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lunes, 31 de agosto de 2015

Escritores suicidas: Virginia Woolf

Virginia Woolf, escritora y crítica literaria 
Virginia Woolf


Ana Alejandre


Siguiendo con la serie dedicada a los escritores suicidas, en esta ocasión vamos a tratar de una escritora, Virginia Woolf, considerada una de las renovadoras de la novela moderna junto a figuras como son James Joyce, Franz Kafka o Thomas Mann.

Virginia Woolf (1882-1941), novelista y crítica británica, se hizo famosa por su depurada técnica del monólogo interior de los personajes en el que intentaba plasmar los pensamientos e ideas que provienen del subconsciente, y por su exquisito estilo poético que fueron sus principales aportaciones a la novela moderna.

Su verdadero nombre era Adeline Virginia Stephen, hija de sir Leslie Stephen, distinguido crítico, biógrafo, filósofo e historiador, Por ese motivo Virginia se educó en un ambiente culto y refinado, frecuentado por literatos, artistas e intelectuales. 

A raíz de morir su padre, en 1905, se trasladó a vivir con su hermana Vanessa –quien se casaría más tarde con el crítico Olive Bell- y sus dos hermanos, en el barrio londinense de Bloombury, lugar que se convertiría en lugar frecuentado por librepensadores, y antiguos compañeros de estudios de sus hermanos, entre los que se contaban intelectuales de renombre como eran, el economista J. M. Keynes y los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, y el escritor E. M. Forster, entre otros, además del propio Olive Bell, quien sería su cuñado, y el economista Leonard Woolf con quien contraería matrimonio Virginia, en 1912, y adoptaría a partir de entonces su apellido. Grupo sería conocido después como el grupo de Bloomsbury. Los miembros del mismo tenían como nexo común en el plano intelectual la búsqueda del conocimiento y del placer estético, a la que consideraban como el fin más elevado al que pueda aspirar el ser humano, además de hacer gala todos ellos de un patente anticonformismo político estético y moral.

En 1917 fundó junto a su marido la editorial Hogart.Press, editorial que publicaría la que editó la obra de la propia Virginia y la de otros famosos escritores, como T. S. Eliot, Katherine Mansfield, o S. Freud. Sus primeras novelas fueron Fin de viaje (1915) , Noche y día (1919) y El cuarto de Jacob (1922), en las que se hace patente la decisión de la autora de romper con las normas narrativas de la novelística inglesa anterior, sobre todo en lo relacionado con la hasta entonces obligada sujeción al argumento de los personajes y actos, y la correspondiente descripción de ambientes y personajes de la trama que era obligada, técnica narrativa que se encontraba así encorsetada en dicha estructura rígida y fijada por los cánones literarios anteriores. Estos primeros intentos de novedosa técnica narrativa no recibieron apenas atención por parte de la crítica.

Fue a partir de la publicación de sus novelas siguientes La señora Dalloway (1925) y Al faro (1927), esta última novela considerada clave del modernismo y de consagración de su autora en la nueva novela del siglo XX, además de estar considerada como su obra más autobiográfica, cuando consiguió el reconocimiento de la crítica que alabó la originalidad de su obra y sus recursos narrativos en los que la vida interior de los personajes es determinante para conseguir los efectos psicológicos gracias al uso de imágenes, metáforas y símbolos más cercanos a la poesía que a la narrativa. Todo la narración de cada una de sus obras se haya impregnada de la exposición de las emociones, ideas y sentimientos de los personajes que expresan, a través de un continuo monólogo interior que les concede tanto a los seres que habitan en esas obras como a las circunstancias normales y cotidianas, un matiz singular que los convierte a unos y otras en seres y sucesos extraordinarios.

Ese interés proustiano por el tiempo y su devenir que tanto la influencia, se aprecia en la obra La señora Dalloway que transcurre en un lapso de tiempo de doce horas que se manifiesta en los continuos cambios que se van produciendo en el interior de los personajes y en su percepción que tienen ellos mismos, de quienes los rodean, y de su propios y personales mundos multifacéticos.

Las siguientes obras ofrecen un estilo más afianzado y personal como son Las olas (1931) que es la que ofrece un estilo más sutil y depurado y presenta los continuos cambios en la vida interior de seis personajes, al igual que los flujos y reflujos del oleaje se producen esas oleadas preconscientes en la conciencia de aquellos, que van expresando en un lenguaje que nada tiene que ver con el tradicional y lógico de obras más convencionales, y de ahí su título; y Orlando (1928) que está inspirada en la vida de su amiga Vita Sckville-West, también escritora, en la que la historia está aureolada de fantasía y su protagonista vive cinco siglos de la historia inglesa, pero, a su vez, es un agudo análisis del sexo, la identidad y la creatividad. 

En su obra se advierte la desaparición del argumento, la acción y la correspondiente intriga en el desarrollo de la trama, por lo que sus narraciones se basan y justifican en el deseo de mostrar la vida anímica, psicológica y mental de los personajes, en un continuo cambio que provoca la inquieta vida interior y la siempre inaprehensible conciencia.

Se advierte en su narrativa una fuerte influencia del filósofo francés Henri Bergson, así como del escritor francés Marcel Proust, como se dice anteriormente, que la inclinó hacia profundizar en la idea del tiempo y sus múltiples vericuetos, así como de su propio marido, Leonard Woolf.

Virginia Woolf no sólo escribió obras de narrativa, sino también biografías: una desenfadada narración de la vida de los Browning, cuyo narrador es su perro (Flush); y, otra, sobre el crítico Robert Fry (Fry). Además, escribió ensayos y en estos mostraba su preocupación por la condición femenina y el necesario apoyo social para construir y afianzar la identidad de la mujer, además de defender la aportación de la mujer escritora en su obra Una habitación propia (1929). 

Otros elementos valiosísimos para poder llegar a conocer a esta escritora son su correspondencia y diarios que fueron publicados después de su trágica muerte y que sirven de objeto de estudios tanto para los estudiosos de su obra como para los lectores que deseen conocer mejor la subyugante personalidad de esta escritora.

Además de su obra de narrativa, ensayística y biográfica, fue una respetada crítica literaria. También fue una constante defensora de la condición femenina y las relaciones de la mujer con el arte y la literatura, tema que fue motivo de reflexión en algunos de sus ensayos, entre los que destaca, por la importancia que tuvo después para los movimientos feministas, Una habitación propia (1932) antes citado. También su obra de narrativa estuvo inspirada en el tema de la identidad femenina como es el caso de la enigmática obra Orlando (1928), en la que la condición masculina y femenina se confunden en la figura del noble protagonista que posee el extraño poder de transformarse en mujer a su voluntad y volver a su condición masculina según su deseo.

Algunas de sus obras han sido llevadas al cine y su propia vida también protagonizada por Elizabeth Taylor y Richard Burton, en la que se ofrece la tormentosa relación del matrimonio Woolf, aunque no parece reflejar la realidad vivida por Virginia y su marido, sobre todo después de leer su correspondencia y la carta que dejó explicando su deseo de morir.

El 29 de marzo de 1941, en plena crisis de la enfermedad mental que padecía desde hacía años, quizás manifestada a raíz de la prematura muerte de su madre cuando Virginia sólo tenía trece años, y por la que había sido ingresada en varias ocasiones a lo largo de su vida, salió de su casa de campo y desapareció hasta que fue encontrado su cadáver , días después, en el río Ouse en el que había muerto ahogada en un deseo de acabar con su vida, tal como dejo escrito en unas cartas dirigidas a su marido y a su hermana, explicando los motivos. No era la primera vez que lo había intentado, pues días antes había regresado a su casa con la ropa mojada y con la excusa de que había caído en el río accidentalmente. Ese día, quizás, no tuvo valor para llevar a cabo su letal propósito que consumó días después.

El motivo de su suicidio está explicado en su carta de despedida a su marido con el que no tuvo hijos por decisión de la pareja ante los problemas mentales de la escritora, quien fue diagnosticada de trastorno bipolar. Su carta es expresiva y clarificadora al respecto, pero es mejor que la escritora lo explique:

"Querido:
Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.

V."

Su trastorno mental que se manifestó desde la muerte de su padre, el incesto del que fue víctima por parte de uno de sus hermanastros, su propia condición de mujer en una época en la que ésta estaba irremediablemente relegado a su función de ama de casa y madre de familia sin ninguna proyección social ni intelectual, a pesar del triunfo y del éxito del que Virginia Woolf disfrutó pese a no haber podido asistir a la Universidad, porque esa oportunidad se la dieron a sus hermanos varones, pero ni ella ni su hermana recibieron estudios universitarios; además de una latente homosexualidad nunca confesada por la escritora, pero la que parece ser la explicación de su amistad íntima y sensual con la escritora Vita Sckville-West que, aunque nunca fue demostrada, hay indicios de que tuvo un carácter mucho más sentimental y sexual del que la mera amistad entre mujeres puede hacer pensar, como así reconoció un hijo de Vita que afirmaba que su madre y Virginia Woolf fueron amantes. 

Todos estos elementos fueron determinantes para que una mujer que gozaba del triunfo, del reconocimiento de la crítica y del público y de una desahogada posición social y económica, llegara hasta el punto en el que no podía seguir viviendo, porque se consideraba un lastre para su marido a quien, a pesar del amor que le confesaba, llegó a agredir físicamente en algunas de sus crisis nerviosas. Todo esto la llevó hasta la muerte voluntariamente, porque en ella podría encontrar la paz y el descanso que le eran negados en una vida en la que, a pesar del oropel que la rodeaba, se sentía sólo una mujer en un mundo de hombres como una figura delicada y frágil, inmersa en una sociedad cuyos valores estéticos y morales le parecían obsoletos y hechos sólo para el disfrute de los varones, a costa de la renuncia a la realización intelectual y personal de toda mujer que, a pesar del reconocimiento del extraordinario talento que Virginia Woolf tenía, y por eso mismo, era consciente de que tenía unos raros privilegios que disfrutaba y que le eran negados a la inmensa mayoría silenciosa de las mujeres, a las que quería dar voz en la lucha por su propia identidad femenina que la convirtió en una adalid del movimiento feminista y a formar parte del parnaso de los escritores más importantes del siglo XX.



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Véase.:

"Virginia Woolf: la vida por escrito", Irene Chikiar Bauer, Taurus, 2015 (La mejor biografía de esta autora, escrita en español y la más completa. De Imprescindible lectura).

“Virginia Woolf, una biografía corta” , Nigel Nicolson (Ed. Mondadori).

“Virginia Woolf, una biografía”, Quentin Bell (Ed. Lumen).
















sábado, 25 de abril de 2015

Cesare Pavese

Cesare Pavese, escritor italiano.

       Como continuación al ciclo de escritores suicidas, se ofrece en esta edición la figura de Cesare Pavese, el extraordinario escritor, poeta, crítico literario y traductor piamontés que también, en un día aciago, puso fin a su vida en un hotel cualquiera de Turín, como un último gesto que sustituyera todas las palabras.

Cesare Pavese                                                                                                      
            Poeta y novelista italiano, nacido en Santo Stefano Belbo, una pequeña localidad del Piamonte italiano, el 9 de septiembre de 1908. La temprana muerte de su padre, le hizo quedar muy influenciado por la fuerte personalidad de su madre y de su única hermana, cuyas relaciones le marcó profundamente durante toda su vida en su posterior trato con las mujeres. Una dolorosa vivencia le dejó una profunda huella: cuando su padre estaba agonizando por un tumor cerebral y solicitó a su esposa que le permitiera ver y despedirse de una mujer con la que había mantenido relaciones sentimentales, ella se negó, y a Cesare Pavese le quedó marcada la fría determinación de su madre ante la petición del padre moribundo.
        Estudió filología inglesa en la Universidad de Turín, a partir de 1926,  etapa universitaria que le marcó profundamente por haber conocido a personajes como el filósofo Norberto Bobbio y el escritor Leone Ginzburg. Una vez obtenida la licenciatura, en 1930, con una tesis sobre W. Whitman que obtuvo altas calificaciones, se dedicó especialmente a traducir a varios escritores norteamericanos como son Sherwood Anderson, John Ernst Steinbeck, Ernest Hemingway, Gertrude Stein y otros muchos. Además, comenzó a escribir crítica literaria y comenzó su andadura como editor en la editorial Einaudi  de la que fue cofundador cuando se traslada a Turín dicha editorial, y en la que permaneció hasta su muerte.
                Colaboró en la revista La cultura y empezó a dirigir desde marzo de 1934 hasta enero de 1935, en la que publicó sus escritos antifascistas -a pesar de que en 1932 se había inscrito en el Fascio más por conveniencia que por convencimiento ideológico-,  en el lo que le hizo ingresar en prisión en la que continuó escribiendo. Su militancia antifascista proviene de su época universitaria, cuando se funda en París, en 1929, un movimiento de tal índole, Giustizia e Libertà, creado por un grupo formado por intelectuales italianos exiliados en Francia que se definen como republicanos, socialistas y demócratas, al que el grupo de  sus amigos se adscriben, a través de una célula clandestina de dicho movimiento político fundada en Turín por Leone Ginzburg.  Se adhirió también Pavese, aunque sin demasiado  protagonismo en cuanto a la acción  requerida por la causa política, pues siempre estaba en un discreto segundo plano. Esa vinculación política e ideológica sufrió una evolución que le llevó hasta el partido comunista desde el final de la II Guerra Mundial.
            Su primera obra Trabajar cansa (1936), muestra su total oposición al hermetismo de la poesía italiana. En sus obras de narrativa Pavese trata siempre de forma recurrente sobre los conflictos de la vida contemporánea y la soledad del individuo que lucha por encontrar su propia identidad. Un ejemplo de ello son títulos como La luna y las fogatas (1950) que está considerada su mejor novela. Al igual que el más bello de sus poemas y el más lúcidamente  desesperanzado es Vendrá la muerte y tendrá tus ojos (1951) que se transcribe a continuación:

Y vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.

            Otras obras de narrativas suyas son Allá en tu aldea, (1941),La playa, (1942); La cárcel (1949); Antes de que el gallo cante (1949); El bello verano, (1949); Entre mujeres solas (1949); El diablo en las colinas (1949); La luna y las fogatas (1950). Su diario El oficio de vivir (1952), ofrece las más bellas y conmovedoras páginas escritas por Pavese que refleja en ellas su más íntima desolación y amargura.
            Pavese está considerado como perteneciente a la generación neorrealista italiana y fue muy notable su labor de difusión de los novelistas norteamericanos, tanto por sus traducciones de los escritores antes mencionados, como por su colaboración en la antología Americana (1942), en colaboración con E. Vittorini, además de su obra sobre la literatura americana que compendia sus extensos conocimientos del tema y que lleva por título La literatura americana y otros ensayos (1951).
            Esto en cuanto a su actividad literaria, pero la faceta humana del escritor queda siempre desdibujada por su propia obra literaria. Todo confluye en un ser humano hasta llevarlo al suicidio cuando la vida le parece un suplicio atroz del que es preciso escapar.
             Pavese sufría una fuerte depresión desde hacía muchos años, además de problemas de salud como eran los que le afectaban al sistema respiratorio y que  padeció desde siempre. Por otra parte, los continuos desengaños amorosos que sufría desde su etapa universitaria en la que tuvo relaciones sentimentales fracasadas, tanto con una compañera de estudios como con dos bailarinas del music-hall, sucesivamente. Los dos primeros desengaños le dejaron profundamente desencantado y convencido de que siempre fracasaría en el amor. Después, la segunda bailarina, Milly, le hiere aún más cuando la espera durante horas, bajo una intensa lluvia, a la salida del teatro donde actuaba, mientras ella sale por otra puerta y ve como se aleja en un coche acompañada por otro hombre a pesar de haberse citado con Pavese. Esto aumenta aún más su depresión y sensación de absoluto fracaso.
            A ello se suman sus escarceos políticos y los períodos de cárcel y confinamiento que sufre a causa de ello. Fue en mayo de 1935 cuando fue detenido por la policía fascista junto a Giulio Einaudi, Carlo Levi y el propio Cesare Pavese, entre otros. Dicha detención parece causada por la relación sentimental que tiene en esos momentos con una enigmática mujer -posible estudiante de matemáticas y  de afiliación comunista-, a la que sólo denomina con una "T", o con los apelativos de "la mujer de la voz ronca" o "la señorita", y quien le solicita a  Pavese que sirva de enlace con Altiero Spinelli, un antiguo amante y dirigente del Partido Comunista que se encontraba en la cárcel. La policía encontró en casa de Pavese las cartas de Spinelli y eso le supuso ser detenido, primero en Turín y, posteriormente, enviado a Roma a la prisión Regina Coeli. En agosto de dicho año es condenado al confinamiento en el pueblo calabrés de Brancaleone, en el que vivió con extrema dureza por las malas condiciones que empeoraron su problemas de salud, además de sufrir el aislamiento de su familia y amigos y de su siempre añorada mujer de la que seguía enamorado. Esto le producía la consiguiente sensación de desarraigo, soledad e infortunio, como manifestaba en la correspondencia que mantenía con su hermana y con algunos amigos, además de hacer continuas referencias a su amada, causa indirecta de su confinamiento, pero a quien sigue amando apasionadamente. Durante  esta etapa empieza a escribir sus diarios que serían después publicados a título póstumo con el título de El oficio de vivir, en 1952, y que es un referente obligado en su obra por su profundidad y conmovedora belleza.
            Consiguió el indulto, al fin, en 1936, por su precario estado de salud. Aunque otro golpe emocional le esperaba a su regreso a Turín, cuando se entera, nada más llegar a la estación de Turín, que la mujer a la que consideraba el amor de su vida, la misteriosa mujer de voz ronca, se ha casado con otro hombre que no era otro que el propio Spinelli, al que ayudó a seguir en contacto con ella y que le supuso el confinamiento.  Este nuevo golpe le hunde aún más en la depresión que ya padecía y que le lleva a refugiarse en casa de su hermana y permanecer encerrado en su cuarto durante días.
            Comienza una nueva relación, en 1940, con una antigua alumna suya, Fernanda Pivano, idilio que dura cinco años y, aunque Pavese le pide que se case con él, ella le rechaza y termina casándose con otro, lo que aumenta aún más si cabe la depresión y total sensación de fracaso sentimental y personal, además de aumentar sus complejos físicos que le acompañan desde siempre. Ni siquiera el éxito conseguido por su obra De tu tierra (1941) le animan en la profunda depresión que arrastraba.
            El inicio de la II Guerra Mundial también viene a obstaculizar sus planes y los del resto de sus conciudadanos. Se traslada a Roma para dirigir la editorial Eunaudi, pero es llamado a filas. Es declarado inútil para el ejército por sus problemas respiratorios y vuelve a Roma, ciudad en la que permanece hasta  el derrocamiento de Mussolini, en 1945, que es cuando decide regresar a Turín e ingresa en el Partido Comunista, al que consideraba única vía de solución de los graves problemas que tiene Italia después de la guerra. Allí sigue trabajando, impartiendo clases en un colegio, a pesar de los continuos bombardeos que sufre la ciudad. Sus amigos se alistan a la Resistencia, aunque él se siente incapaz de aceptar un compromiso que le exige actuar para lo que está incapacitado tanto física como temperamentalmente. En esa etapa escribe Diálogos con Leucó (1947), que  son varios diálogos que protagonizan los dioses de la mitología griega. Obra que representa y sintetiza el concepto del mito que tiene Pavese. El nombre de Leucó esta inspirado en el nombre de la diosa griega Leucothea que ayudó a Ulises en su encuentro con Poseidón. En ese año también publica otras dos obras: El camarada, y, después, La tierra y la muerte, que obtienen una excelente acogida por parte de la crítica y el público que le consagra literariamente.
            Toda su frustración por su incapacidad de actuar en el terreno político, su pasividad personal ante el peligro que representaba el fascismo y el rechazo que siente hacia sí mismo por ese motivo  los vuelca en  el relato La casa de la colina.
            Años más tarde, en 1950, comienza una nueva relación con Constance Dawling,
Constance Dawling, actríz
actriz americana, la mujer que sería su último amor fallido, a la que conoce cuando llega a Italia para trabajar en el entonces floreciente cine italiano. Para Pavese es su última oportunidad de alcanzar el amor y la estabilidad sentimental, pero ella vuelve a Estados Unidos, dando por finalizado el romance. Este nuevo fracaso sentimental lo sume definitivamente en la más absoluta desolación.
            Recibe en ese mismo año el prestigioso premio literario Strega por su obra  La Luna y las fogatas, obra en la que el escenario lo sitúa en el ya perdido escenario rural de la infancia, aunque este galardón no consigue sacarle de la profunda depresión que sufre y que se advierte en su diario en el que sus textos son cada vez más depresivos y en los que alienta una total desesperación y sentimiento de fracaso vital.
            El 27 de agosto de 1950, Cesare Pavese se encuentra hospedado en el Hotel Roma de Turín. Aunque hace tres o cuatro llamadas telefónicas a otras tantas amigas para que vayan a reunirse con él, ninguna acepta. Curiosamente, una de ellas es Fernanda Pivano, su antigua amante, que sería después la  reputada periodista que entrevistaría a Charles Bulowski en el famoso libro "Lo que más me gusta es rascarme los sobacos". Por las continuas negativas que recibe, solo y completamente abatido, decide poner fin a su vida tomando una gran cantidad de somníferos. Antes había escrito una escueta e inquietante nota en su diario como explicación de su último y fatal gesto: "Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más". Ese acto fatal, en el que no cabían más palabras, sino sólo la acción, la capacidad de  tomar una última y trágica decisión que siempre le costó tener para asumir compromisos políticos y le impidió actuar cuando sus amigos lo hacían en defensa de sus ideales y de su país que estaba en peligro.
             Por último, en su mesilla deja un ejemplar de Dialogo con Leucó, en el que ha escrito una corta y sobrecogedora despedida en la que se resume su propia aceptación de su derrota vital, de su incapacidad para seguir viviendo en un mundo en el que no tienen cabida su sensibilidad artística, soledad y total desamparo, a los que no compensa su triunfo literario: "Perdono a todos y a todos pido perdón. No chismorreen demasiado".
            Después de su muerte, la editorial Einaudi, en 1957, creó un premio literario para honrar su memoria. Esa misma memoria de fracasos personales  le llevó a la muerte por su incapacidad de olvidar su infortunio y su fragilidad de hombre solo, vulnerable e incomprendido por quienes más le importaban. Eso lo explica en una sola frase que sintetiza la razón que le llevó al suicidio: "Uno no se mata por el amor de una mujer. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria, nuestro desamparo, la nada".
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Bibliografía:

LA INMENSA SOLEDAD: CON FRIEDRICH NIETZSCHE Y CESARE PAVESE, HUER FANOS BAJO EL CIELO DE TURIN, Frederic Pajac, Editorial Síntesis, 2000.

LA POESIA DE CESARE PAVESE: ATRAVESANDO LA MIRADA EN EL ESPEJO , Muaoz R. José,  UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA SERVICIO, 2002.

LO INALCANZABLE: LAS MUJERES EN LA VIDA Y LA OBRA DE FRANZ KAFKA, FERNANDO PESSOA Y CESARE PAVASE, Luís Gruss, Capital Intelectual, 2008.