de veinte libros escritos, entre los que se incluyen diez novelas, algunos poemas, relatos cortos y obras de teatro.

Entre su obra total se encuentran los tiulos más destacados como son El mundo alucinante (1965) “Otra vez el mar” y la obra autobiográfica antes mencionada “Antes de que anochezca”, cuya versión cinematográfica fue estrenada en 2001.

En cuanto a su obra “El mundo alucinante” fue sacada de Cuba y llevada a Francia de contrabando, lo que aumentó la hostilidad del gobierno cubano hacia el escritor. La obra narra de forma mítica la vida del cura mexicano Servando Teresa de Mier.

Otra de sus novelas más importantes, “Otra vez el mar”, fue confiscada por la policía política. Por dicho motivo, Reinaldo Arenas tuvo que escribirla tres veces.

También son  obras suyas “El palacio de las blanquísimas mofetas”(1980), “El central” (1981), “Termina el desfile” (1981),              ”Arturo, la estrella más brillante” (1984), “El color del verano” (1991) y ”El asalto” (1991). Conjuntamente con Severo Sarduy, a Reinaldo Arenas se le considera uno de los principales seguidores del neobarroquismo cubano que inició la obra de Lezama Lima.

Siempre es un enigma saber por qué motivo se ha suicidado una persona, pero en el caso de Reinaldo Arenas, la respuesta puede ser un conjunto de causas: la enfermedad que le diagnosticaron que se consideraba mortal en esos años, la soledad en un país extranjero, el acoso hostil del gobierno cubano que le persiguió después de su marcha de Cuba y su imposibilidad de volver a su país, a sus raíces y a su familia. No hay que olvidar que el ser humano, como al árbol, si se le matan sus raíces, muere.

 

 

lunes, 15 de julio de 2019

YOKIO MISHIMA



Yukio Mishima, escritor japonés



(Hiraoka Kimitake; Tokio, 1925 - 1970). Escritor japonés, quizás el que ha tenido más reconocimiento en el extranjero, con una prolífica obra de narrativa, dramaturgia, artículos y ensayos. Entre su obra se cuentan más de veinte novelas, docenas de obras teatrales, una gran cantidad de cuentos y poemas, numerosos artículos y varias obras ensayísticas. Su estilo se caracteriza por hacer un profundo análisis de la naturaleza humana, especialmente de aquellas zonas más oscuras, donde habitan las sombras en el corazón del ser humano, en el que anidan las pasiones y las obsesiones, pero siempre escrito con un lenguaje comedido y delicado en su expresión.

Aunque era hijo de una familia de clase media, Mishima afirmaba pertenecer, por sus antepasados, a la clase de los samurais. Fue criado por su abuela y realizó sus estudios en Gakushuim, la escuela que estaba reservada a la nobleza, según la tradición.

Su vocación literaria se le despertó tempranamente, pues escribió su primer cuento a los trece años y, a los dieciséis, su primer libro de relatos, que fue cuando ingresó en la Facultad de Derecho, cuyos estudios inició en 1942 y, además de licenciarse, obtuvo el doctorado en1947. Después de finalizar sus estudios, obtuvo una plaza como funcionario en el ministerio de finanzas japonés, pero abandonó poco después dicho puesto para dedicarse plenamente a la literatura,

 Además de sus estudios, durante la Ii Guerra Mundial trabajó en una fábrica aeronáutica, después de que le rechazaron como piloto suicida (“kamikaze”). Para él fue traumático la pérdida de tantos compatriotas en la guerra y su propia supervivencia en contraposición, cuyo doloroso recuerdo le acompañó toda su vida.

Escribió relatos cortos que le valieron el apoyo y la admiración del que sería el futuro Premio Nobel, Yasunari Kawabata, relatos que fueron publicados, gracias a la mediación de este último, en la publicación “Ningen”.

Su primera novela, a la que se considera como una de sus mejores obras y que tiene evidentes referencias autobiográficas, fue “Confesiones de una máscara” (1949). Este título  tuvo un  gran éxito desde el primer momento y le consagró como novelista. A pesar del éxito obtenido por esta obra, tuvo también algunos juicios no tan favorables por parte de algunos críticos, por el tema tan infrecuente y poco ortodoxo de la novela, pues el protagonista confiesa su homosexualidad. que suponía algo completamente novedoso en el panorama de la literatura japonesa. “Confesiones de una máscara” es la narración del camino interior del protagonista, desde la primera infancia hasta la adolescencia, a través de los recuerdos y del proceso de aceptación, lento pero asumido, de su propia diferencia en cuanto a su tendencia sexual, así como de su incapacidad absoluta de amar a una mujer, lo que intento infructuosamente hasta llevarlo al límite.

Su obra se caracteriza por su capacidad para analizar, en todos los registros, el proceso de formación de la propia personalidad y el sufrimiento que proporciona la lucha interna entre el deseo y el rechazo, la belleza y la violencia,

Después de viajar por Europa y el continente americano, Mishima, aún siendo bisexual, contrajo matrimonio con Yoko Sugiyama, hija de un famoso pintor japonés, en el año 1958, Tuvieron dos hijos. Su esposa pidió el divorcio en 1962.

Mishima era un apasionado defensor de las costumbres de su país y asiduo practicante de las artes marciales, llegando a ser un experto en kendo. También, fue adepto al culto al cuerpo, lo que le llevó a practicar el bodybuilding.

Mishima estuvo muy influenciado por el Nihon romanha,  (romanticismo japonés), que ensalzaba la unidad del Japón y sus tradiciones y valores culturales. Esto servía de apoyo a la ideología nacionalista y fue la influencia dominante en la literatura durante los años de la II Guerra Mundial. No sólo recibió esa influencia, sino también la de la literatura occidental moderna, a la que dedicó muchas horas de lectura y análisis. Durante los años de la contienda, escribió su primera narración extensa como fue “El bosque en flor” (1941), “El cigarrillo” (1946), “Ladrones” (1946-48) y otras que escribió en dicho período bélico y en los años siguientes, Todas ellas estaban marcadas porque su temática era completamente ajena a la realidad que vivía el Japón y a su trágica derrota.

Siempre buscó en la literatura clásica japonesa una fuente de inspiración inagotable, por lo que escribió, en clave actual, la recreación de algunos dramas, pero, como ya se ha dicho antes, se sintió muy interesado por los valores estéticos del clasicismo occidental

 El pabellón de oro” (1956) fue su obra de mayor éxito en la década de los cincuenta. Su protagonista es un joven monje que se siente subyugado por la belleza de un famoso templo budista y, al mismo tiempo, agobiado por la propia belleza magnificente.

Fue a partir de los años sesenta, cuando Mishima es contemplado en su doble faceta de personalidad: el hombre de acción que se apoya en el convencimiento de que a la verdad se puede llegar solo a través de la  idea intuitiva de que pensamiento y acción no son dos aspectos distintos, sino complementarios. Para él, el más claro ejemplo de esa verdad eran los samurais, que aunaban en su vida la acción y la síntesis de los valores más genuinos y auténticos de la cultura y tradición japonesas. Esto le llevó a escribir “El camino del samurai” Y “En defensa de la cultura” (1968). Mishima se convierte así en el adalid de la necesidad de volver a los valores de la cultura nipona prebélica y militarista.

Sufrió una gran decepción, en 1968, al ver la actitud sociocultural de sus compatriotas. Eso le llevó a formar una milicia llamada Tate No Kai o “Sociedad del Escudo”, que era una comunidad al estilo de vida de los samurais, con la que pretendía recobrar las raíces niponas más genuinas y tradicionales, como una ofrenda de respeto a su propio país.

Al ver la pasividad e indiferencia de otros intelectuales ante la pérdida de los valores del Japón que eran su seña de identidad, se sintió muy afectado y calificó a dicha actitud de fría indiferencia, como “el mayor enemigo dentro de la nación”, llamándoles desarraigados, antipatriotas, cobardes y presuntuosos, entre otros descalificativos.

Todo ello unido a la obsesión que sentía por la decadencia física y su idea esteticista y masoquista del heroísmo, le llevo a practicar artes marciales y halterofilia, a partir de 1955, además de recibir  adiestramiento militar en la base de Sietai, junto a un grupo de estudiantes universitarios. También, comenzó a llevar una vida caótica y turbulenta, en la que predominaban sus posturas extremas, además de su convencida actitud misógina.

A pesar de su decepción, no dejó es escribir en ningún momento. Después de la posguerra, publicó una gran cantidad de novelas entre las que se encuentran, además de los ya citados, los títulos “El color prohibido “(1951), “La muerte de la mitad del verano” (1953), “La voz de la onda” (1954), “El sabor de la gloria” (1963) y “Sed de amor (1964). Su novela “Después del banquete” (1960) fue una de sus obras de más éxito. Posteriormente, escribió Patriotismo (1961) y “Muerte en la tarde y otros cuentos” (1971), recopilación de sus relatos más cortos que expresan su nostalgia por una época en la que aún se podía morir en de defensa de nobles ideales. En esos años escribió las obras de teatro “Madame de Sade” (1965) y “Mi amigo Hitler” (1968)

Sin embargo, su obra maestra es la tetralogía que componen los títulos “Nieve de primavera” (1966), “Caballos desbocados” (1968) “El templo de la aurora” (1970) y “La corrupción de un ángel” (1970), esta última la finalizó el mismo día de su suicidio. Todas estas obras representan la reencarnación de un mismo ser humano. La primera en un joven aristócrata, la segunda en un político fanático de la década de los treinta; la tercera, como una princesa thai y, por último, en un malvado huérfano de la década de los sesenta. El conjunto de esta obra representa una crítica a la sociedad japonesa por su abulia en no seguir las tradiciones ancestrales del país, lo que la convierte en una historia épíca del Japón moderno y de espaldas a su tradición.

Una de sus preocupaciones más importantes fue la creciente e imparable occidentalización del Japón, fenómeno al que asistía desde el más evidente pesimismo y con una actitud crítica y amarga.

Este cambio cultural era para él un camino estéril a ninguna parte en un futuro próximo para su país que era dueño y depositario de una rica y milenaria tradición cultural- Por ello, sus protagonistas son siempre jóvenes rebeldes, que buscan una pureza utópica basada en los nobles ideales inspirados en la tradición nipona. Utuliza en su escritura los rituales de a vida y la muerte, de transmigración y purificación del alma que tanta importancia tenía en la rica tradición japonesa. Todo en su obra está impregnado del profundo amor y respeto a las tradiciones por parte de este escritor. Por ello, se sublevaba ante una sociedad sumida voluntariamente en el vacío espiritual y la más absoluta decadencia moral.

Fue en 1968 cuando fundó la llamada Sociedad del Escudo, a la que se ha hecho mención antes, que era una organización de carácter paramilitar de jóvenes que estaban defraudados por la debilidad e ineficacia de las instituciones imperiales y la extrema condescendencia del ejército nipón, lo que era el mayor acicate para el resurgimiento del Bushido, el código de honor samurai, según la tradición. Esto le llevó a que dos años después, ocupo con dicho grupo, pero sin el uso de fuerza ni armas, la sede del Estado Mayor del Japón, en un intento fallido de lograr el resurgimiento de los ideales tradicionales heroicos de preguerra.

Ante el fracaso de su pacífico acto de rebelión ante un estado de cosas que juzgaba inaceptables y lesivas para su país, se suicidó mediante el rito del seppuku, mientras lanzaba el grito de “¡Larga vida al emperador!”. Era el 25 de noviembre de 1970. Solo contaba 45 años de edad y dejaba tras de sí una fructífera obra literaria de la que habló Yasunari Kuwabata, Premio Nobel de Literatura de 1968, el primer japonés que lo obtuvo. Del talento narrativo de Mishima dijo: : "No comprendo cómo me han dado el premio Nobel a mí existiendo Mishima. Un genio literario como el suyo lo produce la humanidad sólo cada dos o tres siglos. Tiene un don casi milagroso para las palabras".

El hombre que amaba las tradiciones y la cultura de su país, el sentido del deber y del honor, el coraje y la valentía para morir en defensa de ideales nobles, no pudo seguir viviendo en una sociedad adocenada en la que las tradiciones ancestrales han sido olvidadas, los valores morales que sustentaban a la sociedad japonesa, en la que los ideales son una vago recuerdo del pasado, puso fin a su vida como una llamada de atención y defensa de los ideales que defendía y por lo que decidió morir, con la mayor prueba de coherencia y lealtad a los mismos.

Esto parece ser la explicación al enigma del porqué de su suicidio, pero también quedan muchas preguntas sobre si, en tal terrible decisión, contaba algún otro motivo no dicho que quedaba para siempre en el secreto de su protagonista que se lo llevó a la muerte. Su bisexualidad, aunque aceptada por él mismo, no le debió hacer la vida muy fácil en el Japón que él conoció, país en el que ese tema aún era tabú. Sólo él sabía la verdad de la verdadera razón que lo llevó a la muerte.

La editorial Austral publicó la correspondencia de Yasunari Kuwabata, Premio Nobel con Yukio Mishima que lleva el título de “Correspondencia (1945-1970)”.
Su biografía fue escrita por Shintaro Ishihara, la que en español se titula “El eclipse de Yukio Mishima”.

Yukio Mishima, el escritor que tenía el don de la palabra escrita y el talento narrativo excepcional que ha producido su extensa y rica obra, una de las más atrayentes de la literatura nipona  del siglo XX.






viernes, 31 de agosto de 2018

ALEJANDRA PIZARNIK

Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik, (Buenos Aires,1939 - id., 1972) poeta argentina, encuadrada en la corriente poética neosurrealista, en cuya obra se evidencia una rebeldía que llega hasta el más puro desaliento vital y tiene a la muerte como telón de fondo de sus obsesiones.

Nació en una familia de inmigrantes rusos que perdió su apellido real, Pozharnik, al tomar como residencia Argentina. Cursó estudios de filosofía que no finalizó. Comenzó su formación pictórica al lado del pintor surrealista Batlle Planas.

Su espíritu inquieto la llevó hasta París, ciudad en la que residió desde 1960 a 1964.Trabajó en la revista Cuadernos. Asímismo, hizo traducciones y críticas literarias, continuando sus estudios en la Universidad de La Sorbona. También, llegó a formar parte del comité de colaboradores extranjeros de Les Letres Nouvelles, al igual que de otras revistas europeas y latinoamericanas.


Fue durante su estancia en París cuando conoció y trabó amistad con el escritor Julio Cortázar, su compatriota, y con el escritor y poeta mexicano Octavio Paz, que fue el autor del prólogo de su poemario Árbol de Diana (1962)


Posteriormente, regresó a Argentina y allí publicó varias de sus obras más relevantes. Fue reconocida con la concesión de las veces Guggenheim (1969) y Fullbright (1971), en EE.UU., aunque no llegó a finalizarlas.

Sus primeros poemarios los publicó en los cincuenta, y fue entonces cuando fue considerada como una de las principales voces poéticas de su generación. Su obra representa una constante meditación de la palabra en sí misma. Como si cada vocablo se observara en su individualidad y en el conjunto con las otras palabras de cada verso, lo que no existía en la lírica argentina de su tiempo, a excepción de poetas como Roberto Juarroz y Alberto Girri. Todo ello se unía a su obsesión sobre el narcisismo de la propia identidad, esa autocontemplación del propio yo, y la profunda magia de la infancia que la atrapaba en ese lejano paraíso ya perdido. Todo lo cual, la convierte en una figura poética diferente y referencial.


Sin embargo, su madurez poética la consiguió a partir de la publicación de sus obras Árbol de Diana (1962), Los trabajos y las noches (1965) y Extracción de la piedra de la locura(1968), etapa en la que consiguió encontrar su voz más personal y estilo propio; pero siempre inspirado por el automatismo surrealista y el deseo de expresar la más absoluta racionalidad.


De ese propósito estilístico es de donde surgen unos poemas en los que se advierten la ausencia de emoción y énfasis, casi llegando a la despersonalización; y, también, la falta deliberada de forma, como si se trataran de apuntes de un diario personal en los que escribe siempre dentro de un gran hermetismo, pero con alusiones implícitas en su expresión. Todo ello nunca la eximió de mostrar un tono, algunas veces, intenso, lúdico y lúbrico, y, en ocasiones, también se mostró con un cariz que oscila entre su actitud de absoluta libertad creativa, su propia individualidad a flor de piel, además de su talante fantasioso y soñador.

Su obra poética consta de siete poemarios La tierra más ajena (1955), La última inocencia (1956), Las aventuras perdidas (1958), Árbol de Diana (1962), Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de locura (1968) y El infierno musical(1971). De ese mismo año también es su relato poemático La condesa sangrienta (1971).

Después de su muerte se publicaron varias ediciones de sus obras, entre las que se pueden citar como más relevantes: Textos de sombra y últimos poemas (1982), que contiene la obra teatral Los poseídos entre lilas, y la novela La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa. Igualmente, y de forma póstuma, se reeditó la compilación de sus textos en Obras completas (1994). Además, sus cartas fueron publicadas con el título Correspondencia (1998).
En los últimos años de su corta existencia, padeció una serie de crisis depresivas con varios intentos de suicidio. Poco antes de su muerte, fue internada en un centro psiquiátrico de Buenos Aires, ciudad en la que residía, Dicho internamiento y el tratamiento recibido en su estancia, no la pudieron salvar de sus demonios interiores. El 25 de septiembre de 1972, aprovechando un fin de semana que pasó en su domicilio, decidió suicidarse con una fuerte sobredosis de seconal sódico. Sólo tenía 36 años.




POEMAS DE ALEJANDRA PIZARNIK

Alejandra Pizarnik


DÍAS CONTRA EL ENSUEÑO

No querer blancos rodando
en planta movible.
No querer voces robando
semillosas arqueada aéreas.
No querer vivir mil oxígenos
nimias cruzadas al cielo.
No querer trasladar mi curva sin
encerar la hoja actual.
No querer vencer al imán
la alpargata se deshilacha.
No querer tocar abstractos
llegar a mi último pelo marrón.
No querer vencer colas blandas
los árboles sitúan las hojas.
No querer traer sin caos
portátiles vocablos.

HUMO

marcos rozados en callado hueso
agitan un cocktail humeante
miles de calorías desaparecen
ante la repicante austeridad
de los humos vistos de atrás
dos manos de trébol roto
casi enredan los dientes separados
y castigan las oscuras encías
bajo ruidos recibidos al segundo
los pelos ríen moviendo
las huellas de varios marcianos
cognac boudeaux-amarillento
rasca retretes sanguíneos
tres voces fonean tres besos
para mí para ti para mí
pescar la calandria eufórica
en chapas latosas
ascendente faena!

REMINISCENCIAS

y el tiempo estranguló mi estrella
cuatro números giran insidiosos
ennegreciendo las confituras
y el tiempo estranguló mi estrella
caminaba trillada sobre pozo oscuro
los brillos lloraban a mis verdores
y yo miraba y yo miraba
y el tiempo estranguló mi estrella
recordar tres rugidos de
tiernas montañas y radios oscuras
dos copas amarillas
dos gargantas raspadas
dos besos comunicantes de la visión de
una existencia a otra existencia
dos promesas gimientes de
tremendas locuacidades ajenas
dos promesas de no ser de sí ser de no ser
dos sueños jugando la ronda del sino en
derredor de un cosmos de
champagne amarillo blanquecino
dos miradas cerciorando la avidez de una
estrella chiquita
y el tiempo estranguló mi estrella
cuatro números ríen en volteretas desabridas
muere uno
nace uno
y el tiempo estranguló mi estrella
sones de nenúfares ardientes
desconectan mis futuras sombras
un vaho desconcertante rellena
mi soleado rincón
a sombra del sol tritura la
la esfinge de mi estrella
las promesas se coagulan
frente al signo de estrellas estranguladas
y el tiempo estranguló mi estrella
pero su esencia existirá
en mi intemporal interior
brilla esencia de mi estrella!

AGUA DE LUMBRE

Sí. Llueve...
el cielo gime montones desteñidos 
sombras mojadas recogen sus trozos
cavidades barrosas tremendas 
mezquinas gotas de agua sulfurada
si bien no sé cómo recojo las masas 
de ver si me agita la pálida lumbre tremendo 
espesor de perros y gatos 
las gotas siguen

SER INCOLORO

(al conejito que se
comía las uñas)

costura desclavada en mi caos humor diario 
repiqueo infinito arpa rayada cadáveres
 llorosos mar salino
tu opacidad quitará fuentes de verde jabón 
banderines colorados
en mano derecha de uñas comidas.


NEMO

no llegará lejos el día de raro verdor
en que cantaré a la luna odiada que da luz a mi espesa cabeza cortada 
                                                                                              a la navaja 
que da luz a los vientos brutales
a las flores agudas que arden en los dedos bajo las curitas benignas
a la estrella que se oculta cuando se la llama
a la lluvia húmeda contoneándose en su desnudez repulsiva
el sol amarillo que traspasa las pieles marcando oscuras huellas
el relojito enviado desde el infierno interruptor de los bellos sueños
a los mares helados arrastrando basuras olas cintillos dorados ardores
[en los ojos 


VAGAR EN LO OPACO

mis pupilas negras sin ineluctables chispitas
mis pupilas grandes polen lleno de abejas
mis pupilas redondas disco rayado
mis pupilas graves sin quiebro absoluto
mis pupilas rectas sin gesto innato
mis pupilas llenas pozo bien oliente
mis pupilas coloreadas agua definida
mis pupilas sensibles rigidez de lo desconocido
mis pupilas salientes callejón preciso
mis pupilas terrestres remedos cielinos
mis pupilas oscuras piedras caídas

domingo, 29 de abril de 2018

GERARD DE NERVAL

Gerard de Nerval




Continuando con la serie de “Escritores suicidas”, por el nexo trágico y común que tienen quienes decidieron poner, un aciago día, el punto y final a sus vidas por un sinnúmero de razones que no tienen todas que coincidir en cada suicida, aunque siempre es común algunas en esa fatídica decisión motivada, a veces,  por el desencanto, la soledad,  olas adicciones; o bien, los problemas personales, la frustración en sus carreras literarias y esas otras razones íntimas y secretas que no se puede, muchas veces, adivinar porque toda vida tiene siempre sus luces y sombras, y se puede ver las primeras y solo intentar llegar a vislumbrar las segundas.  Estas últimas son, precisamente, las que determinan, en muchos casos, el destino de cada ser humano, aunque en el caso de los suicidas, sea siempre una salida trágica de una vida que puede ser dramática en la intimidad, aunque permanece oculta a las miradas de quienes, después, se preguntan atónitos ¿por qué?

En esta ocasión, nos referimos al escritor francés Gerard de Nerval, poeta que fue ignorado en su época y que la posteridad lo ha consagrado como el principal poeta romántico en su lengua y un precursor relevante de la poesía contemporánea

Gérard de Nerval                
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Gérard Labrunie, verdadero nombre de Gerard de Nerval, nació en París, en 1808. Hijo de un médico, quedó huérfano de madre muy tempranamente, con tan solo dos años de edad, motivo por el que fue a vivir con su tío al pequeño pueblo de Mortefontaine, en los bosques de Valois, cuya estancia en tan idílico lugar le inspiró sus obras Sylvie (1853) y Canciones y leyendas de Valois.  

Regresó a París para vivir con su padre cuando contaba seis años, pero sin dejar de visitar Valois en las vacaciones. Cuando tenía catorce años marchó a París, ciudad en la que vivió de manera bohemia.

Comenzó a estudiar Medicina, pero abandonó dichos estudios. Siempre se sintió atraído por la literatura, por lo que en 1827 comenzó a traducir la obra Fausto de Goethe de forma muy personal y creativa, cuya labor le produjo una fuerte impresión y, desde entonces, su traducción la prefirió al texto original en alemán.

Por la traducción de Fausto, llego a conocer a los escritores como Goethe, junto con Hoffmann y Heine -con este último inició una gran amistad y del que tradujo poemas-, que le influyeron decisivamente. Conoció a Victor Hugo, asistió al estreno de Hernani, obra teatral de Víctor Hugo, estrenada en el Théâtre Français de París, el 25 de febrero de 1830. En dicha obra, su autor narraba la tragedia del bandido aragonés Hernani y su amante Doña Sol. En su estreno se inició la “batalla” que se produjo entre los románticos y los clasicistas. Gerard de Nerval fue uno de los organizadores de la célebre batalla. Dos años después, participó en los motines de 1832 y, por ese motivo de  escándalo público, ingresó en prisión en dos ocasiones.
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Realizó distintas actividades como aprendiz de imprenta, ayudante de notario y otros. Incluso, llegó a escribir varias obras dramáticas en colaboración con Alejandro Dumas, además de iniciar una gran amistad con Théophile Gautier, autor con el  que se reunía en el “club de los hachisianos” (club de los adictos al hachís)  y,  también,  se relacionaba con  Víctor Hugo.

Al haber recibido una herencia de 30.000 francos de oro, de su abuela materna, en 1834. El dinero recibido le permitió viajar a Italia y, cuando volvió a París , en 1835, se instaló en casa del pintor Camille Rogier, que reunía en sus salones el grupo de escritores románticos. Fundó Monde dramatique (Mundo dramático), revista costosa y de calidad en la que gastó todo su capital y lo dejó en la ruina, oir ki qye la vendió en 1836. En esa época se le veía por los lugares públicos vestido como un dandy y, como estaba muy interesado por el mundo del ocultismo, convirtió su casa en un centro de reunión de personajes relacionados con dichas actividades esotéricas.

Se trasladó a Bélgica con Theophile Gautier durante tres meses. Al finalizar el año, comenzó sus actividades periodísticas y firmó, por vez primera, como «Gérard de Nerval» en Le Figaro, nombre que le inspiró una pequeña propiedad de su familia.

Escribió la ópera cómica Piquillo, en 1837, motivo por el que conoció a la actriz y cantante Jenny Colon, de la que se enamoró apasionadamente y de quien se convirtió en un rendido admirador. Ella le inspiró  el personaje que aparece en Sylvie, las primeras de las novelas (nouvelles) que reunió en Las hijas del fuego.Volvió a verla en 1840, dos años antes de la muerte de ella, lo que le causó una gran conmoción.

En el verano de 1838 había viajado por Europa y había llegado a Alemania, que era su destino más soñado, junto a Dumas con quién firmó un contrato, y por Teófilo Gautier que había sido compañero suyo desde la época del liceo. En noviembre de ese año conoció a la pianista Marie Pleyel, en Viena que era discípula de Liszt

Los inicios de sus problemas mentales se pusieron de manifiesto e 1841, cuando le detuvieron desnudo, persiguiendo una estrella que, según decía, le guiaba hacia Oriente, lo que motivó que estuviera internado en la clínica del doctor Blanche, primero de los internamientos que se fueron sucediendo desde entonces, cuando comenzaron las alucinaciones que le acompañaron hasta su muerte.

Al salir de la clínica, su editor le adelantó dinero y con él pudo emprender el viaje a Oriente que era su mayor deseo. Estuvo un año y regresó para escribir Escenas de la vida Oriental (1851), que constituye una obra maestra del periodismo poético.

Posteriormente, tradujo a Heine, a quien había conocido personalmente, y  continuo sus viajes por  varios países de Europa: Bélgica, Holanda, Inglaterra y Alemania. En esa época ya había perdido su casa y no tenía domicilio fijo y carecía de objetos personales y de dinero. Realizó su último viaje a Alemania, país que le fascinaba, y publicó Las quimeras (1854), una serie de sonetos herméticos con los que consiguió ser considerado el precursor de Mallarmé y del simbolismo, cuya obra se convirtió en uno de los libros favoritos de los surrealistas más de cincuenta años después.

Los últimos años de su vida fueron los más prolíficos literariamente; aunque sufrió nuevos episodios psicóticos y fue internado por ese motivo.  Su colección de novelas cortas fue publicada en 1854, con el título de Las hijas del fuego, que incluía el relato Sylvie, anteriormente citado, de estilo clásico y temática genuinamente romántica. Publicó Aurelia o el sueño y la vida, en 1855, que mezclaba sueño y realidad y está considerada como una de las obras precursoras de la literatura moderna.

Si embargo, la muerte esperaba a Gerard de Nerval en el invierno de 1855. Un frío amanecer, un borracho encontró el cadáver de Nerval cubierto de nieve en el callejón de La Vielle-Lanterna (La vieja farola) ahorcado con su propio cinturón. Encontraron en sus bolsillos las últimas páginas de Aurelia, considerada su obra maestra, y que se publicaría póstumamente en ese mismo año, junto con las excelentes crónicas de La bohemia galante.

Ninguno de sus amigos aceptaba la teoría del suicidio, a pesar de las evidencias que así lo demostraban, pues afirmaban que Narval tenía proyectado un viaje a Grecia y que nadie se ahorcaría con el sombrero puesto. Sin embargo, el fallecido había dejado a su tía con la que vivía, una nota en la que le decía, en una evidente premonición de que la muerte le esperaba en una cita que sabía ineludible: “No me esperes esta tarde, porque la noche será negra y blanca”.

Tan negra como veía su propio futuro acosado por sus demonios interiores, y blanca por la fría nieve y la luz que, intuía, lo esperaba detrás del túnel, en el último tránsito a la otra orilla de la que ya no hay retorno, ni sufrimiento, ni dolor.


martes, 22 de agosto de 2017

Jack London
Jack London y el enigma de su suicidio.


En la serie de escritores suicidas no podía faltar Jack London, aunque la veracidad de que se suicidó está en duda, pues no hay pruebas concluyentes, pero también faltan las que prueben que murió por muerte natural o accidental. Todo ello lleva a pensar a muchos estudiosos de su obra a afirmar que se suicidó por los muchos problemas, especialmente de salud, económicos y sentimentales que sufría en sus últimos años, poniendo así fin a una vida en la que abundaron sus excesos, sus aventuras y el no respetar los límites.

Jack London fue otro de los escritores que dedicaron parte de su obra al mar y a las aventuras que la vida en él supone, es Jack London, escritor de novelas y relatos, uno de los más importantes de la literatura universal, que ofrece a lo largo de su obra la constante lucha del hombre por sobrevivir en plena Naturaleza, sometido a sus duras leyes, y en cuya lucha el hombre saca lo mejor o peor de sí mismo, para poder sobreponerse al frío, al hambre, al sol abrasador, a los fenómenos naturales y al encuentro con hombres y fieras con los que medirse.

Antes de continuar, habría que determinar quién fue Jack London desde el punto de vista de su biografía compuesta de datos cronológicos y espaciales, para entrar, después, en lo relativo a su amplia obra.

Jack London, cuyo verdadero nombre era John Griffith, nació en San Francisco (California), el 12 de enero de 1876. Hijo de un astrólogo ambulante, al que la madre del escritor abandonó, poco después de su nacimiento. Se crió al lado de su padrastro, un droguero de Oakland, llamado John London, de ahí el apellido adoptado por el escritor que usaría en su carrera literaria y que fue lo único que recibió de su padrastro, ya que éste le obligó a trabajar siendo  todavía adolescente, lo que llevó al escritor a abandonar el hogar familiar para embarcarse en su primer barco,  entre otros muchos de su vida como hombre de mar.

Todavía en  plena adolescencia, adoptó el hombre de Jack. Realizó trabajos varios y todos ellos duros: pescador furtivo de ostras en la Bahía de San Francisco, navegó por el Pacífico en un barco dedicado a la caza de focas; se alistó al ejército de Kelly, formado por desempleados; formó parte de una patrulla marítima deteniendo a furtivos; vagabundeó por todo el país y, a los 19 años, regresó al hogar familiar para estudiar en el instituto. Fue en esa etapa de estudiante cuando contactó con los grupos socialistas y fue conocido como el chico Socialista de Oakland por su constante oratoria callejera. Fue candidato socialista en varias ocasiones para la alcaldía, aunque fracasó en todas ellas.

Fue en 1897cuando London se embarcó rumbo a Alaska en busca de oro, pero después de muchas y arriesgadas aventuras volvió al hogar familiar enfermo y sintiéndose fracasado. Fue en la etapa de convalecencia cuando decidió dedicarse a la literatura para escribir novelas inspiradas en sus propias aventuras. Para ello, inició una etapa de formación intelectual, leyendo a autores tan dispares como (Kipling, Poe, Darwin, Stevenson, Malthus, Marx, Spencer,  y, sobre todo, la filosofía de Nietzsche), lo que hizo de London una extraña e ingenua mezcla de socialista y fascista, aunque parezca contradictorio –y lo es-, seguidor del evolucionismo de Darwin y siempre manteniendo incólume su espíritu aventurero.

En su imaginario destacaba el principio de lucha por la vida y de la supervivencia de los más fuertes, además de las doctrinas del superhombre, influido por sus lecturas de Nietzsche, así como un evidente racismo que le llevaba a proclamar la superioridad de la “raza anglosajona” sobre todas las demás, lo que después harían los nazis con respecto a los alemanes,  a quienes consideraban arios puros, siguiendo el pensamiento de Nietzsche, también, además de su rechazo hacia los judíos. El ideario de London también tiene extremas convicciones racistas, aún más intensas que las de Kipling, autor al que leía ávidamente. Si la lectura de “El manifiesto comunista” de Karl Marx, fue decisivo para su conversión al socialismo, fueron las lecturas de Kipling las que le hicieron aceptar el racismo como parte de su ideario, en una constante contradicción que era consustancial a su carácter. Se puede definir a London como un hombre de acción, apasionado, vitalista, contradictorio, pero también como un hombre que, sin ser un intelectual, intuyó que la literatura era su única vía de redención de todos sus excesos.

A esa conclusión lo llevó su azarosa vida a la que, sabía, le iba a ser imposible renunciar para dedicarse sólo a la vida solitaria de un escritor. Su destino parecía estar escrito por su propia naturaleza de hombre con físico de atleta aunque de mediana estatura, y con un cuerpo apropiado y hecho para la lucha. Sus ideas socialistas las mantuvo hasta su muerte y su radicalismo literario también, aunque entraban muchas veces en contradicción con su estilo de vida en el que el azar, la aventura y los excesos, tanto alcohólicos como sexuales, formaban parte de su personalidad, en la que no cabía la contención ni las medias tintas. Todo en él era excesivo, desbordado, incontrolable y, al mismo tiempo, con la llama de su pasión vital  siempre encendida, entusiasta de las experiencias vividas en plena naturaleza, por su indomable sentido de la libertad personal que le hacía buscar constantemente nuevos lugares de exploración de su curiosidad insaciable, de su deseo de vivir sin cortapisas. Lo intenta hacer todo: hacerse granjero en EE.UU, porque no le son suficientes los espacios interminables de Alaska, del río Yukón, de las nieves perpetuas donde moran lobos y perros, acompañando a seres humanos muy parecidos entre sí, en lo bueno y en lo malo. Esa constante búsqueda de nuevas experiencias lo llevará a construir barcos de vela para navegar por Hawai y sus islas, etapa ésta que es la más creativa y loca de su vida.

Pero al mismo tiempo que crece su prestigio en todo el mundo, aumentan también sus excesos que se traducían en continuas juergas con amigos y mujeres que duraban semanas;  lo que, unido a sus inversiones desastrosas por su falta de conocimiento del mundo empresarial, lo van abocando a la ruina y al deterioro físico más evidente.

Ese deseo inextinguible de vivir nuevas experiencias le hace embarcarse en negocios ruinosos: comunas, fábricas, grandes extensiones de terreno para criar centenares de cabezas de ganado o crear exóticas plantaciones. Todo es un completo fracaso, incluso el castillo que quería construir y que el fuego devoró en un incendio pavoroso que podía tener como causa alguna de las muchas juergas de London y sus amigos que celebraran en dicho recinto. A pesar de sus ruinosos negocios, sigue siendo un gran escritor que dedicaba las primeras horas de la mañana para escribir sin desmayo sus narraciones que le dan fama universal y montañas de dinero que dilapida con la misma rapidez que las gana.

Las revistas empiezan a publicar sus relatos a partir de 1899, pero siguió siendo un escritor prácticamente desconocido. En 1900 publicó una colección de relatos que lleva el título “El hijo del lobo”, que le proporcionó un gran éxito popular. Pero fue la publicación de su primera novela “La llamada de la selva”, que data de 1903, obra dedicada al emotivo recuerdo de los perros que conoció en sus aventuras de buscador de oro en Alaska, la que le lanzó a la fama. De ese mismo año  es, también, El pueblo del abismo. Después, publicó El lobo de mar (1904), y terminó convirtiéndose en uno de los autores más conocidos y con mayores ventas de libros de Estados Unidos. Entre sus principales obras, también, se cuentan Colmillo blanco (1906), un relato sobre la prevalencia de los más fuertes; El talón de hierro (1908), fábula futurista, lúcida y premonitoria de los fascismos que no tardarían en surgir, en la que describe los entresijos de un estado totalitario moderno; Martin Eden (1909),  obra en la que destaca su cariz autobiográfico, y que escribió a bordo de un lujoso yate que se hizo construir; y El vagabundo de las estrellas (1915), una serie de historias  con el nexo común de la reencarnación y las infinitas posibilidades que ofrece la imaginación  y la capacidad de soñar del ser humano.

Fue en el transcurso de este corto plazo de quince años, cuando se convirtió en un escritor de “best –sellers”, pero era menospreciado por la crítica que sólo le reconocía un “talento natural para la narración”, pero no lo consideraba un escritor merecedor de estar en la historia de la literatura; sólo lo comparaban con las figuras de Julio Verne, Emilio Salgari o Zane Grey, es decir, escritores de narrativa destinada al público juvenil, aunque era el escritor mejor pagado de los Estados Unidos, por entonces. Su éxito despierta envidia y desprecio en los escritores y críticos “puristas”.

La obra  más importante de Jack London se desarrolla en la frontera de Alaska, territorio en el que se puede vivir bajo las duras leyes de la Naturaleza y la del ser humano que queda a merced de sus propios y bajos instintos casi salvajes.

Obra marítima de Jack London

Por ello, buena parte de su literatura tiene un escenario muy distinto y lejano del anterior, ya que se desarrolla en los lejanos y exóticos Mares del Sur
Sus relatos del mar  reflejan su visión del mundo marítimo al que define como un medio en el que se mezclan la belleza, la dureza y la violencia necesaria para sobrevivir en él.
.La más importante  y conocida obra marítima de Jack London es  “El lobo de mar” (1904), una de sus primeras obras, como ya se expuso anteriormente. La novela  narra la experiencia de un intelectual de clase acomodada, Humphrey Van Weyden, quien sufre un naufragio en la bahía de San Francisco y es rescatado por una goleta foquera, al mando del capitán Lobo Larsen. Este, rehúye llevar a tierra al protagonista, lo que le obliga a trabajar en el barco para sobrevivir varios meses en condiciones extremas de dureza, hasta que finalice la campaña de caza de focas.
Se nota en esta novela, especialmente en su inicio, la influencia de las muchas lecturas de Kipling que hizo London, ya que aparecen ciertas similitudes en la primera parte con la novela “Capitanes intrépidos” de aquel, que también narra una situación similar: la de un hombre con una gran fortuna que es rescatado por un barco, en el que se siente obligado a trabajar duramente, lo que le hace reflexionar sobre su anterior vida en un mundo tan lejano y diferente al que lo rodea en el barco, y a las relaciones humanas que mantenía en su mundo exclusivo y elitista. A partir de ese inicio o planteamiento de la narración, desaparece la similitud con dicha obra que es mucho más optimista en su desarrollo y desenlace que la obra de London, ya que éste muestra a las claras y sin ambages la crueldad, la dureza y la inhumanidad de la vida en el barco foquero, encarnadas en su capitán, el cruel y temible Lobo Larsen, que es el verdadero protagonista de la novela, aunque aparentemente y en teoría, debería serlo Humphrey Van Weyden, el náufrago rescatado por aquél.
Estos dos personajes son la encarnación de dos filosofías vitales distintas y encontradas. Larsen viene a representar la teoría del superhombre de Nietzsche –otro autor tan leído e influyente en la vida y obra de Jack London-, en cuanto que representa al hombre brutal, egoísta, amoral, aunque también es inteligente, instruido y físicamente muy bien dotado, pero sus dones se vieron limitados por su oscuro origen social que le ha marcado y limitado en sus logros. Por el contrario, Van Weyden representa el polo opuesto, es decir, el idealismo, la vida intelectual sin asomo de esfuerzo físico, la vida acomodada y sin dificultades materiales y, sobre todo, las creencias cristianas en la supervivencia espiritual después de la muerte y la confianza en la bondad intrínseca del ser humano que las duras experiencias vividas en el barco le niegan. En esta relación entre ambos,  hay quienes ven ciertos matices de una supuesta atracción erótica homosexual.
Ambos hombres, a pesar de sus diferencias personales tan acusadas, comparten, sin embargo, largos ratos de charla, en los que hablan especialmente de literatura y filosofía y, sobre todo, discuten de esos temas. Todo ello se incardina en una narración en la que abundan sucesos violentos en el barco, desde las tormentas en alta mar, hasta los naufragios; y desde los motines hasta los asesinatos, producidos en las violentas peleas, cuando no las huídas y persecuciones.

 Y como personaje insólito en la novela, está la figura de una mujer llegada a bordo que pone a prueba a los dos hombres y  pone en evidencia lo peor y mejor de ambos como contraste. Incluso, se advierte en esta novela una obsesión por el ideal de masculinidad que tiene gran parte de los escritores norteamericanos y que no podía faltar en London, y de la que se hicieron eco, también escritores posteriores como Hemingway y Kerouac, este último muy influenciado por London y  que sería, años más tarde, el símbolo de una generación con deseos de libertad y aventuras; además de Hemingway que, también, fue otro mito para la generación Beat,  cuyos miembros estaban siempre a la búsqueda de nuevos horizontes vitales.

Esta novela, “El lobo de mar” mezcla sabiamente la literatura de aventuras, pero, también, la literatura de reflexión filosófica sobre temas importantes, y constantes en su planteamiento, para el ser humano como son los binomios bien-mal, vida-muerte, bondad-crueldad, o debilidad-fortaleza.

Jack London supo salir indemne de muchas de sus aventuras en territorios hostiles, pero no pudo, o no supo, encontrar salvación para sí mismo. Con sólo 40 años, alcoholizado y horrorizado por los delirios que provoca el alcohol,  y después de calcular la dosis de morfina y atropina que pondrían fin a su vida, murió el 22 de noviembre de 2016, en su lujoso rancho. Su esposa obligó a los médicos que firmaran el certificado de defunción, aduciendo muerte natural, por la uremia que padecía. Sólo uno de los galenos accedió a firmarlo, y la duda sobre la causa de su muerte, de si había sido premeditada o accidental, sigue estando vigente. Dichos opiáceos los tomaba diariamente para combatir los fuertes dolores que sufría por la uremia que padecía, aunque en sus biografías al uso se describe la causa de su muerte como suicidio. Sin embargo, han aparecido documentos fehacientes posteriores que ponen en duda tal suicidio y cambian la imagen que de London se tiene como un alcohólico y mujeriego sin remisión.

Jack London había publicado 50 libros, entre los que hay varias obras maestras, y todo hace indicar que su última y definitiva obra fue su propio suicidio –ahora tan controvertido-, como manifestación de su libertad personal y de su deseo de vivir otra y definitiva experiencia personal, fruto de su particular visión de la vida. Lo hizo en el preciso instante en el que su vida " dejó de ser ávida de vida".  De esta forma, fue coherente con su pensamiento, sintetizado en una frase dicha por el propio London, como un axioma vital, al afirmar un derecho inalienable del  hombre que define como “el de adelantar el día de su muerte”.

Todo en la vida de London rezumaba desmesura, exceso, contradicción y rechazo a los límites. Eso le llevó hasta la propia muerte a la que, quizás, no quiso esperar y prefirió salir a su encuentro, para enfrentarse a ella, cara a cara, con igual valor y determinación que había vivido. Para él la vida era una lucha constante en la que todo ser humano demuestra lo que vale, sin excusas, sin vacilaciones y sin temor a salir vencido. La mayor derrota para un hombre así, es la incapacidad para enfrentarse al propio destino. Él supo aceptar el suyo hasta  el último momento y dejó tras de sí una obra como legado al mundo de su excepcional talento narrativo y de su propia visión de la vida como la mayor y mejor aventura.