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sábado, 9 de julio de 2011

“El misterio de Edwin Drood”, de Charles Dickens











                                                                           Charles Dickens


El polémico escritor Charles Dickens, dejó inacabada su única novela porque la muerte se lo impidió cuando ya había hecho sus veintitrés primeras entregas a la imprenta y sus primeros capítulos se los habían publicado paulatinamente en una revista londinense.
Este peculiar escritor que había comenzado como reportero  taquígrafo en las sesiones del Parlamento inglés, siempre fue controvertido por sus aficiones y por su apasionamiento  de carácter que le llevó a abandonar a su esposa, que le había dado diez hijos, para unirse a una joven actriz, Ellen Ternar, que tenía la misma edad que su hija mayor.
Además, fue el primer escritor que consiguió que los editores pagaran una cantidad o porcentaje a los escritores  en concepto de derechos de autor y una cantidad a modo de recompensa si la obra hubiera resultado ser un éxito de ventas.
Pues bien, el  título de su obra inacabada alude al misterio que encierra  ésta al no poder haber sido terminada por su autor, aunque han habido muchas y diversas tentativas por otros autores para intentar darle el final que, suponían, Dickens tenía pensado, después de una atenta lectura de la novela  y el estudio correspondiente de otros escritos suyos para encontrar ese tono narrativo peculiar en cada escritor. Sin embargo, todos los esfuerzos fueron en vano y el misterio de cuál hubiera podido ser el final de esa obra inacabada se ha convertido en todo un enigma literario, al que alude el propio Borges que incluye esta obra en su Biblioteca Total, esa que tendría las obras esenciales y que descubriría los enigmas aún existentes de misterios por resolver.
          ¿Pero cuál es el enigma del posible final inacabado de esta obra a la que nos referimos? Pues, el descubrimiento de quién fue el asesino del infortunado Edwin Drood, protagonista de la novela que finaliza con el siguiente párrafo que deja el misterio abierto:
            “La señora Tope había preparado un excelente y copioso almuerzo para su huésped. Éste, antes de sentarse a la mesa, abrió su alacena del rincón, tomó el trozo de tiza del estante y añadió a su lista un grueso trazo que iba desde el extremo superior de la puerta hasta abajo: después, empezó a comer con buen apetito”.
            Este párrafo fue el último escrito con Dickens, que finalizaba el capítulo 23 que llevaba el título de “Amanece de nuevo”, título que parecía profetizar la repentina muerte de su autor.
            Esta obra inacabada había conseguido los mejores elogios de escritores de la talla de Andres Maurois, quien afirmaba que de todos los libros escritos por Dickens, era la más elaborada y la mejor escrita, ya que a Dickens se le criticaba una falta de planteamiento en la escritura de sus obras, ya que estaba acostumbrado a escribir “por entrega”, largos e interminables folletones, sin una  planificación previa de la obra, sino a compás del tiempo y la inspiración del momento.
Chesterton también elogiaba esta obra diciendo que “la destreza de la ejecución es irreprochable”. Aludía así a la intriga incuestionable tan bien construida y dosificada por las sucesivas entregas que, sin duda, dejaba fascinados a los lectores en cada capítulo que, uno tras otro, iban elevando el nivel de suspense y misterio hasta llegar al final inesperado que produjo la muerte súbita de su autor que dejó sin aclarar el misterio de la muerte  del personaje principal, añadiendo así un plus de innegable misterio a la ya de por sí intrigante obra.
            El enigma del final inconcluso de “El misterio de Edwin Drood” tuvo tal repercusión que sirvió de base para posteriores relatos, adaptaciones musicales, obras de teatro, películas, y algunas de estas producciones, inspiradas en la novela, han invitado a los espectadores a que votaran a quien consideraban el probable asesino del personaje central, basándose en las pistas que se ofrecen a lo largo de la narración, entre los que se encuentran tres personajes especialmente sospechosos de los que cualquiera de ellos hubiera podido ser el asesino de Drood.
        Algunos escritores segundones intentaron desentrañar el misterio y darle un final apropiado a la novela, siguiendo el estilo literario de Dickens. Uno de ellos fue Leon Garfield (1921-1966) que escribió el posible desenlace de la obra a partir del capítulo 23, ofreciendo un final que parece, por su verosimilitud, el más aceptable y que fue publicado en España por el sello editorial Edhasa.
  En 1993 se realizó una película dirigida  por Timothy Forder, protagonizada por Robert Powell, film en el que se señala cuál era el probable asesino, tomando como base un rumor que afirmaba que Dickens le había confiado a un familiar en secreto la identidad del asesino. Además, el hecho de que en la novela el cuerpo de Drood nunca se encuentra, circunstancia ésta que añade un plus de intriga a la de ya por sí inquietante trama argumental, en dicha película no respetan dicha cuestión de la falta de cadáver, y esta digresión es lo que hace naufragar al film, ya que le quita todo el misterio que preside la obra.
Pero, por si ya fuera poco el problema del misterio del enigma que rodea al asesinato en cuestión, se añade el hecho de que muchos estudiosos de la obra recurrieron al espiritismo para lograr contactar con el más allá para que, desde la otra orilla de la muerte en la que pudiera estar Dickens, les dictara el final de la inconclusa novela en una revelación de ultratumba que haría aún más famosa a la ya archiconocida y enigmática novela. Éste fue el caso de un joven médium norteamericano, nacido en Vermont, Thomas P. James, mecánico de profesión, aunque pueda parecer insólito por su afición a la literatura y los contactos ultraterrenales, quien finalizó la novela inacabada de Dickens, sólo tres años después de la muerte de éste, utilizando el sistema conocido como “escritura automática”, tan de moda en aquella época, y que consiste en escribir, supuestamente “al dictado”, lo que van diciendo los invisibles entes espirituales contactados y que, en el caso que nos ocupa, se trataba del espíritu del propio Dickens. Según el propio James afirmaba, la novela la finalizó según le iba dictando el propio escritor fallecido, quien le había contactado en el octubre de 1872 y le dijo cuál era el final correcto y coherente de la novela inacabada.
El periódico Springfield Daily Union envió a uno de sus redactores para entrevistar al médium convertido en escritor por encargo del espíritu de Dickens. El 26 de julio de 1873, apareció publicado el esperado reportaje y en el cual se podía leer que el propio James afirmaba haber sido incrédulo del espiritismo y sus posibilidades hasta que un día, casualmente, asistió a una sesión espirita y cayó en trance, y con un lapicero empezó a escribir una extraña comunicación que le transmitía el propio Dickens, quien parecía ser que le decía que desde el mismo día de su muerte había buscado a un médium para dictarle el final de su novela, aunque hasta el momento de producirse la comunicación con él no había encontrado nadie tan adecuado hasta que pudo contactar con James. Además, afirmaba el médium que el escritor le había propuesto que le dedicara horas a escribir el final de su novela inacabada y que Dickens se encargaría de ir dictándole el desarrollo de la misma. Cumplió el mandato que recibió y el resultado de tal experiencia fue asombroso, pues a juzgar por el estilo con el que finalizó la novela era tan parecido al del propio Dickens que parecía que el final de la obra había sido escrita por el propio autor desde el otro mundo. Por esa extraña coincidencia, el parapsicólogo y el investigador Jo Coffey, de la Universidad J. F. Kennedy de Orienda (California) han utilizado sistemas informáticos para comparar el estilo literario de Dickens de obras ya publicadas por él y el del final supuestamente “dictado” al médium y los resultados son muy positivos en cuanto a su semejanza, lo que no deja de ser insólito y que se une a la ya enigmática obra.